El escenario de pesadilla que temen en EEUU: los planes de Trump si pierde las elecciones

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Estados Unidos podría encaminarse a una crisis política inédita en su historia, con la posibilidad –según algunos escenarios planteados por analistas– de que los resultados de las elecciones no sean reconocidos por uno de los candidatos presidenciales o que, incluso, ni siquiera pueda contarse con resultados avalados por los procesos formales antes del inicio del nuevo periodo de gobierno.

Incluso, algunos afirman que podría darse el caso de que se maniobre para torcer o soslayar el resultado electoral para, aprovechando los recovecos, ambigüedades y áreas grises en la ley, evitar la derrota de uno de los candidatos al margen del voto popular.

Donald Trump no se comprometió a una transición pacífica en el poder tras las elecciones del 3 de noviembre en una reciente conferencia de prensa. (AP Photo/Evan Vucci)
Donald Trump no se comprometió a una transición pacífica en el poder tras las elecciones del 3 de noviembre en una reciente conferencia de prensa. (AP Photo/Evan Vucci)

Se refieren a la posibilidad de que Donald Trump no reconozca una derrota ante Joe Biden o que, incluso, actúe para prevenir que se den las circunstancias que conduzcan a esa derrota, aunque el voto de los estadounidenses no le haya resultado favorable.

Desde hace meses Trump ha estado estigmatizando el voto por correo, afirmando que los millones de votos que por esa vía se emitirán en esta elección serán fraudulentos. No ha presentado ninguna prueba al respecto, y hay amplio consenso en que el voto por correo es tan seguro como el voto presencial. Pero el presidente ha insistido en descalificarlo.

El auge en el voto por correo debido a la pandemia implica que muchos estado podrían no tener un ganador la noche de la elección y se deberá esperar incluso varios días hasta que el conteo se complete.

Pero la ventaja de Biden en las encuestas a nivel nacional y en estados claves, aunque en estos es estrecha, plantean que él tiene mayor posibilidad de ganar que Trump.

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En ese sentido, se teme que Trump no acepte un resultado basado en el conteo de ese voto por correo y que, en caso de ir adelante la noche de la elección, se proclame ganador sin importar que el conteo aún no se haya concluido.

Y si Biden resulta ganador tras el conteo de todos esos votos, Trump podría no reconocerlo, aludiendo que se trató de fraude.

Si Trump lleva ventaja en el voto presencial la noche de la elección pero con un margen que pueda ser revertido al contarse el voto por correo, objetará ese voto postal y Biden no reconocerá ningún resultado hasta que no se cuenten todos los votos.

Solo una ventaja clara de Biden la noche de la elección con un conteo parcial, lo que es posible pero no seguro, podría evitar que Trump se lanzara al desconocimiento del resultado en ese sentido.

La estrategia de Trump, de ser ese el caso, sería punzante y antidemocrática: ante la posibilidad de ser vencido en la elección, procedería a desconocer la validez del voto por correo para torcer el conteo de votos a su favor, a contracorriente de la voluntad popular. Incluso podría lanzar una cascada de demandas judiciales encaminadas a que el voto por correo, sobre todo aquel que no se haya contado para la noche de la elección, sea descartado por fraudulento, o al menos para demorar todo lo posible el conteo de esos votos a fin de que no se pueda declarar un resultado final desfavorable para su causa antes de los plazos para la integración del Colegio Electoral, a principios de diciembre.

mpi04/MediaPunch /IPX
mpi04/MediaPunch /IPX

De acuerdo a The Atlantic, la campaña de Trump discutió “planes de contingencia” que llegarían al extremo de movilizar a las mayorías republicanas en legislaturas de varios estados clave para que, al margen del resultado del voto y alegando fraude, sean esos cuerpos legislativos los que designen a los miembros de ese estado en el Colegio Electoral y, con ello, den sus votos a Trump y no a quien haya ganado la mayoría de votos en ese estado.

La Constitución señala, con una carga de ambigüedad, que las legislaturas de cada estado han de determinar cómo designar a los electores que votarán en el Colegio Electoral (el grupo que elige al presidente). La práctica ha sido que quien gana el voto popular se hace de esos electores pero, ¿qué pasa si no se declara quién ganó o si el que resulte ganador es impugnado de modo que no pueda dilucidarse la elección para la fecha legal límite? Las cortes podrían tener allí la palabra, como sucedió en 2000 con el diferendo en Florida entre George W. Bush y Al Gore que llegó hasta la Corte Suprema.

La Corte Suprema falló recientemente que los miembros del Colegio Electoral están obligados a votar según el sentido del voto mayoritario en su estado, pero ¿qué pasa si por alguna razón no hay una definición legalmente validada de quién fue ese ganador?

En ese escenario, miembros del Colegio Electoral designados por la mayoría republicana en la Legislatura de ese estado podrían darle a Trump esos votos, sin importar el resultado del voto popular. Ese escenario sería a su vez impugnado legalmente por los demócratas, arreciando con ello la batalla judicial.

En  2000, el diferenco electoral entre George W. Bush y Al Gore en Florida llegó hasta la Corte Suprema, cuyo fallo favoreció a Bush. Analistas plantean que en 2020 podría darse un diferendo político-legal que opaque al de hace dos décadas. (AP Photo/Steve Nesius, File)
En 2000, el diferenco electoral entre George W. Bush y Al Gore en Florida llegó hasta la Corte Suprema, cuyo fallo favoreció a Bush. Analistas plantean que en 2020 podría darse un diferendo político-legal que opaque al de hace dos décadas. (AP Photo/Steve Nesius, File)

Si en realidad se discutió tal posibilidad dentro de la campaña de Trump se revelaría no solo los enormes temores que tienen ante una probable derrota del presidente sino una cruda pretensión de torcer el voto popular para mantenerse en el poder a toda costa, usando vericuetos legaloides.

El propio Trump, en varias ocasiones, se ha negado a garantizar una transición pacífica del poder si pierde las elecciones, una situación ominosa y sin precedentes en Estados Unidos.

Ciertamente, no es automático que jueces, legisladores y otros actores en el proceso electoral optarán, así sean militantes o simpatizantes de cierto partido, por rendirse ante el partidismo extremo para manipular la ley a favor de un candidato.

Y ciertamente puede suceder que el resultado de la noche electoral sea tan contundente, sea a favor de Biden o de Trump, que no haya ya margen de maniobra para maquinaciones o que las instituciones sean lo suficientemente robustas para frenar los intentos de soslayar el resultado del voto.

Pero la posibilidad, inédita en la historia, de que el proceso se encamine a una crisis constitucional está allí, y las declaraciones y actitudes de Trump la alimentan.

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