Las sangrientas luchas de guerrillas agobian a Colombia y Venezuela

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Guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN)
Guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN)

PUERTO SANTANDER, Colombia.– Las guerrillas colombianas comenzaron el año como mejor saben: a sangre y fuego. En la frontera entre el Arauca colombiano y el Apure venezolano la guerra es a muerte: se juegan entre ellos el control de las millonarias rutas del narcotráfico. Si alguna vez hubo algo de romanticismo en su lucha armada, ya nadie se acuerda.

En la frontera que sirve como puerta de escape a la diáspora venezolana no existen los acuerdos de paz, solo la fuerza bruta. A casi nadie le importa cuál es el brazalete que porte el guerrillero, ya sea un “eleno” del Ejército de Liberación Nacional (ELN), aliado irrestricto del chavismo; un disidente de las FARC del Frente Décimo, liderado por Iván Mordisco y Gentil Duarte; o uno de los derrotados de Segunda Marquetalia y sus comandantes históricos.

El látigo de la violencia se prolonga más allá, en ambos territorios, y no solo en las regiones fronterizas de Norte de Santander y Táchira. “En nuestro lado [el venezolano] está el ELN, que se reparte las zonas de poder con las fuerzas revolucionarias. Entran en los pueblos, distribuyen el CLAP [bolsas de comida subvencionada] y participan del control social del gobierno. Simplemente los guerrilleros no se meten en los asuntos de los policías, y viceversa. Al otro lado quedan distintas mafias locales, pero incluso en La Parada [junto al Puente Internacional Simón Bolívar] la guerrilla se cae a tiros con los malandros del Tren de Aragua [grupo mafioso original del centro del país y que también ha emigrado a Colombia y Perú]”, explica a la nacion, bajo estricto anonimato, un dirigente civil de San Antonio.

Al menos unos 30 muertos se contabilizan hasta ahora en los sangrientos combates que comenzaron en Año Nuevo entre los guerrilleros del ELN y las disidencias del Frente Diez, quienes vienen de derrotar a la alianza conformada entre militares venezolanos y sus socios de Segunda Marquetalia, también escindidos de las FARC, en el fronterizo estado venezolano de Apure.

Segunda Marquetalia perdió a sus principales comandantes tras las muertes de Jesús Santrich, Romaña y El Paisa. Nada se sabe del paradero del jefe supremo, el antiguo “canciller de las FARC” Iván Márquez, tras desmentir el gobierno de La Habana que esté refugiado en la isla.

Los tentáculos guerrilleros no se conforman con la frontera, su hábitat natural desde el tratado de paz. La “nueva frontera”, como la bautizó la activista Rocío San Miguel, extendió sus límites a buena parte del territorio venezolano, donde los guerrilleros colombianos tienen permiso gubernamental para actuar en al menos 12 de los 23 estados que configuran el país petrolero.

“Una frontera que ya no está al lado de los límites internacionales, sino en todas partes donde la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) entregó el control de las armas al crimen organizado”, añadió la presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad y la Fuerza Armada.

En el Arco Minero y en el Amazonas, fronterizos con Brasil, los guerrilleros hacen trabajos extra: vigilan las minas de los jerarcas chavistas y luchan con las mafias locales, llamadas Sindicatos, por el control del territorio a espaldas del Ejército. En su última incursión en el Orinoco, nada más comenzar el año, sorprendieron a los malandros en un pequeño puerto a pie de río y eliminaron a siete milicianos del Sindicato Barrancas.

Como si se tratara de una gran mancha de aceite que se extiende de forma silenciosa en un país, pero que no deja de manchar en el otro lado. Las fuerzas urbanas de las guerrillas siguen actuando en el interior de Colombia, no solo en la fronteriza Cúcuta como en los últimos meses, cuando intentaron asesinar al presidente Iván Duque o destruir un avión de la policía en el aeropuerto Camilo Daza. El atentado del viernes en Cali, capital del Valle del Cauca a casi mil kilómetros de la frontera, rememoró otros momentos ya pasados de la historia colombiana.

El ELN se atribuyó la acción terrorista en Cali, con 13 agentes heridos, que supone aún más presión para el gobierno de Duque cuando solo faltan unas semanas para que comience el rally electoral que conduce a las elecciones presidenciales de mayo. “Es claro su interés de incidir en el proceso electoral de este año con el apoyo de dictaduras socialistas y comunistas. Colombia no se doblega ni se doblegará jamás ante el terrorismo y nuestro gobierno jamás premiará a terrorista”, acusó Duque.

Enemigo feroz

De vuelta a la frontera, el ELN enfrenta un enemigo feroz. Envalentonados los disidentes tras su victoria en el Apure, se atrevieron a fustigar uno de los campamentos del ELN en territorio venezolano. Durante el asalto habría muerto, según autoridades colombianas, el comandante “eleno” Mazamorro, el segundo al mando en el Frente Domingo Laín Sáenz. Los “elenos” abandonaron su santuario venezolano durante unas horas y cruzaron el río Arauca para vengarse en Colombia del Décimo Frente de las FARC. Los combates arrojan cadáveres todos los días.

Las autoridades colombianas creen que la venganza de los “elenos” contra la disidencia se ejecutó en territorio venezolano, pero que buena parte de los cadáveres fueron arrastrados y abandonados en territorio colombiano. De hecho, los asesinatos y ejecuciones han proseguido en las últimas horas en ambos lados. A Danny Castrillón, de 19 años, le mataron en la colombiana Saravena. Fueron los “actores armados”, según denunciaron sus familiares. Al otro lado de la frontera, en El Amparo, los caídos fueron Fabio Rivera y su sobrino Francovis Villalón.

El Ejército colombiano desplegó dos regimientos en la frontera para poner freno a la carnicería de los subversivos, que también provocó el desplazamiento de cientos de pobladores del Arauca. Mientras, al otro lado, fuerzas venezolanas aseguran haber reforzado municipios fronterizos y elevado su “nivel de alerta” para “responder contundentemente ante cualquier agresión a nuestra soberanía”, subrayó el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y líder del generalato chavista.

“Es más difícil enfrentar grupos armados cuando el país vecino está controlado por una dictadura mafiosa, abusiva y violatoria de los derechos humanos como es el régimen de Maduro, que permitió a disidencias y ELN operar libremente en su territorio”, sentenció Juan Pappier, investigador de Human Rights Watch (HRW).

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