Seúl acepta la dimisión del ministro de Unificación ante la tensión con el Norte

Agencia EFE

Seúl, 19 jun (EFE).- El presidente surcoreano, Moon Jae-in, aceptó hoy la dimisión del hasta ahora ministro de Unificación, Kim Yeon-chul, que puso su cargo a disposición del Gobierno esta semana a raíz del recrudecimiento de la tensión entre las dos Coreas.

La decisión, anunciada en rueda de prensa por el portavoz presidencial Kang Min-seok, llega dos días después de que Kim propusiera dimitir ante el deterioro de las relaciones entre Seúl y Pionyang, que viven su peor momento en más de dos años.

Kang no ha revelado de momento ningún plan en relación al sucesor de Kim para el puesto al frente del Ministerio de Unificación, cartera encargada de las relaciones con el régimen de Pionyang.

Kim, un académico que además había dirigido un importante centro de estudios estratégicos sobre Corea del Norte, llegó al puesto en abril de 2019 con el objetivo de reimpulsar las relaciones después de la fracasada cumbre de Hanói.

Sin embargo, ante la imposibilidad de retomar los proyectos de cooperación económica intercoreana a raíz del bloqueo que deparó dicha cumbre en febrero de aquel año, Kim pudo hacer más bien poco dado que Pionyang fue apostando progresivamente por endurecer el tono con Seúl y Washington.

La pasada semana Corea del Norte incrementó la dureza de su discurso, acusando al Gobierno de Moon de permitir el envío de globos con propaganda contraria al régimen por parte de activistas desde Corea del Sur, algo que técnicamente viola un pacto para rebajar la tensión militar firmado por los dos países en 2018.

Aunque Seúl denunció a estos grupos y activó bloqueos policiales para evitar que se repitieran esas acciones, Pionyang insistió en sus acusaciones y esta semana detonó la oficina de enlace intercoreana, situada en su territorio e inaugurada en 2018, y aseguró que romperá el pacto militar reenviando tropas a la frontera.

Los analistas creen que el régimen norcoreano ha encontrado en estos envíos de globos una excusa para endurecer una estrategia de presión que tiene su origen en el fiasco de Hanói, donde no logró el levantamiento de sanciones.

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