Seamos realistas: es difícil que el Amazonas nos importe tanto como Notre Dame

Incendio en Amazonas. (REUTERS/Ueslei Marcelino)

Las primeras llamas que asolaron la catedral de Notre Dame en París incendiaron las redes a la velocidad de la luz. Retransmisiones en directo, Facebook Live echando humo, Twitter en ebullición e Instagram repleto de melancolía con Quasimodo y los recuerdos de decenas de millones de viajeros que alguna vez cruzaron el Puente de San Luis con la lagrimita. La Cité, con esa maravilla de la arquitectura, de la Historia y de la Humanidad quedó tocada y casi hundida por la furia de un fuego que redujo a cenizas los corazones de parisinos, franceses en general y gentes de todos los rincones del mundo.

La sensibilidad generalizada de ver tal reliquia arder como si se tratara de cartón piedra fue total. También hubo escepticismo, y mucho, sobre todo ahora que el Amazonas lleva tres semanas ardiendo y solo en los últimos días parece que ya empieza a interesar. La catedral de Francia tardó tres minutos en extender su fragilidad por las redes, mientras que la vulnerabilidad de la catedral natural más impresionante - y necesaria - del planeta no comenzó a afectarnos hasta los 15 días de aparecer. Ojos que no ven…

Incendio en Notre Dame. (REUTERS/Benoit Tessier)

Las comparaciones son odiosas, sobre todo cuando huele a quemado, por eso es necesario resaltar que fueron cinco los hashtags que marcaron la pauta de las conversaciones nacidas a raíz del incendio de #NotreDame. Éste, precisamente, tardó minutos en convertirse en trending topic hasta que #Pinault tomó ventaja después de que François-Henri Pinault, un hombre de negocios al que también se le conoce como el marido de Salma Hayet, donara alrededor de 113 millones de euros. La poderosa familia Arnault también donó 200 millones y así la lista fue creciendo casi sin medida. En dos días, la cifra llegó a más de mil millones de euros recaudados para revivir Notre Dame.

Durante las primeras horas, Instagram registró más de 3 millones de posts que mencionaron a la catedral de París. Entre otros, brillaron los hashtags #notredame, #notredameparis, #notredamedeparis y #notredamecathedral. “La cantidad de amigos míos que han ido a París”, pensaría alguno. Parece que el flujo de visitantes al Amazonas es menor, ¡qué menor! Ínfimo en comparación.

Corazón que no siente.

Incendio en Amazonas. (Ricardo Beliel/Brazil Photos/LightRocket via Getty Images)

El único hashtag relacionado con el incendio de la selva es #PrayForAmazonia, donde se congregan usuarios aturdidos e indignados, otros que cargan contra el presidente brasilero, Jair Bolsonaro, los hay que resaltan la gran diferencia entre el trato a Notre Dame y pulmón de la Tierra y hay alguna que otra plataforma que pide donaciones. La capacidad de respuesta ante las alrededor de mil hectáreas devastadas por las llamas (y un campo y medio de fútbol destruido por minuto) ha sido de todo menos rápida y la intensidad de las interacciones es casi incomparable.

Se ha tardado, pero al final hemos despertado. Los medios de comunicación cubren el suceso desde hace una semana con la seriedad que merece y las imágenes - que son al fin y al cabo la única manera de sensibilizarnos en la distancia - tienen ese carácter aterrador que levanta conciencias. #PrayforAmazonas ya supera los cientos de miles de tweets y los temas de conversación giran en torno a esta catástrofe que provocará que el Amazonas tarde décadas en ser lo que era.

Vista satelital del incendio en el Amazonas. (NASA/NOAA/Handout via REUTERS)

¿Cómo se explica que este suceso no haya interesado antes si todos somos conscientes de la importancia del Amazonas?

Sencillamente porque no hay un sentimiento de cercanía, porque es totalmente cierto que más gente ha ido a París que a la selva más extensa del mundo, porque no hemos sentido una amenaza a seres humanos. A nuestros ojos, nadie está perdiendo sus casas por las llamas, casi nadie está grabando con un celular su fiereza o cómo los animales escapan como pueden, tal y como sucedió con los incendios de California. Estos hechos marcan la diferencia porque desafortunadamente intelectualizar no es suficiente, hace falta sentirse identificado, y el hecho de que el 20 por ciento del oxígeno de la Tierra, que es el Amazonas, esté en riesgo es una idea aterradora, pero una idea, al fin y al cabo, que no relacionamos con lo que sería esa experiencia en realidad. Solo seríamos capaces de saberlo si nos ponemos a hablar de todo esto dentro de una sala donde contemos con tan solo un 80 por ciento de oxígeno.

La investigadora y escritora Brené Brown afirma que “no somos seres racionales que sentimos de vez en cuando; sino seres emocionales que, en algunas ocasiones, pensamos”. En este caso, pensar no es suficiente, necesitamos sentir y con el Amazonas no lo hemos hecho de una manera tan profunda como con Notre Dame.

Así somos.