Los efectos del volcán de La Palma vistos desde el espacio nos permiten entenderlo mejor

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Mapeado de la zona afectada por la colada del volcán Cumbre Vieja en la que aparece el delta. Imagen elaborada a partir de las observaciones del satlélite Sentinel 5. (Crédito imagen: CE/ESA/Copernicus).
Mapeado de la zona afectada por la colada del volcán Cumbre Vieja en la que aparece el delta. Imagen elaborada a partir de las observaciones del satlélite Sentinel 5. (Crédito imagen: CE/ESA/Copernicus).

Desde que el pasado 19 de septiembre el volcán de Cumbre Vieja entrara en erupción en la isla de La Palma, las autoridades han contado con una herramienta “impagable” para monitorear y gestionar la crisis: los satélites de observación “Sentinel” que forman parte del programa Copérnico.

Diseñados para proporcionar información precisa, actualizada y de fácil acceso, con la intención de mejorar la gestión del medio ambiente y la seguridad, los satélites Sentinel (una iniciativa conjunta entre la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea), se han convertido en una herramienta prácticamente imprescindible cada vez que se da una situación de emergencia en nuestro continente.

Es cierto que ahora contamos además con los drones, que permiten inspeccionar in situ y a baja altura el estado del terreno, lo cual ayuda a hacerse una imagen “parcial” de la situación en algún punto en concreto. Sin embargo cuando uno necesita una perspectiva global que abarque amplias franjas de terreno, las imágenes obtenidas por satélite son la solución.

El programa Copérnico, gestionado a través de la Agencia Europea del Medio Ambiente, incluye múltiples proyectos aunque el relevante de cara a lo que sucede en La Palma es el Sentinel, que engloba a varios satélites de observación con distintas finalidades. Entre ellos se encuentra el Sentinel-2, una de cuyas misiones es precisamente la de tomar datos para los servicios de emergencia. Equipada con una cámara multiespectral de alta resolución, este satélite ha ayudado a seguir el flujo diario de la lava, cuantificar los daños y delimitar las propiedades afectadas. También fue el primero en captar una imagen libre de nubes del flujo de lava liberado durante el pasado fin de semana.

Otro de los satélites Sentinel, el número 5, ha ayudado igualmente a detectar las plumas de dióxido de azufre (SO2) vertidas a la atmósfera desde el volcán. De hecho, gracias a este ojo en el cielo pudimos enterarnos que el pasado domingo 26 de septiembre, las trazas de este gas tóxico habían alcanzado a Italia. Mezclando la información del Sentinel 5 con modelos meteorológicos, los científicos pueden predecir la evolución de las plumas del tóxico SO2, y su nivel de peligrosidad.

A veces el acceso democrático a los datos del satélite provoca malas interpretaciones. De hecho, en base a las imágenes del avance de la pluma (como la que veis sobre estas líneas) muchos temieron que el gas tóxico pudiera afectar a la población europea. Esto forzó la aclaración de los científicos, que explicaron que la altitud a la que se encontraba el SO2 (entre 5.000 y 10.000 metros) impediría que esta pluma tuviera incidencia en la calidad del aire o que provocara lluvia ácida.

Obviamente otras agencias espaciales, como la NASA, cuentan también con sus propias redes de observación satelital, como los que integran la red MODIS, que vigilan (entre otras cosas) los incendios forestales en Norteamérica basándose en instrumental de espectro-radiometría, o los VIIRS que realizan observación radiométrica en el espectro del infrarrojo. La agencia estadounidense USGS cuenta también con su red de satélites Landsat, que comparte así mismo con la NASA. El número 8, o simplemente Landsat 8, es especialmente eficaz obteniendo imágenes en el espectro térmico (infrarrojo) lo cual ha ayudado a obtener imágenes muy interesantes de lo que sucede en La Palma, como la que veis bajo estas líneas.

Primera imagen con cielo despejado del volcán Cumbre Vieja del pasado fin de semana tomada por el satélite Landsat 8. (Credito USGS/Annamaria Luongo).
Primera imagen con cielo despejado del volcán Cumbre Vieja del pasado fin de semana tomada por el satélite Landsat 8. (Credito USGS/Annamaria Luongo).

Como digo, muchos organismos dedicados a la protección civil y a la vigilancia del medio ambiente acceden a la información facilitada por estas redes de satélite para comprobar los efectos de las sequías, calima, incendios, inundaciones o flujos magmáticos. Basándose en esta información, algunos expertos logran animaciones realmente espectaculares, que nos ayudan a entender lo que está pasando en La Palma.

Particularmente interesante es el trabajo del vasco Iban Ameztoy, licenciado en ciencias ambientales y experto en herramientas de observación de la Tierra, que ha creado animaciones que te hacen sentir como si volaras sobre el área afectada por el volcán.

Otra clave del éxito de las imágenes por satélite es que brindan la oportunidad a los expertos de aplicar filtros especiales que resaltan aspectos primordiales, como la emisión térmica antes citada, que permiten que veamos mejor el flujo de lava mediante la aplicación de técnicas de falso color.

Como veis, la gran nube de satélites que rodea la Tierra no solo sirve para mejorar las comunicaciones o espiar a los rivales. Los científicos (y a través de su trabajo, nosotros los divulgadores) obtienen un nivel de información asombroso, y casi en tiempo real, gracias a estos observadores celestiales que vigilan incasablemente el estado del planeta desde el espacio.

Me enteré leyendo Euronews.

Vídeo | Un vuelo de reconocimiento consigue captar a la perfección todo el recorrido de la colada del volcán de La Palma

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