Se acabó el alcohol de garrafón: esta lengua artificial detectará a las imitaciones

Alasdarir Clark sosteniendo una versión aumentada de los materiales que componen su lengua artificial (el dispositivo real es demasiado pequeño para ser observado a simple vista). Crédito imagen: Universidad de Glasgow.

Si recordáis, el verano de 2018 os comentaba que es probable que muy pronto bebas vinos “low cost” con un sabor muy parecido al de los caldos más renombrados (y caros) del planeta.Puede que esa práctica llegue a ser habitual en el futuro, pero de momento nuestros problemas más reales con el alcohol de calidad y las “imitaciones” se basan en el famoso engaño del garrafón. Pides un chupito de alguna marca de whisky premium, y el tramposo de detrás de la barra te da una marca blanca – o peor – un licor adulterado que puede hacer que tu cabeza estalle al día siguiente.

Bien, pues estamos de suerte. El sonriente doctor Alasdair Clark (facultad de ingeniería de la Universidad de Glasgow) que aparece en la foto superior, ha desarrollado una “lengua artificial” que podría acabar para siempre con los tiempos del garrafón y las resacas matadoras.

Por lo que puedo ver, el equipo de Clark ha aprovechado su excelente situación (Escocia) para hacer pruebas con el whisky. Según declara, su dispositivo es capaz de distinguir una gran cantidad de whiskys de malta individuales, sin duda la pesadilla para los amigos del engaño, que en el pasado ya han hecho negocio con el whisky falso.

Al parecer, la lengua artificial diseñada por los escoceses, es configurable para que adapte tus gustos. Es decir, si te gusta la marca de whisky “X” en concreto, puedes entrenar al dispositivo para que recuerde a qué sabe ese licor y no otro. Así, cuando pidas la próxima copa en un bar desconocido, si tratan de darte “gato por liebre” tu lengua artificial te alertará del engaño.

En The Guardian, Clark explica que su invención – que hoy por hoy es un prototipo no comercializable – podría incorporarse a cualquier dispositivo portátil de pequeño tamaño. ¿Veremos en el futuro Iphones con lengua artificial incorporada de serie?

Seguro que pensáis que no merecerá la pena si su única utilidad es distinguir whiskys auténticos de imitaciones, pero es que la lengua artificial servirá para muchas más cosas, desde identificar venenos hasta comprobar el estado medioambiental de los ríos.

Seguro que os estáis preguntando cómo funciona. Bien, Clark y sus colegas explican que se basa en una oblea de vidrio que presenta tres matrices cuadradas separadas, cada una de las cuales se compone de 2 millones de “papilas gustativas artificiales”. No os dejéis llevar por la foto que abre el post, se trata de una versión aumentada con la que explicar el concepto. El secreto del verdadero dispositivo está en el minúsculo tamaño de las papilas artificiales, 500 veces más diminutas que las presentes en la lengua humana.

¿De qué están hechas? Por lo visto hay seis tipos diferentes de cuadrados, tres hechos de oro y los otros tres de aluminio. Hay un cuadrado puro de oro y otro de aluminio, mientras que los otros dos de cada elemento llevan un recubrimiento de distintos compuestos químicos.

Cada una de las tres matrices contiene un tipo de oro y un tipo de aluminio diferente, de ahí que haya tres matrices en cada dispositivo. Luego, al contacto con la luz, los electrones de cada matriz interactúan produciendo una disminución medible del reflejo lumínico. Esas disminuciones aparecen en longitudes de onda ligeramente distintas dependiendo del tipo de cuadrado que interactúa con la luz.

Y ahí está el punto clave, cada una de esas atenuaciones lumínicas varía según el líquido que rodea las matrices, lo cual da como resultado que cada líquido analizado genere una huella digital única e intransferible. Si digitalizas la medición de tu whisky favorito y lo almacenas en memoria, tu dispositivo podrá compararlo con el que ingieras en futuras consumiciones para comprobar si se trata del mismo producto, o de una imitación.

¡Impresionante verdad! Ya sabes, si tienes un alambique casero en tu sótano con el que surtes de alcohol de garrafón a los sospechosos habituales de ser “rellenadores de botellas”, tienes los días contados. ¡Se acabaron las resacas cabezonas!

El trabajo acaba de publicarse en la revista científica Nanoscale.

Me enteré leyendo The Guardian.