Si los veranos se siguen haciendo más calurosos, que llueva puede ser una mala noticia

Inundaciones en época de verano en el Reino Unido. Photo © Trevor Rickard (cc-by-sa/2.0)

Con el cambio climático, cada vez nos encontramos con veranos más calurosos. Y en muchos lugares del mundo están llegando acompañados de más lluvias… lo que resulta una mala noticia aunque pueda parecer lo contrario. En un artículo reciente explican el impacto, y cómo este hecho cambia lo que creíamos saber sobre el cambio en nuestro planeta.

Pero ¿dónde esta el problema? Esencialmente, que se aleja de la norma. De manera natural el clima en los continentes tiene ciclos, y los veranos son o templados y con precipitaciones, o calurosos y secos. Y las poblaciones y ecosistemas se han adaptado a este escenario.

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Sin embargo, cada vez son más frecuentes los veranos de mucho calor acompañados por lluvias. Este hecho modifica dinámicas en los ecosistemas y genera un impacto. Por poner un ejemplo, favorece la floración de algunas especies mientras dificulta otras, lo que cambia los recursos disponibles para la fauna, que a su vez afecta a la dispersión de las semillas lo que dificulta la germinación en el siguiente año… Todo está encadenado.

Y si la cosa quedase ahí, sería un problema – a las poblaciones y ecosistemas les lleva tiempo adaptarse, más del que el cambio climático les concede. Pero estos cambios no se quedan sólo ahí, y están beneficiando a muchos patógenos – hongos parásitos, mosquitos y un largo etcetera.

Bien, ya sabemos el impacto sobre los ecosistemas que tienen estos nuevos patrones. Incluso podemos imaginarnos los impactos sobre las poblaciones humanas y la economía – si cambian los ciclos de germinación y floración, cambian los cultivos, por ejemplo. Pero ¿en qué influye esto a nivel global?

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Hasta ahora se trabajaba con la idea de que los mayores cambios a nivel ecológico provocados por el cambio climático tendrían lugar en zonas tropicales. Que las junglas y selvas serían los ecosistemas más afectados, y que esto tendría repercusiones en todo el planeta.

Pero el hecho de que haya aumentado la frecuencia de veranos cálidos y lluviosos modifica este escenario. Porque sitúa los mayores impactos ecológicos en las zonas subtropicales y templadas del planeta. Que son áreas mucho mayores en el conjunto del planeta.

No todo son malas noticias. El hecho de que ahora conozcamos estos patrones y seamos capaces de reconocerlo permite realizar alertas tempranas: sistemas de predicción que ayuden a paliar los efectos nocivos de estas nuevas dinámicas antes de que ocurran. No las van a evitar, y tal vez no sea lo que muchos desearíamos, pero algo es algo.