¿Se está clintonizando Trump? El presidente de EEUU está asumiendo posiciones que antes repudiaba

Con gran estridencia y reiteración, Donald Trump formuló durante su campaña numerosas promesas, valoraciones y descalificaciones que construyeron su oferta política y atrajeron a los votantes. Muchas de esas posiciones fueron intensamente polémicas, usadas por Trump como ariete para machacar a quienes no coincidían con ellas, y algunas de plano resultaron equívocas y ofensivas. Pero a fin de cuentas constituyeron el singular perfil del candidato que, a la postre, se convirtió en presidente de Estados Unidos.

Hoy, muchas de esas actitudes han comenzado a ser revertidas y Trump en varios aspectos está ahora más cerca del político del establishment de Washington que repudió continuamente durante la campaña que de la imagen de candidato contestatario y antisistema con la que compitió en el pasado proceso electoral.

El presidente Donald Trump ha dejado boquiabiertos a muchos con cambios en sus posiciones sobre China, Rusia/Siria o la OTAN, entre otras. (EFE)

Ciertamente, Trump no ha cambiado sus posiciones por completo o en todos los aspectos. Sigue firme en muchas de ellos, pero giros recientes en asunto de política exterior han sido notorios y dejado a más de uno, entre sus seguidores como entre sus detractores, con la boca abierta.

El portal Vox, por ejemplo, cita algunas de las volteretas más agudas y punzantes.

El caso de Rusia y Siria es singular. Hasta hace muy poco la Casa Blanca consideraba que la salida del poder de Bashar al-Assad en Siria no era ya una prioridad para Estados Unidos y se le notaba renuente a vincular a Moscú con el cruento ataque químico contra civiles perpetrado por el régimen sirio. Inclusive, Trump había criticado severamente a su antecesor, Barack Obama, y dicho enfáticamente que no se debía atacar a Siria.

Todo cambió hace pocos días con el ataque de misiles estadounidenses contra una instalación aérea de Assad y con el patente desencuentro que se ha mostrado, sea de fondo o cosmético, entre Washington y Moscú ante el tema de Siria.

La CIA, dirigida ahora por Mike Pompeo, nominado de Trump, ha considerado a Wikileaks como una entidad “hostil”, según indicó Fox News. Pero en su momento Trump llegó a decir que “amaba Wikileaks” cuando ese grupo difundía correos electrónicos ‘hackeados’ del sistema del Partido Demócrata.

Luego, está China. Trump acusó reiteradamente a ese país durante la campaña de manipular su moneda para abusar de Estados Unidos  y dominar el comercio bilateral (al hacer los productos chinos muy baratos en el país y los estadounidenses muy caros en China). Ahora, luego de recibir al presidente chino Xi Jinping en su mansión de Mar-a-Lago, Florida, Trump dejó de considerar a China una nación manipuladora de su moneda y dijo a The Wall Street Journal que el Departamento del Tesoro no calificará a China como tal, rompiendo con ello una reiterada promesa de campaña.

Por añadidura, Trump habría buscado ofrecer mejores términos a Pekín para lograr su colaboración ante la amenaza de Corea del Norte, un problema que él mismo ha dicho, tras su charla con Xi, “no es tan fácil” como se pensaba, o al menos como él pensaba.

Tras recibir en su mansión de Mar-a-Lago al presidente chino Xi Jinping, Trump ya no considera que China manipule su moneda ni que la cuestión de Corea del Norte sea “algo fácil”. (AFP)

Y también está la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a la que Trump declaró obsoleta mientras fustigaba a los países europeos de esa alianza por no aportar suficientes dineros a tareas de defensa, dejando a Estados Unidos una factura muy grande en ello para proteger a naciones remisas en sus obligaciones financieras. Además del equívoco de suponer que la seguridad europea simbolizada en la OTAN no es una prioridad de la defensa estadounidense, las sumas en cuanto a las cantidades que cada miembro de la OTAN dedica a su presupuesto de defensa no se traducen en automático en que Estados Unidos pague lo que los otros no aportan, como había sugerido Trump.

Sea como sea, Trump acaba de declarar que la OTAN “ya no es obsoleta” en parte porque ya combate al terrorismo, algo que cabe señalar ya sucedía desde antes que el entonces magnate candidato arremetiera contra ella. En todo caso, es de suponer que con su afirmación Trump asume que la defensa europea, ante el creciente ímpetu de Rusia, por ejemplo, no es ya materia de balances contables sino de geopolítica y seguridad nacional.

Y qué decir de su posición ante el Banco de Exportaciones e Importaciones (Export-Import Bank), que financia la compra de productos estadounidenses por parte de compradores extranjeros y Trump consideró innecesario durante el proceso electoral. Ahora a Trump ese banco parece agradarle porque puede producir “mucho dinero”.

Y el propio gobierno de Trump ha dicho ya que el muro que planea levantar en la frontera con México no abarcaría toda la línea limítrofe, como clamó y prometió hacer pagar a los mexicanos, sino que se construirán sólo los segmentos que resulten apropiados.

Así, varias de las posiciones que lo caracterizaron y diferenciaron durante la campaña han comenzado a difuminarse. Muchos de sus seguidores de derecha se sintieron traicionados por la decisión de Trump de bombardear Siria y, como se comenta en Politico, algunas de las posiciones y actitudes actuales del presidente en política internacional y financiera coinciden con las que entonces defendió su archirrival, Hillary Clinton.

Clinton, por ejemplo, llamó a bombardear a Assad antes de que se registrara el ataque ordenado por Trump, ha apoyado a la OTAN y al comercio internacional y mantenido consistentemente una confrontación con Rusia y Vladimir Putin.

Por añadidura, Trump ha incurrido en prácticas que fueron en su momento blanco de severas críticas, tanto de conservadores tradicionales como de derechistas antisistema, contra Clinton: que ella, su marido el expresidente Bill Clinton e incluso su hija Chelsea convirtieron al gobierno en una suerte de asunto de familia, con una revoltura impropia –más allá de que eso sea cierto o falso– entre las cuestiones públicas y las de sus actividades privadas (la Fundación Clinton en específico).

Pero hoy, Trump ha puesto a su hija Ivanka y a su yerno Jared Kuchner en posiciones de enorme influencia en la Casa Blanca y ha vuelto con ello la política presidencial en un ‘asunto de familia’ como no se había visto.

Algunos sugieren que varios de los cambios y actitudes recientes de Trump implican que el presidente de estaría ‘clintonizando’, transformándose en parte del establishment que rechazó durante la campaña. (Reuters)

Algunos ya comentan que Trump estaría en proceso de ‘clintonizarse’ y otros constatan que el presidente se ha acercado mucho más a ciertos esquemas tradicionales de Washington que lo que sus seguidores más ardientes desearían o habrían esperado.

¿Todo es, así, mera realpolitik? Gobernar es ciertamente distinto que alardear durante la campaña, pero el propio Trump, como se comenta en CNN, afirmó hace tiempo al hablar sobre su actitud al hacer negocios que nunca se une demasiado a una cierto trato o aproximación a un asunto, sino que busca ser muy flexible y mantiene muchas posibilidades abiertas en el aire.

En ese sentido, Trump no habría dado giro alguno y sus cambios recientes no serían sino las adaptaciones propias de su flexibilidad. O quizá Trump está en perpetuo giro, como un trompo empresarial y luego político, a la caza de oportunidades y en la evasión de fracasos.

El detalle es que negociar tratos inmobiliarios es una cosa, y virar y revirar en asuntos de seguridad global y geopolítica –donde hay vidas y destinos en grave riesgo- otra muy diferente.

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