Se ofrece como cuidadora de niños... y pasa esto...

Laura es amiga mía. La hija de una buena amiga. Tiene 20 años. Es lista y buena persona. Este verano quiere trabajar para poder ahorrar algo de dinero y no tener que depender de sus padres cuando en septiembre se vaya de Erasmus a estudiar en una universidad europea. Ayer publicó este anuncio en una web de búsqueda de empleo.

Como veis, el anuncio no tenía nada de ambiguo.

Como veis, el anuncio no tenía nada de ambiguo. Se ofrece para cuidar niños este verano.

Primera oferta:

300 euros a la semana, evidentemente, no por limpiar.

Trabajo instantáneo. Hoy mismo. Esa misma mañana. No hay tiempo que perder “Sería para limpiar mi casa. Soy un chico joven”. Ella le dice que no. Él insiste “sería para ganar 300 euros a la semana”.

Imagino que todos podemos suponer lo que hay detrás de ese ofrecimiento. Sigamos. Una hora después. Segunda oferta:

¿150 euros por “tomar algo”?
Este ya es más directo.

¿150 euros por “tomar algo”? “Je, je “, se ríe el hombre “es de buen rollo”. Sí, claro. Prostitución de buen rollo.

Tercera oferta. De otra persona. Otro hombre. Explícita totalmente.

“En realidad, quiero una amante”

En realidad quiero una amante, le dice este hombre ya directamente.

¿Qué les ha hecho pensar a estos tres hombres que el anuncio de una chica que busca trabajo de verano para cuidar niños es un anuncio de prostitución? Evidentemente, nada. Pero ellos lo intentan.

¿Por qué una chica tiene que aguantar este tipo de propuestas? Laura, consternada, ha tenido que eliminar el anuncio, y quizá ha perdido así la oportunidad de encontrar trabajo que le permita ganar un dinero para luego poder estudiar durante unos meses fuera de España.

Todos esos hombres se creen con el derecho de acosar a una mujer. Y lo hacen sin pudor, ofreciendo dinero. Porque para ellos sólo somos un cuerpo. Si publicara aquí sus fotografías, quizá alguno de vosotros se llevaría una sorpresa. Porque están ahí, son hermanos, padres, tíos, hijos, sobrinos, compañeros de trabajo. Están ahí. Y esto tiene que acabar.