¿Es el sedentarismo, tan riesgoso como el tabaquismo y la hipertensión?

Imagen cortesia de Pixabay

(www.neomundo.com.ar / Fuente: Hospital Austral) Recientemente la reconocida revista British Medical Journal publicó los resultados de un estudio realizado por la Universidad de Oslo, en Noruega según el cual el ejercicio físico es una herramienta "protectora" frente a diversas patologías; y que de hecho moviéndose es posible disminuir un 40% la mortalidad, aun tratándose de personas mayores que, se supone, pueden tener alguna enfermedad.

"Seguimos durante 15 años 6 mil varones que en el año 2000 tenían al menos 70 años y evaluamos en ellos si el ejercicio físico moderado (30 minutos de actividad, 6veces por semana) podía ser un elemento protector de la salud cardiovascular y el riesgo de vida. Como conclusiób podemos decir que el 40% de reducción no se obtiene muchas veces ni con un medicamento, y que por ende impulsar cambios de vida es fundamental para tener una mejor gestión de salud", manifestaron los científicos.

Sin embargo, la investigación tiene una nota controvertida si se quiere porque sitúa en un mismo plano de seriedad o gravedad al sedentarismo con otros reconocidos factores de riesgo cerebrovascular: el tabaquismo y la hipertensión.

Al respecto, el Dr. Matías Tisi Baña, médico del staff de Clínica Médica del Hospital Universitario Austral (HUA) postuló: "Es difícil cuantificar uno u otro factor de riesgo porque sin duda interactúan y se potencian. La diferencia es que el sedentarismo tiene soluciones fáciles de obtener, libres de efectos adversos, baratas y para todos los gustos y preferencias".

Ocurre que se trata, simplemente, de moverse. Para eso, el primer paso es por supuesto consultar al médico y asegurarse de estar en condiciones físicas para la actividad, y luego sí elegir qué hacer y procurar dedicarle la mayor cantidad de tiempo durante la semana.

"El problema es que las modificaciones de ciertos hábitos de vida (alimentarse adecuadamente, dormir y descansar mejor o realizar más ejercicio, entre otras) son de las más difíciles de implementar, porque a todos nos gustan más las respuestas ‘mágicas’, los resultados sin esfuerzo y la ‘pastillita’ en lugar de reordenar la forma de comer, por ejemplo. Por eso tenemos que trabajar sobre la concientización: los hábitos de vida saludables son accesibles, ajustables a las preferencias de cada uno y no significan vivir sufriendo o no darse nunca más un gusto", dijo el especialista.

Por último, el doctor se refirió al momento de la vida en el cual hay que poner en marcha estos cambios: "Si bien cuando pensamos en la enfermedad cardiovascular es cierto que el riesgo aumenta junto a la edad -y en las mujeres particularmente después de la menopausia- esto debe ser un trabajo continuo, pero además las modificaciones deben empezar desde la infancia, para facilitar el aprendizaje y la adherencia. Entonces, no solo debemos preocuparnos por nuestra salud, sino también transmitir estos valores a nuestros hijos".

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