Entre sermón matinal y propaganda, AMLO monopoliza la palabra

Patrick ANIDJAR
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López Obrador fue interrogado sobre el anuncio de Trump de catalogar como terroristas a los cárteles del narcotráfico, pero rechazó caer en polémica por ser víspera del día de acción de gracias, "una fecha muy especial para los estadounidenses"

López Obrador fue interrogado sobre el anuncio de Trump de catalogar como terroristas a los cárteles del narcotráfico, pero rechazó caer en polémica por ser víspera del día de acción de gracias, "una fecha muy especial para los estadounidenses" (AFP/Archivos | Pedro PARDO)

El ejercicio, entre prédica religiosa y lección de propaganda, es único. Cuando aún no amanece en Ciudad de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador monopoliza la palabra ante periodistas que batallan por mantener los ojos abiertos.

AMLO, acrónimo del mandatario que el 1 de diciembre cumple su primer año en la presidencia, ha hecho de la "mañanera" su principal herramienta de comunicación.

"La gente sigue a (Donald) Trump en Twitter por la misma razón por la que siguen a (Jair) Bolsonaro en Facebook. Hugo Chávez y su sucesor, el presidente venezolano Nicolás Maduro, han escogido la radio, mientras que AMLO se comunica con la mañanera", explica a la AFP el politólogo Luis Estrada.

"Es una conferencia de prensa de un género particular, única en el mundo. Hasta ahora no se ha emulado en ningún lado", ironiza el académico mexicano, doctor por la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA).

Invariable, este encuentro con la prensa mexicana e internacional obliga a comunicadores a acudir de madrugada al Zócalo, nombre por el que se conoce a la plaza central de Ciudad de México, donde se ubica Palacio Nacional.

A las cinco y media la mañana, con ojos hinchados y soportando el frío, reporteros, blogueros, fotógrafos y camarógrafos hacen fila y se apoyan en la viejas piedras de las columnas del Palacio.

- "Buenos días, señor presidente" -

Una hora más tarde, después de un somero control de seguridad, se autoriza el ingreso a la sala de prensa. Pero sorpresa: hace más frío adentro que afuera.

Hasta que a las siete en punto una soldado lanza: "Buenos días, señor presidente".

López Obrador, de 66 años, con traje gris y corbata azul, entra en escena. Se para detrás del podio, el cabello ceniciento bien peinado, la mirada viva. Pero luce cansado. Doce meses de jornadas de trabajo que comienzan antes del amanecer le están pasando factura.

Si mantiene este ritmo de lunes a viernes, el izquierdista habrá alcanzado un récord de 1.500 conferencias matinales al final de su presidencia de seis años.

AMLO lanza un "¡ánimo!" al centenar de periodistas: la cita puede durar hasta dos horas y media, sin pausas ni cambios de tono.

En un país donde en los 1970 y 1980 los presidentes no hablaban directamente con la prensa, la "mañanera" -alusión al "mañanero", palabra que en México se utiliza como eufemismo de "coito matinal"- es una revolución.

El origen de esta idea de AMLO se remonta a su gestión como alcalde de Ciudad de México (2000-2006), cuando su intención era eclipsar al entonces presidente Vicente Fox.

Desde que asumió la presidencia, la conferencia matinal sirve lo mismo para anunciar medidas sociales que para difundir mensajes políticos a sus partidarios y opositores.

Con el tiempo, la "mañanera" se ha convertido en un espacio donde el presidente "ejerce más la propaganda que la rendición de cuentas", subraya el politólogo Estrada.

"Parece más una prédica religiosa. El debate se vuelve moralizador. AMLO quiere que nos adaptemos a su moral evocando referencias religiosas", añade.

Daniela Sánchez Herrera, consultora en comunicación, insiste en el carácter populista del ejercicio en un artículo publicado en la revista de análisis y política internacional Foreign Affairs Latinoamérica.

"El presidente identifica a sus 'adversarios' con los 'conservadores' (...) ha mencionado al 'pueblo' en el sentido abstracto del término (el 'pueblo bueno', el 'pueblo sabio')", escribe.

- Más falsedades que Trump -

La "mañanera" también se ha convertido en un ritual para quienes analizan el discurso presidencial. Entre ellos se encuentra SPIN-Taller de Comunicación Política, firma que hace un recuento de la desinformación difundida por AMLO siguiendo el modelo del diario The Washington Post con Donald Trump.

En un año de "mañaneras", sin contar sus mitines ante sus seguidores y otros eventos oficiales, el sitio contabiliza 13.600 "afirmaciones engañosas" de AMLO, contra 13.500 en casi tres años de Trump como presidente.

La agencia estatal de noticias Notimex, que difunde ampliamente el trabajo de López Obrador, lanzó en junio su propio sitio web de verificación denominado Verificado Notimex, que no está vinculado al proyecto de fact-checking llamado Verificado y que fue creado en 2018 durante la campaña presidencial por una coalición de medios.

"En pocos días, su legitimidad fue cuestionada", señala sobre Verificado Notimex el sitio First Draft, que recopila noticias y recursos de verificación para periodistas, pues no ha publicado "ni una sola palabra" sobre las conferencias del presidente en las que se han hecho "varias afirmaciones cuestionables".

Para Luis Estrada, ello "da una idea de cuáles son las verdaderas intenciones de este ejercicio que debería ser de transparencia y de rendición de cuentas".Pero cuando a López Obrador le lanzan preguntas sobre temas candentes de la agenda, evade dos de tres.En general, los periodistas se resignan a sus escurridizas maniobras. Pero no siempre es así.El 12 de abril, Jorge Ramos, de la cadena estadounidense en español Univisión, cuestionó al presidente cuando afirmó que los asesinatos estaban en baja.Con los datos oficiales en la mano, Ramos subió al escenario y, cara a cara con López Obrador, le pidió conocer el dato global de homicidios, no discriminado por meses como lucía en la pantalla gigante."Las cifras totales no las tengo, pero te las voy a dar", zanjó el presidente, pero no dijo cuándo.