Un secuestro en Francia muestra influencia global de QAnon

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La vieja fábrica de cajas de música llevaba años abandonada, a las afueras de una localidad suiza de montaña.

Era el escondite perfecto para una joven madre francesa y su hija de ocho años que protagonizaban la Operación Lima, una trama internacional de secuestro infantil planificada y financiada por un grupo francés con similitudes del movimiento extremista de ultraderecha QAnon

Lola Montemaggi había perdido la custodia de su hija, Mia, ante su propia madre unos meses antes, porque los servicios franceses de protección de la infancia temían que la joven fuera inestable. Pero Montemaggi encontró a gente en internet que compartía la creencia de QAnon de que los trabajadores del gobierno gestionaban una red de tráfico de menores. Acudió a ellos para hacer lo que tenía que hacer: sacar a Mia.

Se cree que el secuestro de la niña el 13 de abril fue la primera vez que teóricos de la conspiración en Europa cometían un crimen relacionado con las falsas creencias que defiende QAnon, y que llevaron a cientos de personas a asaltar el Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero.

La influencia de QAnon se ha identificado ya en 85 países. Parte de su inconexa colección de creencias es específica de Estados Unidos, donde comenzó la teoría conspirativa. Pero la creencia de que hay una conspiración en las altas esferas del gobierno y que hay camarillas de traficantes de menores entre funcionarios públicos atraviesa las fronteras, al igual que los mensajes contra las vacunas que difunde desde el inicio de la pandemia.

La agencia europea de policía Europol añadió a QAnon a su lista de amenazas en junio.

El secuestro de Mia fue inspirado por un expolítico que prometió salvar a las víctimas del tráfico de personas y devolver la grandeza a Francia. Dos de sus seguidores acusados en el secuestro fueron acusados de terrorismo la semana pasada en lo que las autoridades describieron como otra trama de ultraderecha contra centros de vacunación. Montemaggi salió en libertad el lunes tras casi seis meses en prisión, pero permanecerá bajo supervisión judicial.

“Si alguien intenta recuperar a su hijo y dice que están con esta conspiración, ahora hay una red de apoyo que no habría existido antes de QAnon”, explicó Mia Bloom, que documentó casos de secuestros para un libro sobre QAnon.

Para cuando una turba asaltó el Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de este año, QAnon ya tenía raíces en Europa, especialmente en las protestas contras las cuarentenas en Gran Bretaña y Alemania.

En Francia, el mundo de Montemaggi se volvía cada vez más oscuro. Concluyó que su gobierno era ilegítimo y sus leyes ya no se le aplicaban, creencias fundamentales de lo que se conoce como el movimiento del ciudadano soberano.

Dijo que iba a vaciar su apartamento, vender sus muebles y “pasar a la clandestinidad con su hija”. Montemaggi llevaba meses perdiendo peso, y discutía de forma tan violenta con su novio que su familia temía por Mia. Poco después, Montemaggi perdió la custodia.

En esa época, el nombre de Rémy Daillet-Wiedemann empezó a sonar en los chats franceses de QAnon en Telegram El expolítico, que vivía en un exilio autoimpuesto en Malasia, encontraba un nuevo público para sus antes minoritarias llamadas a derrocar al gobierno francés, resistir la “dictadura médica” de las restricciones al coronavirus y proteger a los niños de pedófilos con conexiones políticas.

Cuanto más se alineaban con QAnon las teorías de Daillet-Wiedemann, más grande era su audiencia. A principios de primavera, investigadores antiterroristas empezaron a vigilar a un grupo de sus seguidores. En esa misma época, uno de los amigos de Montemaggi en Telegram le recomendó que contactara con Daillet-Wiedemann sobre sus problemas de custodia.

Daillet-Wiedemann tenía una red de cientos de seguidores, con un núcleo menor de fieles, según François Pérain, fiscal de Nancy, la ciudad más grande de la región. El expolítico dio instrucciones a uno de sus seguidores de que trazara un plan para Mia y para otro menor en una situación similar, y envió 3.000 euros para transporte y equipo, dijo Pérain.

Cinco hombres de entre 23 y 60 años participaron en la “Operación Lima”, un título formado a partir de los nombres de Lola y Mia. El sexto, un oficial militar retirado, falsificó documentos oficiales.

El principal ideólogo utilizaba el apodo de Bouga y era educador, según su abogado, Randall Schwerdorffer. Hizo un cuestionario por internet a Montemaggi antes de organizar lo que consideró una “intervención legítima”, según el abogado.

El 13 de abril, una camioneta gris llegó a Les Poulières. Los dos hombres que llevaban dentro mostraron documentos de aspecto oficial y dijeron hacer una comprobación sobre cómo se encontraba Mia. La abuela de la niña les permitió llevársela un momento para una entrevista.

Para cuando se dio cuenta del error, Mia estaba camino de un poblado cercano.

Allí esperaba Montemaggi con los otros hombres. Se dirigieron hacia la frontera suiza y después caminaron varias horas hacia el este, turnándose para cargar a Mia. Cuando llegaron a Suiza, otro miembro de la red se reunió con ellos y los llevó a un hotel.

Mientras tanto, investigadores antiterroristas habían relacionado la camioneta con el grupo de seguidores de Daillet-Wiedemann bajo vigilancia.

La mayoría de los hombres fueron detenidos en Francia poco después. Ninguno se molestó en ocultar su papel ni su convicción de que el secuestro era en realidad una restitución.

“Pasaron de creencias conspirativas a actos muy graves, y los que entraron en acción no se dieron cuenta necesariamente de que estaban en el lado erróneo de la ley”, dijo Pérain.

El 15 de abril, Montemaggi y Mia llegaron en auto a la fábrica abandonada de cajas de música. No tenía electricidad, agua corriente ni camas, pero sí algo que la joven madre convertida en secuestradora necesitaba más: aislamiento.

Los investigadores tardaron tres noches en encontrarlas. Montemaggi fue detenida y acusada de secuestro. Su familia declinó hacer comentarios, al igual que su abogado. Mia se reunió con su abuela.

Daillet-Wiedemann compartió un video elogiando a los secuestradores.

“Son héroes. Están restableciendo la ley. Les felicito y haré todo lo posible para liberarlos”, dijo en un video de YouTube con 30.000 visionados.

Malasia le expulsó un mes más tarde.

Ahora está encarcelado y acusado de conspirar en el secuestro organizado de un menor. En su primera vista, Daillet-Wiedemann dijo ser candidato a la presidencia y mantuvo que los cargos en su contra eran políticos.

Montemaggi fue liberada el lunes después de que su familia y su abogado insistieran durante meses en que no supone un peligro para su hija ni para nadie más.

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Bram Janssen en Sainte-Croix, Suiza, y Nicolas Vaux-Montagny en París contribuyeron a este despacho.

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