Qué secuelas psicológicas está dejando el coronavirus y las claves para salir adelante

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Los entrevistados fueron hombres y mujeres mayores de 18 años, con niveles socioeconómicos y educativos variados que residen en la Capital Federal, Rosario y las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Tucumán
silvana colombo

El Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la UBA acaba de publicar los resultados del primer estudio del país sobre el impacto psicológico en quienes ya padecieron Covid-19.

El resultado: hay altos niveles de ansiedad, depresión y hasta mayor idea de la muerte y/o riesgo suicida en las personas que han sufrido coronavirus.

El 57% de los encuestados —742 personas que declararon haber recibido el diagnóstico de Covid-19 por hisopado— presentó puntajes compatibles con un trastorno depresivo mayor. Estos niveles duplican los que se habían hallado en la población argentina previamente a la pandemia.

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La depresión se puede expresar como tristeza, disminución de la capacidad para experimentar placer, falta de energía, pensamientos de contenido negativo (ruina, muerte, fracaso, autocrítica), retraimiento social y disminución de la libido, entre otras manifestaciones.

De aquel universo de personas con depresión clínica (57%), el 20% presentan sintomatología compatible con depresión leve, 20% depresión moderada y 16% depresión severa. No presentó puntajes compatibles con la depresión el 43% restante de los participantes.

Los entrevistados fueron hombres y mujeres mayores de 18 años, con niveles socioeconómicos y educativos variados que residen en la Capital Federal, Rosario y las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Tucumán.

Entre ellos, el 40% reporta haber cambiado su tendencia a pensar en la muerte y/o en el suicidio a partir de la pandemia del Covid-19.

Según explica Martín Etchevers, Secretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA y coordinador del estudio, la escala del riesgo suicida que se utiliza para medirlo no es estrictamente un predictor: tal vez hay personas con riesgo alto pero un entorno contenedor. “Ahí lo que hace la diferencia es la detección, la contención y el tratamiento que se le da”, apunta.

Un 24% de los participantes reportó ansiedad severa: un estado de alerta, preocupación y excitación que se dispara ante el peligro. Sus síntomas típicos son hormigueo, sensación de calor intenso, debilidad de piernas, incapacidad para relajarse, miedo, mareos o palpitaciones. También se puede manifestar como una sensación de ahogo y sudoración, miedo a perder el control o el miedo a morir, entre otros.

El deporte, el gran aliado

De acuerdo al estudio del OPSA, las personas que han sido infectadas por Covid-19 y realizan actividad física reportan menores niveles de sintomatología ansiosa, depresiva y riesgo suicida.

¿Tiene una explicación química aquella relación? “La química es muy importante, pero sobre todo la psicofísica”, explica Etchevers. “De alguna forma el deporte es parecido al mindfulness porque disminuye la ansiedad, centra a la persona con sus propios logros, conecta con la naturaleza, ofrece exposición a la luz solar y provee experiencias mucho más reales que las virtuales”.

Por esos motivos se lo considera un factor protector de vulnerabilidad. Otros son las actividades artísticas, comunitarias, la meditación, la religión y el yoga. En la vereda de enfrente están los factores de riesgo: el consumo de alcohol, otras sustancias o tabaco. De acuerdo al estudio, los participantes que consumen tabaco tuvieron mayor nivel de depresión y puntajes más altos en la escala de riesgo suicida que aquellos que no lo hacen.

Quienes comienzan a hacer deporte en la pandemia son quienes tienen más por ganar: eso supone más motivación y el beneficio de la novedad en días que tienden a ser demasiado similares.

Nivel socioeconómico

Las personas que han sido infectadas por Covid-19 y se perciben de sectores socioeconómicos bajos reportan mayores niveles de sintomatología ansiosa, depresiva y riesgo suicida. Lo mismo sucede con las que tienen menor nivel educativo. Si bien no se desprende del estudio, puede suponerse que aquellos que sufren de incertidumbre económica suman ese estrés al del propio de la enfermedad.

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Quienes tuvieron síntomas más fuertes de la enfermedad lo trasladaron al nivel de ansiedad: hasta se observaron diferencias estadísticamente significativas en aquellos que tuvieron fiebre (y más ansiedad según la cantidad de días de fiebre) y aquellos que sintieron falta de aire. Algo similar sucede con el estudio de la depresión: los participantes que necesitaron asistencia respiratoria muestran mayor nivel de depresión promedio.

Manejo del malestar psicológico

El 94% de los participantes reportó experimentar malestar psicológico o problemas emocionales. Cuando se les preguntó qué hacen cuando experimentan cualquiera de ambas, el 53% indicó que dialoga con amigos a través de medios virtuales. Un 34% recurre a un psicólogo, el 29% practica un deporte y otro 25% realiza actividades artísticas. El 20% toma algún tipo de medicación, el 19% reza y el 9% consume alcohol.

Entre quienes no están haciendo un tratamiento psicológico, el 67% cree que debería comenzarlo.

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