Sebastián Blanco, el hijo del actor de Luna de Avellaneda, crece como cantante en Madrid

Alejandro Lingenti
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Como muchos argentinos en los últimos años, un día Sebastián Blanco hizo las valijas y viajó a Madrid para probar suerte. Tenía una base: su padre, Eduardo Blanco, un descendiente de gallegos que se hizo conocido popularmente trabajando con Juan José Campanella en cine, televisión y teatro (Luna de Avellaneda, Vientos de agua, Parque Lezama), lleva más de veinte años yendo y viniendo a España por asuntos profesionales y familiares. Con algunos pocos contactos y la idea de quedarse seis meses para ver cómo pintaba el panorama, Sebastián se instaló en la capital española. Y no le fue nada mal: pasaron tres años y medio desde que llegó, un tiempo en el que tuvo trabajo como actor y como músico.

Ya lleva lanzados dos singles este año: "Dejar de pensar", acompañado de un videoclip en el que participa Luz Cipriota, y una versión en vivo de "El vacío del Espacio", un tema de su primer y único disco hasta la fecha, El tiempo de las máquinas, grabado casi enteramente en el estudio de Lito Vitale. "Estoy muy entusiasmado con este asunto de los singles -asegura-. No es que me haga el gil con los discos, pero me di cuenta de que me gusta esta dinámica de ir largando temas sueltos. Tiene algo lúdico que está muy bueno. Igual, seguramente el año que viene haré un disco. Ya tengo unas cuantas canciones con una identidad definida para eso".

Cuando Sebastián habla de identidad se refiere a una impronta sonora, más que a los límites de algún género. Se deduce escuchando su repertorio, muy variado en términos estilísticos: "La verdad es que hice un disco muy ecléctico: hay funk, cumbia, una ranchera bien rockera tipo Divididos, un cover de los Beatles. También hay un tema latin-jazz que se llama "Tu karma". Me parece que está bueno jugar, probar para ver dónde me siento más cómodo, dónde me brilla más la voz. Hace unos meses subí a plataformas de streaming una versión medio rumbera del tango 'Nostalgia'. Me gusta esa búsqueda de fusión constante", sostiene. A la hora de citar referencias, Blanco, de 33 años, habla de Fito Páez, Charly García, Lisandro Aristimuño, Justin Timberlake, Joss Stone, D'Angelo, Erykah Badu y Jamiroquai: "No sé qué queda de todo eso en mis discos, pero son artistas que escuché y escucho todo el tiempo", dice.

Sobre el singular cover de "Come Together", la famosa canción de apertura del álbum Abbey Road, incluido en su disco debut, Sebastián cuenta que apareció mientras jugaba con un sintetizador recién comprado. "Me puse a repetir el leitmotiv del tema y me flasheó el sonido del sinte, me abrió un mundo. Sobre todo para hacer una versión bien distinta de las que había escuchado. Me acuerdo de una bien jazzera de Jamie Cullum, por ejemplo. Yo no quería que se parezca a ninguna otra, y creo que lo logré gracias a tener un grupo de músicos que me permitió armar algo con muchos timbres diferentes, mucho groove, mucho color".

Durante su estadía en Madrid, Sebastián se ha presentado en vivo en diferentes salas de la ciudad, con tres formatos distintos: un set electrónico, uno acústico donde solo se acompaña con el piano y un trío con piano, guitarra y violín. También tuvo trabajo como actor: fue parte del elenco de la película infantil Los Lunnis y el libro mágico, donde encarnó al Rey Arturo, y de El año de la furia, una coproducción hispano-uruguaya que está ahora en la etapa de post-producción y tiene como protagonista a Joaquín Furriel. En esa película, además, aportó dos canciones originales para la banda sonora. Su primer papel en cine fue hace ya unos cuantos años, en el rol del "pinche" que interrumpía constantemente el trabajo del agente judicial interpretado por Ricardo Darín en El secreto de sus ojos (2009). Después hizo apariciones en las tiras televisivas El hombre de tu vida y Farsantes. Hasta que decidió irse a España, motivado por lo que él resume como "una sumatoria de pequeños motivos".

Tenía ganas de vivir un tiempo fuera de Buenos Aires, donde nació y se crió, y las veces que había visitado Madrid había quedado fascinado con la ciudad. "Es una ciudad que siempre te recibe bien. Gastronómica y culturalmente es espectacular. Y como mi viejo va y viene desde hace veinte años, tenía algunos contactos que me podían ayudar. No me sentí nunca ajeno. Eso tiene que ver con el idioma y con la idiosincrasia de los madrileños".

Ahora Sebastián tiene planes para regresar a Buenos Aires en cuanto pueda. "Iba a ir en agosto, pero tuve que suspender -revela-. Tardé tanto porque tuve que afirmarme bien en Madrid. Yo arranqué de cero total. Durante un año y medio estuve yendo de habitación en habitación, hasta que necesité mi propio lugar para ordenarme un poco y lo conseguí con mucho esfuerzo. Me vinieron a visitar mis viejos y mi hermana, pero obviamente igual me muero por ir a Buenos Aires. Creo que el año que viene voy a estar tocando en mi ciudad otra vez".

-¿Qué es lo que más te gusta de Madrid?

-Madrid es fantástica. Todo es cerca, podés ir caminando a casi todos lados sin demorar más de media hora, y las calles son tan preciosas que cada recorrido es un verdadero placer. La gente es muy acogedora, te sentís bien recibido desde el día uno. Y encima hay una comida alucinante.

-¿Cómo fue trabajar en tu debut en cine con Darín y Francella en una película con tanta repercusión?

-Fue un placer absoluto. Tanto Ricardo y Guillermo como Soledad Villamil fueron muy amorosos conmigo. La primera escena que yo tenía en la película era también la primera de todo el rodaje, entonces estaba, lógicamente, muy nervioso. Pero ellos desarmaron esa tensión muy rápido. Fueron muy generosos. Me acuerdo de que en un momento estábamos en la sesión de maquillaje, yo necesitaba afeitarme por un tema de continuidad de las escenas y no había espacio ahí para hacerlo sin molestar a los demás. Apenas vio eso, Ricardo sacó las llaves de su motorhome, me las dio y me dijo 'andá y afeitate tranquilo'. Me parece que eso lo pinta de cuerpo entero.

-¿Es complicado o fácil tocar en Madrid? ¿Hay un circuito al que tenés acceso?

-Hay muchos lugares chiquitos para conciertos acústicos con guitarra o piano. La movida de los cantautores es muy fuerte acá. Así que estoy muy cómodo con eso. Pero yo también sigo muy atentamente lo que pasa con la música en la Argentina.