De Serena aprendí

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Desde niña veía en películas y en la televisión como los perros eran el mejor amigo del hombre, y no podía dimensionar realmente que así fuera; crecí en una familia en donde las mascotas dentro de la casa eran algo descabellado, mi madre por su parte no le gustan las mascotas, y a mi papá no le gusta el ruido a menos que sea él quien lo provoca.

Así que nunca estuvo ni cerca de estar en la mesa de discusión la idea de tener un compañero de cuatro patas cercano a mí por lo que cuando hablaban sobre ese amor tan incondicional y tan sincero que se siente, yo ignoraba que existiera tal conexión..

Cuando llegue a la edad de 22 años ya había acabado mi carrera, tenía mi primer trabajo formal, y me pareció buena idea independizarme; en ese entonces tenía un novio de cuatro años y nos sentíamos preparados para mudarnos juntos y así fue, después de un par de meses me contagio la idea de adoptar una mascota.

Yo no quería un cachorro, siempre me consideré más una persona de gatos, pero insistía tanto y mi respuesta siempre era un rotundo no; un día me comentaron que un conocido tenía un criadero de pitbulls, y que iban a tirar a uno de ellos a la calle ya que había nacido con su mandíbula prognata y no le servía para la venta, aparte de sentirme molesta por la situación de que en nuestra actualidad aun existan los criaderos de perros, me sentí angustiada por ese pobre cachorro que sin temerla ni deberla pronto sería una cifra más de los perros callejeros o peor aún; sacrificado injustamente.

Esa noche no pude dormir, llegué y le conté la situación a Mauricio, mi novio, quien sin pensarlo dos veces me dijo de manera muy entusiasta que le diéramos nosotros un lugar; en mi todavía no cabía el tener un cachorro, era demasiada responsabilidad, yo no sabía educarlo y realmente me daba pereza el tenerlo, pero viendo el panorama, no iba a dejar que estuviera en las calles, así que acepte, con la condición de que fuera Mauricio quien se hiciera responsable de sus cuidados y educación, ya que para él era fácil,ya había tenido Pitbulls de niño y sabia como educarlos.

El día que fuimos por ella, era tan pequeña que yo no la quería cargar, pero camino a casa no se estaba quieta en el auto si yo no la tenía entre los brazos, Mauricio intentó cargarla varias veces entre semáforos, pero siempre estaba incómoda cuando él la sostenía y lloraba hasta que la dejaba venir hacia mí, y así fue como comenzó.

Pasaron los días y por más que yo intentaba mantenerme alejada de esa cachorra, ella sólo quería estar cerca de mí, me seguía por toda la casa y siempre se ponía feliz a mi llegada, caí rendida ante esos ojos amarillos y esa lengua húmeda que siempre buscaba darme besos cuando tenia cercami cara; Al final dormía más abrazada a ella que a mi novio.

Han pasado ya tres años, y puedo decir que se ha convertido en mi mejor amiga, en estos tres años ha pasado de todo y ella siempre ha estado para quererme y cuidarme sin importar nada, cada que llego a la casa es la misma fiesta y cada que estoy triste son los mismos apapachos, Es increíble cómo nos podemos comunicar solo con los ojos y es aún más increíble el amor incondicional que solo había visto en la pantalla grande.

Serena es esa parte en mi vida que no sabía que necesitaba pero quería, y a pesar de que muchos la hacen menos o le temen por la raza que es, siempre demuestra lo noble y tierna que es con los demás, y lo parecida que somos, ahora no veo mi vida sin Serena, se ha vuelto una extensión de mí; y quien nos conoce a ambas piensan igual; y es que aunque dicen que todo se parece a su dueño y eso se ve muy reflejado en ella, yo tengo mucho aun que aprender de su forma de amar.