"Si me contagio con coronavirus, me contagio": jóvenes de vacaciones en Miami reaccionan así a la pandemia

Como cada año, las vacaciones de primavera conocidas como spring break los trajo a las playas de Miami. Llegaron por miles, llenos de energía, dispuestos a pasarla lo mejor posible… Se trataba del momento más soñado a lo largo de todo el año. Pero esta vez el sueño se vio truncado de repente.

Estudiantes universitarios caminan por una calle de Miami Beach durante las vacaciones de primavera después de que las autoridades locales cerraron restaurantes, bares, gimnasios, cines y otros negocios similares y lanzaron un toque de queda a medianoche a lo largo de las franjas más concurridas de South Beach debido al coronavirus, el 18 de marzo de 2020. REUTERS / Carlos Barria

Aunque desde hacía meses las autoridades políticas y sanitarias venían observando el despliegue del coronavirus en China y otros países asiáticos, muchos nunca creyeron que esta epidemia diera el salto a Europa y de ahí a los Estados Unidos.

La gente se reúne en South Pointe Park al atardecer el 18 de marzo de 2020 en Miami Beach, Florida. Los funcionarios de la ciudad de Miami Beach cerraron el área de la playa que es popular entre los estudiantes de primavera en la universidad y les pidieron que se abstuvieran de grandes reuniones donde el COVID-19 pudiera extenderse. (Cliff Hawkins / Getty Images)

Pero así ha sido. Las miles de personas, en su mayoría jóvenes, que habían desembarcado en los hoteles y Airbnb del este de Miami supieron de la noche a la mañana que tenían que regresar a sus casas.

Una mujer corre por una entrada cerrada de la playa en Miami Beach después de que las autoridades locales cerraron restaurantes, bares, gimnasios, cines y otros negocios similares y extendieron un toque de queda a medianoche a lo largo de las franjas más concurridas de South Beach para tomar precauciones debido a la propagación del coronavirus (COVID-19), el 19 de marzo de 2020. REUTERS / Carlos Barria

Aun así, muchos se resistieron a la idea. Ese fue el caso de Brady Sluder, quien había viajado desde el lejano Ohio no solo para quedarse durante el receso escolar, sino que pretendía alargar su estancia ¡nada menos que por tres meses!

"Si me contagio con coronavirus, me contagio", declaró a Reuters este joven cuando supo que el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis, acababa de decretar el cierre obligatorio de bares y clubes nocturnos de la ciudad durante al menos treinta días, como uno de los pasos para contrarrestar la expansión del COVID-19 por el estado.

DeSantis respondía a la recomendación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de que fueran prohibidas en todo el país las reuniones de más de 50 personas durante las próximas ocho semanas.

Sin embargo, el gobernador no ordenó el cierre de las playas del estado y solo exigió que se limitaran a 10 personas los grupos de vacacionistas en esas áreas. Descontentos, los alcaldes de Miami Beach y Fort Lauderdale -donde se encuentran algunas de las playas más populares- ordenaron el cierre el pasado domingo, 15 de marzo. También se ordenó un toque de queda para vaciar las calles a partir de la medianoche.

Sluder no lo podía creer, y se propuso no hacerle caso al llamado nacional de distanciamiento social. Su idea del disfrute y de la felicidad estaba por encima de cualquier medida de prevención. Simplemente, no cree en el riesgo para la salud pública que implica salir a la calle y confraternizar con otras personas.

“Al final, no voy a dejar que me impida fiestar”, declaró. “Por un buen tiempo hemos estado esperando el spring break para venir a Miami”.

A juzgar por las imágenes de otras concurridas playas de Florida, muchos otros piensan como este joven, si bien sus criterios han indignado a buena parte de la población, ahora que esta crisis mundial trae la cifra alarmante de 218,000 casos confirmados y casi 8,800 muertes en todo el planeta.

Algunas playas del estado permanecen abiertas, como Clearwater Beach, cerca de Tampa, que cerrará solo a partir del lunes 23 de marzo.

Aunque hasta hace unos días ya se habían confirmado 327 casos y siete fallecimientos en Florida, Brianna Leeder opinó que las acciones tomadas para cerrar los bares durante el descanso de la primavera fueron demasiado extremas.

“Realmente está arruinando mi spring break”, le dijo a Reuters esta joven de 21 años venida de Wisconsin. “¿Qué hay aquí aparte de los bares o la playa? Y lo están cerrando todo”.

“Creo que lo que están haciendo es desproporcionado. Es demasiado”, fustigó.

“Lo que están haciendo es malo, necesitamos que nos reembolsen”, reclamó por su parte Walker, un joven de 21 años, llegado de Indiana. “Este virus no es tan grave”.

Otros jóvenes se adelantaron y decidieron “emborracharse antes de que todo cierre”.

“Solo estamos tratando de seguir adelante”, dijo Bryson Taylor, de Ohio. “Solo estamos viviendo el momento... Cuando todo cierre, ya nos iremos cuando todo cierre. Ahora solo estamos tratando de hacer el mejor viaje posible”.

Además de Florida, más de una docena de estados y el Distrito de Columbia ya han ordenado el cierre de bares y restaurantes para reducir la curva del COVID-19 en el país, según The Washington Post.

Pero en los últimos días, videos e imágenes de lugares nocturnos y del Día de San Patricio en Nueva Orleans, Nashville y Chicago mostraron no pocos casos de rechazos a las pautas federales sobre salud que buscan contribuir a aliviar el riesgo de exposición, especialmente para las personas mayores, así como la carga en los hospitales a los que llegan cada vez más y más casos de coronavirus.

Las redes sociales se llenaron de expresiones de rechazo a la medida adoptada por el estado y por los administradores de la ciudad de Miami Beach en particular.

Pero eso no ha disuadido a los más jóvenes, un sector de la población, por su movilidad, puede convertirse en un transmisor asintomático del virus letal incluso sin saberlo.

“Lo que va a ocurrir, ocurrirá”, insistió Sluder de mala gana, consciente de que sus vacaciones no serán como lo imaginaba y que tendrá que regresar a Ohio para soñar en volver a Miami Beach dentro de doce meses.

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