Sí a los abucheos.

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¿Por qué no podemos abuchear a alguien? 

¿Qué nos queda a los ciudadanos más que el derecho a la protesta y al pataleo entre elección y elección?

Sí, que Pedro Sánchez es de los tuyos y te quejas amargamente en las redes sociales de que gritar e insultar al presidente del gobierno es una falta no al político sino a la institución, y que con la actitud que se vivió este martes durante el desfile de las Fuerzas Armadas manchas a la Presidencia de España, no al presidente. 

Pero cuidado con cambiar las reglas. Si jugamos a admitir pulpo como animal de compañía, lo admitimos todas las jugadas de la partida, no sólo en las que nos interesan, porque corremos el riesgo de empezar prohibiendo chillarle al presidente en la Fiesta Nacional -allá cada uno con su educación- y terminar prohibiendo que se manifiesten por sus derechos los trabajadores de una fábrica a punto de ser cerrada y deslocalizada cuando ese presidente visita la ciudad por cualquier otro asunto. 

Que siempre sean los mismos, cada doce de octubre, en el mismo sitio, contra los presidentes de partidos de izquierda -hagan lo que hagan, pase lo que pase-, y ya no con protestas sino con insultos nada constructivos, pues bueno, les retrata más a ellos. Qué le vamos a hacer. 

Lo que no podemos hacer es dejar que unos pocos gritones se apoderen de la bandera y de los símbolos del país, como si ese desfile, esos militares, esas sillas institucionales fueran sólo su derecho. Porque es el de todos los españoles. 

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