Una semana de homenajes por la muerte de Isabel II

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Las muestras de aflicción en todo el mundo durante la semana transcurrida desde el fallecimiento de Isabel II pusieron de relieve su estatus de última monarca planetaria, una figura "tranquilizadora" en una época de grandes cambios a caballo entre los siglos XX y XXI.

Líderes mundiales y simples ciudadanos de todas las edades rindieron homenaje a la monarca más longeva de la historia británica, fallecida el 8 de septiembre a los 96 años, tras siete décadas en el trono.

Su infatigable dedicación, anclada en el fuerte sentido del deber de su padre y su abuelo, le valió el cariño de personas en todo el mundo.

Su hijo, nombrado rey Carlos III a los 73 años, se comprometió a mantener su legado.

"Junto al dolor personal que siente toda mi familia, también compartimos con tantos de ustedes (...) un profundo sentimiento de gratitud por los más de setenta años en los que mi madre, como reina, sirvió a los pueblos de tantas naciones", afirmó un día después de su muerte.

La hija de la reina, la princesa Ana, acompañó su féretro desde Escocia, donde falleció, hasta Londres. "Ser testigo del amor y el respeto mostrado por tantos en estos viajes ha sido a la vez humilde y edificante", aseguró.

Recuerda "cuánto dimos por sentado de su presencia y contribución a nuestra identidad nacional", agregó.

Cientos de miles de personas esperaron durante horas en la calle para presentarle sus últimos respetos.

Entre ellos estaba Gina Carver, de 60 años, llegada de Royal Tunbridge Wells, en el sur de Inglaterra: Isabel II "era el rostro de la razón. Siempre pensabas que las cosas iban a estar bien si ella decía que estaba bien".

- Recuerdos y despedidas -

A la reina le gustaba salir al encuentro del público y sentía que tenía que ser vista para ser creída, algo a lo que contribuían sus espectaculares sombreros y sus trajes brillantes, dada su baja estatura.

Desde su muerte, las personas que la conocieron relataron momentos compartidos con ella, desde apretones de manos fugaces hasta encuentros fortuitos pasando por largas interacciones.

Sonaron aplausos cuando el féretro atravesó Londres el miércoles, justo antes de pasar frente a la estatua de Winston Churchill, su primer primer ministro.

En los palacios reales de todo el país surgieron homenajes florales y el público colocó flores en Green Park, en Londres, creando formas de corazón o escribiendo "gracias".

Por las redes sociales circuló una conmovedora imagen de la reina Isabel alejándose de la mano del oso Paddington, acompañada por uno de sus queridos perros corgis, y diciendo: "cumplí con mis deber, Paddington. Por favor, lléveme con mi marido".

El príncipe Felipe, su "fuerza y guía constante", murió en abril de 2021, a los 99 años.

Debido al covid-19, Isabel II tuvo que sentarse sola en su funeral, al que solo pudieron asistir 30 invitados con mascarillas.

Desde entonces, su salud se fue debilitando poco a poco, pero en junio participó en las celebraciones del Jubileo de Platino por sus 70 años en el trono.

- "Presencia tranquilizadora" -

Fiel a su promesa de servir a los británicos toda su vida, desempeñó sus funciones hasta el final, nombrando a la nueva primera ministra, Liz Truss, dos días antes de morir.

Su última declaración pública, como reina de Canadá, fue un mensaje de afecto a las víctimas de los apuñalamientos de Saskatchewan, antes de caer fatalmente enferma.

Lo repentino de su fallecimiento acentuó el dolor público.

El papa Francisco rindió tributo a su "vida de servicio incesante (...) su ejemplo de devoción al deber, su firme testimonio de fe en Jesucristo".

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo que fue "una presencia tranquilizadora durante décadas de cambios radicales".

"Ella encarnaba el corazón y el alma de nuestra nación", afirmó John Major, el más antiguo primer ministro británico vivo.

El presidente estadounidense, Joe Biden, la calificó de "mujer de Estado de dignidad inigualable".

Y recordó las conmovedoras palabras pronunciadas por Isabel II en los días posteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos: "La aflicción es el precio que pagamos por amar".

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