'Nos sentimos perdidos en el tiempo': El COVID-19 transforma los hitos de los adolescentes

Taylor Trudon
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Tommy Sinclair, de 17 años, quien tuvo que esperar varios meses para obtener su licencia de conducir, en Worthington, Ohio, el 24 de abril de 2021. (Rich-Joseph Facun/The New York Times)
Tommy Sinclair, de 17 años, quien tuvo que esperar varios meses para obtener su licencia de conducir, en Worthington, Ohio, el 24 de abril de 2021. (Rich-Joseph Facun/The New York Times)

Durante su infancia y adolescencia, Carley Ebbenga se acostumbró a no tener grandes fiestas de cumpleaños. Debido a que su cumpleaños cae justo en medio de las vacaciones de invierno, la mayoría de los niños estaban fuera de la ciudad, por lo que siempre tuvo reuniones pequeñas. Pero para su cumpleaños 16, Ebbenga, que vive en Romeoville, Illinois, un suburbio de Chicago, quiso hacer algo especial. Se imaginó un viaje a la ciudad con algunos amigos, una buena cena y quedarse hasta tarde bailando en sus habitaciones de hotel.

La pandemia, por supuesto, frustró sus planes.

Ebbenga sacó el mejor provecho posible de la situación. Invitó a dos de sus amigos más cercanos a una fogata en su patio trasero. Comieron chili con carne preparado por la madre de Ebbenga y bailaron alrededor del fuego mientras bebían chocolate caliente. El pequeño grupo también tuvo una “ceremonia de quema” en la que utilizaron cuadernos y bolígrafos para escribir “las cosas más profundas y tristes”, leerlas en voz alta y luego arrojar los trozos de papel al fuego. Ebbenga obtuvo la idea tras ver un video de una de sus youtuberas favoritas, The Purple Palace, en el que quemaba las cosas que quería dejar ir.

Muchas de las cosas que escribió Ebbenga fueron esas que se perdió durante la pandemia, como una gran fiesta por su cumpleaños 16, “las noches de risas perdidas este año” o “asistir a mi primera exposición de arte”. “Se siente muy bien simplemente ver cómo arde el fuego”, dijo.

Cuando comenzaron los confinamientos por la pandemia la primavera pasada, los estudiantes de bachillerato de la promoción de 2020 se dieron cuenta casi de inmediato que iban a perderse sus bailes de graduación, por lo que comenzaron a crear nuevas maneras de conmemorar sus graduaciones. Sin embargo, pocos adolescentes jóvenes podrían haberse imaginado que sus vidas seguirían estando tan limitadas por la pandemia un año después. Ciertamente, puesta que ha habido reglas diferentes en todo el país, los estudiantes han tenido experiencias muy variadas: algunas escuelas han estado dando clases presenciales y organizando bailes de graduación como de costumbre, mientras que, para otras, la primavera de 2021 no ha sido nada diferente a la del año pasado. Y a medida que los acontecimientos adolescentes más tradicionales como los cumpleaños 16, los bailes de fin de año y los actos de graduación han sido interrumpidos o cancelados por completo, estos chicos han tenido que convertir sus pérdidas en oportunidades y forjar nuevas tradiciones con sus amigos.

Cuando se suponía que el último año era ‘tu año’

“Es difícil aceptar el hecho de que durante los últimos tres años siempre nos dijeron: ‘Espera a tu último año; va a ser increíble. Te divertirás en grande y será mucho más fácil’”, dijo Julia Weber, estudiante de último año en Athens, Ohio. “Ahora tomamos clases desde nuestros cuartos sin nada de la diversión prometida”.

Julia Weber, de 18 años, en su habitación en Athens, Ohio, el 23 de abril de 2021. (Rich-Joseph Facun/The New York Times)
Julia Weber, de 18 años, en su habitación en Athens, Ohio, el 23 de abril de 2021. (Rich-Joseph Facun/The New York Times)

El hito perdido del que más se lamentan es no haber tenido la oportunidad de visitar los campus universitarios en persona. “Es muy difícil tomar una decisión tan importante con un recorrido hecho por Zoom o por fotografías del campus que literalmente sacaste de Google”, dijo Weber.

Amaya Wangeshi, de 17 años, de Justin, Texas, parte de la zona metropolitana de Dallas-Fort Worth, ha notado un sentimiento existencialista entre sus amigos. “Nos sentimos perdidos en el tiempo”, dijo la estudiante de bachillerato, en una divagación filosófica sobre su experiencia. “Pareciera que el tiempo se moviera a través de nosotros en vez de nosotros a través del tiempo. Es un limbo extraño”.

Al igual que Ebbenga, Wangeshi tampoco pudo tener una celebración especial de su cumpleaños 16 el año pasado.

“Pasó mi cumpleaños 16 y no hice nada”, dijo. “Fue un duro golpe porque es una de esas cosas en las que piensas cuando eres pequeño. Debido a los medios, todo el mundo no para de repetir ‘Los 16, los 16, los 16’. Se supone que es algo muy importante”.

Obtener su licencia de conducir fue otro rito de iniciación que no salió como estaba planeado. Los cierres de las sedes del Departamento de Vehículos Motorizados en Texas la obligaron a esperar casi un año para realizar su examen.

“Fue realmente frustrante”, dijo Wangeshi. “Suena infantil, pero creo que muchas personas miden su vida a través del alcance de ciertos hitos. Es simplemente una tendencia natural en la forma en que clasificamos el tiempo y también en la manera en la que consideramos los logros”.

Nuevas tradiciones, a pesar de las decepciones

Aunque su retraso no fue tan extenso como el de Wangeshi, Tommy Sinclair, de 17 años, de Worthington, Ohio, tuvo que esperar varios meses para obtener su licencia de conducir. Sin embargo, como miembro del grupo de teatro de su escuela, reinventar un musical escolar fue un desafío mucho mayor. En lugar de interpretar “Annie” en vivo frente a un público, la escuela de Sinclair optó por grabar las producciones del año y vender boletos en línea para funciones virtuales en YouTube.

“Es muy diferente no actuar frente a un público”, dijo Sinclair, quien señaló que el uso de cubrebocas, aunque necesario, fue un reto porque los actores no podían mostrar expresiones faciales. “Le resta algo a la diversión, pero sin duda es mucho mejor que no hacer nada”.

Ebbenga también tuvo que adaptarse a los cambios en su musical colegial de primavera (ahora virtual). Para muchos estudiantes como ella, mantener vivas las tradiciones en 2021 significa encontrar soluciones creativas.

Antes de la pandemia, el elenco y equipo del grupo de teatro de Ebbenga solían entrelazar sus brazos en un ritual llamado “el círculo” minutos antes del comienzo de cada espectáculo. Las personas se turnaban para hablar, ya sea para compartir palabras de aliento o recuerdos sentimentales. Este año, planean hacer “el círculo” a través de una llamada de Zoom con todos frente a sus cámaras.

“Tenemos que mantener viva esa tradición porque es la esencia de nuestro grupo de teatro”, dijo Ebbenga.

Sinclair, quien forma parte del consejo estudiantil de su escuela, está trabajando duro en la actualidad para lograr que su baile de graduación sea lo más “anti-COVID-19” posible, lo que incluye separar a los asistentes en varios grupos y organizar actividades en diferentes partes de la escuela, como tener la pista de baile en el gimnasio, las cabinas de fotografías en los pasillos, la proyección de una película en una sección y una máquina de algodón de azúcar.

Para otros estudiantes, los bailes escolares y los eventos sociales no son una opción. Sin embargo, eso no les ha impedido querer crear nuevos recuerdos durante lo que ha sido en gran medida un año decepcionante. Algunos padres están asumiendo los bailes de graduación por sus propios medios y están organizando eventos no oficiales que no están afiliados con sus escuelas.

Debido a que su baile de graduación de último año fue cancelado, Ianne Salvosa, de 18 años, de Lake St. Louis, Misuri, va a organizar su propia versión del evento junto a sus amigos.

“Muchas personas en realidad solo están comprando vestidos, tomándose fotografías y saliendo a cenar con sus amigos, lo cual es algo que planeo hacer”, dijo.

Adiós, baile de graduación; hola, pícnics

Para Weber, organizar pequeñas reuniones con fogatas socialmente distanciadas ha sido una forma de reconectar con amigos que no había visto “en meses, quizás en un año”.

“Es obvio que eso no es necesariamente un acontecimiento, pero sí creo que en este año muerto—desde la perspectiva escolar— esto será lo que recordaré y diré: ‘Ese fue el evento social más grande que tuve: sentarme frente a una fogata con tres personas en mi patio’”, dijo Weber.

Ebbenga planea incluir reuniones con fogatas en los futuros encuentros con sus amigos incluso después de que todos estén vacunados, algo que se está convirtiendo rápidamente en una realidad para los adolescentes a medida que más estados flexibilizan sus requisitos para inocularse.

“Es muy lindo”, dijo Ebbenga. “Todos estamos afuera y con frío, pero tenemos mantas, estamos juntos y eso es lo mejor”.

Salvosa ha estado organizando pícnics de sushi al aire libre con sus amigos para que tengan más espacio para mantener una distancia segura.

Otra forma en la que se mantiene conectada con sus amigos, preserva un sentido de la normalidad y crea nuevas tradiciones es viendo películas junto a ellos a través de Teleparties, una extensión de navegador web que les permite a las personas utilizar en conjunto servicios de emisión en continuo. Salvosa y sus amigos utilizan la función del chat para agregar comentarios en tiempo real.

Además, gracias a los deportes de equipo al aire libre como lacrosse y el ciclismo a campo traviesa, muchos estudiantes atletas han podido seguir compitiendo y apoyándose mutuamente de manera segura.

Si bien en última instancia este no es el año que estos chicos querían, es uno que sin duda nadie olvidará.

“Es simplemente extraño saber que tuve que pasar por algo que quedará en los libros de historia y que otros chicos leerán al respecto en el futuro”, dijo Sinclair. “Sin duda esta no es la experiencia de bachillerato que esperaba”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company