El secretismo habitual del Vaticano genera dudas sobre la salud del papa Francisco

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El Vaticano (Valerio Mezzanotti para The New York Times)
El Vaticano (Valerio Mezzanotti para The New York Times)

Aunque no hay motivos para dudar de la veracidad de los comunicados sobre la condición del pontífice después de la cirugía de colon, la falta de transparencia del Vaticano se ha ganado el escepticismo del público.

Un día después de que el papa Juan Pablo II se sometió a una traqueotomía para aliviar problemas respiratorios en 2005, el vocero del Vaticano de ese momento le dijo a la prensa que había disfrutado de un desayuno consistente en 10 galletas. Y murió poco después.

Así que cuando el vocero del Vaticano dijo el martes en un breve comunicado que Francisco, de 84 años, se recuperaba bien de una cirugía de colon realizada el domingo, que había descansado bien, tomado desayuno, leído varios diarios y se había incorporado para dar algunos pasos, había —si no razones para dudar de la veracidad del comunicado vaticano— una nube de escepticismo en torno a la verdadera condición del pontífice en un décimo piso muy bien custodiado de un hospital de Roma.

En el Vaticano hay un chiste de que el Papa siempre está bien hasta que se muere, e incluso un poquito después de ese momento”, dijo Iacopo Scaramuzzi, experto en el Vaticano que escribe para la agencia de noticias Askanews, y agregó que el secretismo es resultado de un temor a las divisiones de la Iglesia, causadas por intrigas prematuras e indecorosas de los cardinales que buscan un sucesor. “También deberíamos agregar que, por lo general, el Vaticano no es la institución más transparente del mundo”.

Una historia que no ayuda

El historial de opacidad, oscurecimiento y mensaje en clave al estilo Pravda está muy fundamentado y se ha convertido en un desafío comunicacional, en especial en la era de las redes sociales en la que se esperan informaciones y actualizaciones incesantes y el Papa no considera que los detalles medulares de su salud sean asunto de nadie.

Diez días antes de la cirugía, que aparentemente estaba planeada, Salvatore Izzo, experto del Vaticano y director del sitio noticioso enfocado en el Vaticano, FarodiRoma, dijo que le comentó al Papa de sus propias afecciones pero Francisco no le dijo nada sobre su propia salud.

Dado el secretismo con el que se manejó el anuncio de la operación del papa, el Vaticano solo avivó las dudas sobre su sinceridad y confiabilidad.

El 2 de julio, un vocero del Vaticano, Matteo Bruni, emitió un comunicado en el que informaba que la prefectura de la Santa Sede anunciaba que las audiencias generales del pontífice serían suspendidas durante el mes de julio para la “pausa veraniega habitual” y volverían a reanudarse el 4 de agosto. Francisco, decía el comunicado, seguiría enviando mensajes a los fieles con su oración semanal del Ángelus.

La tarde del domingo, Bruni envió un mensaje a los reporteros a las 3:20 p. m. a través de la aplicación de Telegram, que rara vez usa, en el que decía que Francisco, a quien se le había extirpado parte de un pulmón a los 21 años, había sido trasladado a la Clínica Gemelli de Roma en la “tarde” para una “cirugía prevista” con el fin de tratarle una estenosis diverticular sintomática del colon.

Pero si la operación estaba prevista, como dijo el Vaticano, fue la primera vez que se tuvo noticia de ella.

El sorpresivo anuncio suscitó una alarma innecesaria y los periodistas se quedaron escudriñando los mensajes recientes de Francisco como quien lee la borra del café. “Oren de un modo especial: el Papa necesita sus oraciones”, dijo en su bendición semanal del 27 de julio.

Durante horas, mientras la televisión italiana publicaba filtraciones anónimas sobre la salud del papa y fotografías de Innerspace del colon de otros pacientes, no hubo declaraciones oficiales sobre la condición del pontífice.

Poco después de la media noche, el Vaticano emitió un comunicado que incluía los nombres de numerosos médicos que atendían al papa diciendo que “respondió bien a la operación, realizada bajo anestesia general”. El lunes, un boletín breve de Bruni emitido al mediodía observaba que Francisco estaba “en buena condición general, alerta y respirando solo” luego de una cirugía que había durado tres horas. Decía que se esperaba que saliera del hospital en alrededor de siete días a menos de que hubiera complicaciones.

Eso es todo y eso, según dicen los expertos, es lo que el Papa desea.

A pesar de contar con un gran personal y un medio noticioso online veloz y ágil que acumula millones de seguidores en Twitter e Instagram, los expertos en el Vaticano dicen que Francisco no desea que ni su salud ni sus asuntos personales se conviertan en noticia.

“No quiere que su ingreso al hospital se convierta en un espectáculo”, dijo Paolo Rodari, experto en el Vaticano que escribe para La Repubblica, el diario de Roma. “Pidió privacidad absoluta y por eso se publicaron los escuetos boletines. Sencillamente es su estilo”.

Otra historia

Los defensores del Vaticano argumentan que mucho ha cambiado desde la época de los antecesores de Francisco. El papa Juan Pablo II estaba visiblemente enfermo antes de que el Vaticano atendiera oficialmente el asunto de su salud. Joaquin Navarro-Valls, su vocero y excompañero de la facultad de medicina en su juventud, despertó críticas internas de los funcionarios del Vaticano en 1996 cuando reconoció tácitamente que el papa tenía la enfermedad de Parkinson. Y la investigación del asesinato en 1998 de un comandante de la Guardia Suiza del papa, sus esposa y un subordinado fue cerrada tres horas después de que se descubrieron los cadáveres y nunca se volvió a abrir.

Los escándalos y los secretos abundaron en el papado de Benedicto XVI y facciones de cardenales de la curia romana —la burocracia que dirige la Iglesia— utilizaron a los medios italianos como lienzos para pintar sus conspiraciones y ventilar sus chismes. En 2012, el mayordomo privado del papa filtró a periodistas italianos documentos llenos de acusaciones, un escándalo tremendamente bochornoso que se conoce como Vatileaks. Benedicto renunció poco después.

En marzo de 2018, Dario Vigano, el jefe del departamento de comunicaciones del Vaticano renunció luego de que surgieron pruebas de que había alterado una carta del papa emérito Benedicto XVI para hacer que el expontífice pareciera que apoyaba más una serie de libros sobre la teología de Francisco. Las fotografías de la carta que la oficina del Vaticano difundió deliberadamente borraban dos líneas en las que Benedicto reconocía que en realidad no había leído los libros. A pesar de ello, monseñor Vigano mantuvo su influencia en las comunicaciones del Vaticano.

Al año siguiente, el Vaticano también editó las declaraciones del papa en una entrevista con una reportera de televisión mexicana en las que apoyaba las uniones civiles, una censura que solo se conoció cuando un documentalista tuvo acceso por accidente a la grabación original que se había quedado en la sala de edición.

Y la Iglesia ha contratado a destacados experiodistas del Vaticano para operar un medio interno, llamado Vatican News, que tiene la apariencia de un portal independiente y a menudo publica avances de noticias sobre la Iglesia, entre ellas la reciente sentencia a funcionarios del Vaticano por cargos de crímenes financieros. Publica entrevistas que hacen noticia con cardenales y frustra a los competidores de los medios católicos. Pero básicamente se trata de un elegante órgano de prensa y un filtro ante la cobertura negativa del papa Francisco diseñado para la era de internet.

Los defensores del Vaticano dicen que ha sido mucho más transparente sobre los desafíos de salud del papa que durante los papados previos. En años recientes, el Vaticano ha atribuido la visible cojera del papa y su dificultad para andar a la ciática, una condición crónica nerviosa que causa dolor de espalda, cadera y piernas. Francisco lo define como un “huésped problemático”.

El papa también ha atribuido su cojera al pie plano. “Cuando me ves caminando como gallina clueca es por esa afección”, le dijo a Nelson Castro, autor del libro La salud de los papas. Pero también contó con detalle sobre la fisioterapia para atenderse de un estrechamiento del disco intervertebral entre la cuarta y la quinta vértebra lumbar.

“Deberías escribir un libro sobre la salud de los papas”, escribió Castro que le dijo Francisco en 2017. “Puedes empezar conmigo: te voy a contar todo sobre mis neurosis”.

Francisco le contó a un escritor francés que a los 42 años acudió a un psiquiatra semanalmente para tratar el estrés de la dictadura militar argentina. El pontífice también ha contado que se atendió con un acupunturista chino para el dolor de espalda cuando era arzobispo de Buenos Aires y que casi murió de una infección por un cálculo biliar hace décadas, cuando lideraba a los jesuitas de su país. Los médicos, ha reconocido, le han ajustado la dieta para evitar problemas del corazón.

Un biógrafo de Francisco, Austen Ivereigh, escribió en la revista católica The Tablet en mayo que “ningún papa ha hablado con tanta franqueza sobre su salud, física y mental, como Francisco”. Observó que poco después de ser electo, el papa le contó a un arzobispo boliviano que ya en 1979 estuvo a punto de morir por la falta de oxígeno en altura, que perdió el conocimiento y que lo salvó una mascarilla de oxígeno y un vuelo exprés a tierras más bajas.

“Ellos dicen la verdad, pero dicen parte de ella”, dijo Izzo, que ha reportado sobre varios papas y ha observado distintos niveles de transparencia. “Esta vez nos topamos con un muro”.

Emma Bubola, Gaia Pianigiani y Elisabetta Povoledo colaboraron con la reportería.

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