El estudio de los 8 metros que está tras la prohibición de fumar en terrazas de Sanidad

Mónica De Haro
·7  min de lectura
A día de hoy hay siete Comunidades que prohiben fumar al aire libre como una medida para frenar el coronavirus; y a la propuesta de Sanidad de extenderlo a las terrazas de todo el terriorio nacional aunque haya dos metros de distancia se suman organismos médicos que justifican la medida y piden una respuesta más coordinada. (Foto de Cristina Quicler/AFP via Getty Images)
A día de hoy hay siete Comunidades que prohiben fumar al aire libre como una medida para frenar el coronavirus; y a la propuesta de Sanidad de extenderlo a las terrazas de todo el terriorio nacional aunque haya dos metros de distancia se suman organismos médicos que justifican la medida y piden una respuesta más coordinada. (Foto de Cristina Quicler/AFP via Getty Images)

Esta semana nos enteramos de que Sanidad propone prohibir fumar en terrazas aunque haya dos metros de distancia. El borrador es un documento de trabajo, como otros muchos, abierto y sometido aun a consideraciones técnicas. Pero la noticia ha corrido como la pólvora y hay muchos que se pregunta el por qué de esta medida, y a estas alturas.

Pero la evidencia científica es cada vez más clara: respirar las partículas con virus que quedan en el aire cuando alguien infectado las expulsa al toser o hablar propaga contagios, también al echar el aire del tabaco, aunque se esté en una terraza.

Sabemos que las partículas del virus que se expulsan permanecen flotando y se quedan en el aire (sobre todo cuando estamos en movimiento) y que al estornudar o toser "la fuerza de expansión es mayor" (como al hablar en voz alta, gritar o cantar). Algo similar ocurriría con el humo del tabaco, al exhalarlo el fumador suelta una corriente de aire en la que pueden 'camuflarse' los aerosoles. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ya advirtió hace meses sobre este riesgo, recomendando evitar fumar en terrazas y espacios públicos.

Este es uno de los motivos por los que Sanidad considera que fumar es una acción con alto riesgo de contagio por la emisión de aerosoles, y la razón por la que podría prohibir fumar en las terrazas, incluso aunque haya distancia de seguridad, "con el doble objetivo de actuar sobre el tabaquismo como factor de riesgo de infección y de contagio de la covid-19, junto a la necesidad de contribuir al control de la evolución de la enfermedad en España".

Al fumar se expulsa aire junto al humo a mayor distancia que la respiración normal, aumentando la posibilidad de que te lleguen los virus del fumador. (Foto de Critina Quicler / AFP via Getty Images)
Al fumar se expulsa aire junto al humo a mayor distancia que la respiración normal, aumentando la posibilidad de que te lleguen los virus del fumador. (Foto de Critina Quicler / AFP via Getty Images)

Hasta la fecha, la evidencia científica ha demostrado que el coronavirus se transfiere entre personas a través de las partículas que expulsan los fumadores (gotitas de Flügge), que pueden permanecer hasta 30 minutos en el aire en suspensión y alcanzan hasta los dos metros de distancia (dependiendo de dónde nos encontremos y la circulación de aire), lo cual les permite ingresar en las vías respiratorias de las personas del entorno.

Pero si echamos la vista atrás, ya en noviembre pasado colectivos sanitarios y de derechos civiles advertían de que el Covid-19 se transmite a través de aerosoles en distancias superiores a los 8 metros, tanto en espacios cerrados como abiertos, “es necesario alertar a la población de que fumar y vapear son actividades de alto riesgo de transmisión del virus”, afirma el médico Joseba Zabala, ya que ambas implican la producción y proyección forzada de microgotas y aerosoles respiratorios.

Ahí es dónde podría estar la clave de la medida: La proyección de aerosoles activos se produce a más de 8 metros. Así lo ha confirmado Zabala en sus redes y en declaraciones a los medios: "se producen aerosoles activas a más de 4,8 metros desde un punto de vista de transmisión y de contacto. Eso significa que los dos metros habituales -que más de una vez se ha esgrimido y que no han dicho las autoridades sanitarias- son insuficientes para la prevención del Covid".

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Los médicos y neumólogos no fueron los únicos que alzaron la voz al principio de la pandemia advirtiendo del peligro de los aerosoles en exteriores, un informe científico sobre vías de transmisión del SARS-CoV-2 y una revisión de estudios sobre la fluidodinámica de las gotas respiratorias revelan datos muy significativos como que "la distancia de 2 metros es aproximadamente segura cuando no hay viento (a 0 km/h, 20º C, una humedad relativa del 50 por ciento y una temperatura de la superficie del suelo de 15 º C)", lo cual indicaría que la cosa cambia cuando estas condiciones varían, especialmente si aumenta la velocidad del viento, ya que las partículas viajan por el aire. 

El documento cita estudios que lo prueban y resalta la importancia de explicar a la población el papel que juega la transmisión por el aire, a través de aerosoles expulsados por personas infectadas. En este sentido, se asume que si al respirar, hablar, gritar, toser y estornudar se emiten “abundantes partículas” de gotículas y aerosoles, al fumar también.

"Los nuevos conocimientos sobre la dinámica de emisiones respiratorias indican que las gotas respiratorias pueden alcanzar, en condiciones específicas, 7-8 metros, detalla uno de los estudios recogidos en el documento. Esto tiene importantes implicaciones para mejorar el diseño de las máscaras de protección respiratoria, las recomendaciones de distanciamiento social, las estrategias de prevención en las instalaciones de climatización y otras recomendaciones de salud pública. Según la autora, el modelo actual para entender las vías de transmisión de las enfermedades infecciosas respiratorias necesita ser reinterpretado a la luz de los nuevos conocimientos sobre la aerosolización de las partículas respiratorias y el transporte de las mismas a través del aire.

Por otro lado, durante la desescalada, los expertos aconsejaban establecer un espacio de entre 4 y 5 metros con la persona de delante cuando se camina e incluso se dijo que tratáramos de evitar situarnos justo detrás, y que dicha distancia debería aumentar hasta los 10 metros al correr o montar en bicicleta. Según esto tendría lógica pensar que si alguien está fumando y soltando un chorro de aire cerca nuestro, deberíamos retirarnos lo máximo posible.

Otro punto a valorar es el tiempo de exposición. En las terrazas nos pasamos horas interactuando con otras personas, no es un encuentro transitorio en los que el riesgo de contagio es menor. Cuando la exposición es prolongada, aumentan las posibilidades de contagio. 

Además, en una terraza no siempre estamos sentados y quietos, ni hablamos bajo. Nos levantamos para pedir, para ir al baño, para recolocar la silla porque queremos que nos de el sol o para evitarlo, para saludar a alguien, para acercarnos porque no nos oyen y elevamos el tono de voz. Es decir, nos movemos continuamente y esto favorece la propagación de aerosoles. 

Y por cierto, dicen los neumólogos que el riesgo de contagio no es solo para las personas de alrededor, sino que el propio fumador se expone en mayor medida al contagio al tocarse a menudo los ojos y la boca. También aseguran que fumar agrava la enfermedad porque "el tabaco debilita su sistema respiratorio y lo hace más vulnerable al virus" según se recoge en el documento de posición 'Fumar en tiempos del COVID-19' de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica junto a la Asociación Latinoamericana de Tórax (ALAT), la Unión Internacional contra la Tuberculosis y Enfermedades Respiratorias (La Unión) y otras Sociedades científicas latinoamericanas, que advierten que las sustancias tóxicas del humo del tabaco disminuyen las defensas de los pulmones.

Ello facilita que los virus y las bacterias puedan infectar los pulmones de un sujeto fumador con mayor frecuencia que los de uno que no consume tabaco. Además, las células pulmonares de los fumadores, tanto los de cigarrillos manufacturados como electrónicos, son especialmente susceptibles a ser infectadas por el SARS-Cov-2. Estas razones explican que la Covid-19 sea una enfermedad mucho más grave en los fumadores que en los no fumadores.

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