Serbia, la revelación de Europa por su rápida vacunación contra el coronavirus

Andrew Higgins
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Un hombre sostiene la bandera de China junto a la bandera de Serbia mientras un avión que transporta un millón de dosis de vacunas del Grupo Nacional Biotec de China (CNBG) de Sinopharm para la enfermedad del coronavirus (COVID-19) llega al aeropuerto Nikola Tesla en Belgrado, Serbia, el 16 de enero
Marko Djuric

BELGRADO.- Manchada durante años por su brutal participación en las atroces guerras yugoslavas de la década de 1990, Serbia ahora disfruta de su éxito en una guerra más provechosa: la de vacunar a su población contra el coronavirus.

Serbia se puso a la delantera de otros países más ricos y por lo general más organizados de Europa para ofrecer no solo inoculación gratuita a todos sus adultos mayores, sino un buffet de cinco vacunas distintas para elegir. Serbia 30 dosis por cada 100 habitantes, en comparación a Europa, que solo aplicó 12,5 por cada 100 habitantes.

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La Unión Europea (UE), por el contrario, sigue a los tumbos con la inoculación, con una estrategia de provisión y distribución de vacunas que apostó fuertemente por la fórmula de AstraZeneca. Esa estrategia se dio de bruces esta semana cuando varios miembros claves del bloque regional, incluidas Francia y Alemania, suspendieron la inoculación de la vacuna de AstraZeneca por dudas sobre su posible vinculación con un aumento del riesgo de trombosis, situación que vino a sumarse a las demoras de entrega derivadas de los problemas de producción que la empresa anunció en enero.

Miles de manifestantes enojados por el regreso del toque de queda se reúnen frente al edificio de la Asamblea Nacional en Belgrado, el 7 de julio de 2020
Miles de manifestantes enojados por el regreso del toque de queda se reúnen frente al edificio de la Asamblea Nacional en Belgrado, el 7 de julio de 2020


Miles de manifestantes protestaron en julio pasado por el regreso del toque de queda. Desde entonces la situación dio un vuelco totalmente favorable.

El impensado desborde de vacunas en Serbia representa un triunfo de relaciones públicas para el régimen cada vez más autoritario del presidente Alexander Vucic. La vacunación no solo le sacó lustre a la imagen del país sino también a la imagen de su mandatario, debilitando aún más a la asediada oposición y sumando otro ingrediente al complejo cóctel geopolítico de la vacuna.

“¡Ya me van a levantar un monumento!”, dijo Vucic el mes pasado, jactándose de haberse asegurado la provisión a bajo precio de vacunas chinas gracias a su pedido de ayuda, directo y personal, al líder máximo Xi Jinping.

En vez de volcarse por Oriente u Occidente para asegurarse la provisión de vacunas, Serbia, que tiene una población de siete millones de habitantes, colocó apuestas por todo el tablero. De entrada, y antes de que estuvieran aprobadas por los reguladores europeos, cerró preacuerdos de compra con Rusia y China por más de 11 millones de dosis, y también con laboratorios de Occidente.

En agosto cerró su primer acuerdo con Pfizer por 2,2 millones de dosis, seguido rápidamente por contratos por millones más de Rusia y China. El precio pagado es secreto, pero el ministro de Salud, Zlatibor Loncar, dijo en una entrevista que habían conseguido “el precio más bajo que se haya pagado en el mundo”.

La oposición lo duda y se pregunta si el secreto no sirve para cubrir la corrupción. Pero hasta el detractor más implacable de Vucic y líder del principal partido opositor, Dragan Djilas, tuvo que reconocer que “hizo un buen trabajo con el suministro de vacunas”. Djilas fue inoculado el mes pasado con la vacuna rusa Sputnik V.

Gracias a su abundante provisión de dosis, Serbia se convirtió en el mejor vacunador de Europa después de Gran Bretaña, según los datos recopilados por OurWorldInData. Hasta la semana pasada, el país balcánico había administrado 29,5 dosis cada 100 habitantes, frente a solo 10,5 en Alemania —un país que siempre fue considerado un modelo de eficiencia y buen gobierno—, y 10,7 en Francia.

La primera ministra serbia, Ana Brnabic, atribuyó el éxito de su país a la decisión de “tratar esto como un problema de salud, no como un problema político. Negociamos con todos, sin importar si eran de Oriente o de Occidente”.

En una entrevista, Brnabic dijo que Serbia, que se postuló para unirse a la Unión Europea hace más de una década, todavía quiere unirse al bloque regional, pero agregó que “las regulaciones en la UE son muy estrictas, y en tiempos de pandemia, tenemos que ser más flexibles”.

El presidente serbio, Alexander Vucic
Agencia AFP


El presidente serbio, Alexander Vucic (Agencia AFP/)

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA), entidad encargada de autorizar qué vacunas pueden usarse en el bloque, recién comenzó a analizar la vacuna Sputnik hace menos de dos semanas, más de tres meses después de que Serbia realizara un pedido inicial a Moscú por 1 millón de dosis, y dos meses después de que empezara a aplicarla. La AEM ni siquiera ha empezado a analizar las vacunas chinas.

Vucic anunció la semana pasada que Serbia se convertiría en el primer país europeo en producir la vacuna china de Sinopharm. El mandatario serbio anunció que la nueva fábrica de vacunas, financiada por China y los Emiratos Árabes Unidos, comenzará a producir dosis de Sinopharm a partir de agosto.

La rapidez de Serbia en adoptar vacunas no occidentales todavía rechazadas por la UE puede volvérsele en contra si resultan ser un fiasco. Sinopharm, a diferencia de los fabricantes occidentales, todavía no publicó datos detallados de los ensayos de fase 3. Y los datos que sí publicó sugieren que su vacuna es menos eficaz que las occidentales.

Muchos serbios, al parecer aliviados por la campaña de vacunación, también bajaron la guardia frente al riesgo de contagio. La cantidad de nuevos casos diarios desde principios de febrero se más que duplicó. Esa escalada de contagios obligó al gobierno a ordenar el cierre de todos los comercios no esenciales durante el fin de semana pasado. De todos modos, los serbios siguen disfrutando de su desacostumbrado papel de modelo de eficiencia.

El ministro de Salud atribuyó los tropiezos de la UE a su empecinamiento con las marcas occidentales, preferiblemente europeas, en detrimento de las vacunas desarrolladas por Rusia y China. “Estamos muy satisfechos de haber podido resolver este problema por nuestra cuenta”, dijo Loncar.

Suministrar vacunas a un país de apenas 6,9 millones de habitantes es obviamente mucho más fácil que vacunar a los 450 millones de personas de la UE. Aun así, Serbia logró esquivar hábilmente las trabas burocráticas y las trampas geopolíticas que obstaculizaron el lanzamiento de vacunas en otros países.

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Mientras la mayoría de los países, incluido Estados Unidos, tuvieron que centrar sus programas de vacunación temprana en grupos prioritarios, como los trabajadores médicos y los ancianos, el gobierno serbio ya ofrece vacunas gratuitas a todos los mayores de 18 años. Cualquiera que desee una vacuna solo debe completar un formulario en línea y seleccionar si no le importa la marca que obtenga o si prefiere la de Pfizer-BioNTech, la Sputnik V, la de Sinopharm, AstraZeneca o Moderna.

Sin embargo, la disponibilidad de cada vacuna no es la misma y el turno para ser inoculado depende de la opción elegida. Quienes quieran la vacuna de Moderna tendrán que esperar: todavía no llegó a Serbia.

“Nunca pensé que iba a ser tan fácil”, dice Biljana Stankovic, de 37 años, mientras espera en una cabina del centro de vacunación montado en la Feria de Belgrado, un inmenso predio de exposiciones en la capital serbia, donde inoculan diariamente a más de 7000 personas.

Stankovik es bióloga molecular y dice no compartir las posturas políticas de Vucic. “Pero estoy contenta y sorprendida de que todo esté tan bien organizado”.

Traducción de Jaime Arrambide