De saltar la valla fronteriza a ser coronado rey mago

Málaga (España), 2 ene (EFE).- El rey mago Baltasar se llama Hady Coulibaly, un africano de Mali que tiene 29 años y al que guió una estrella cuando decidió emprender un largo y difícil viaje por la vida desde su tierra buscando paz y forjarse un futuro.

Pero para eso tuvo que saltar -como otros inmigrantes irregulares- la valla fronteriza de Melilla, ciudad española en el norte de África fronteriza con Marruecos.

El 5 de enero se subirá también alto, pero ahora a la carroza del rey negro en la tradicional Cabalgata de Reyes Magos de la ciudad española de Málaga y, coronado en ese trono, se esforzará en hacer felices a los niños.

Encarnando al personaje estará el inmigrante que huyó con 18 años de la complicada situación que azotaba su país, en guerra y con crisis económica, y que hoy ha conseguido estar plenamente integrado en España, donde trabaja, estudia para integrar a otros y ahora tendrá el honor de disfrutar de una experiencia reservada a muy pocos.

Este musulmán que valora la tradición de base cristiana de las cabalgatas de Reyes, porque "da alegría a los niños", está agradecido de poder dar vida al rey mago Baltasar y "compartir un día mágico" con los niños y sus familias, asegura a EFE.

Los pajes que le acompañarán serán un senegalés y un colombiano, en la carroza de la tradicional cabalgata de Reyes Magos en la noche del 5 al 6 de enero, festivo en España.

Pero antes pasó mucho. Trabajaba en el campo en Mali y cuando optó por separarse de su gente (tiene allí siete hermanos) para encaminarse a otro horizonte tuvo que afrontar dos años de un complicado camino en los que recorrió Mauritania, Argelia y Marruecos antes de pisar territorio español en 2013.

En ese trayecto intentaba "hacer algo para sobrevivir", recuerda, para lo que buscaba algún trabajo.

Junto a otros inmigrantes logró saltar la valla que separa dos mundos. De aquello recuerda que fue su "salvación, un momento muy feliz" y aunque admite que no es legal atravesar esa barrera, se centra en el motivo de quien lo hace, en su caso ante las muertes en la guerra de su país.

Y TODO CAMBIÓ

En Melilla permaneció dos meses hasta que como solicitante de asilo lo trasladaron en barco a un centro de refugiados en Málaga, en el sur de España, hace casi una década. Ahí empezó a cambiarle la vida.

Encontró "una nueva familia", la de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), que le brindó apoyo y cariño, le proporcionó alojamiento y le ayudó a formarse y a trabajar.

Durante los primeros cuatro años en la ciudad aprendió el español que hoy maneja bien y acudía a cursos de formación, a la vez que buscaba trabajos de todo tipo.

Estuvo tres años bajo el estatus de asilo, pudo conseguir el arraigo social por trabajo más un contrato de un año como jardinero y, de esa forma, regularizar su situación ya en 2016.

A finales de 2017 empezó a trabajar en CEAR en el mantenimiento y limpieza de su centro en la ciudad, donde estudia para técnico de Integración Social con el objetivo de "poder ayudar a la gente".

"Que los reyes magos hagan realidad todos los sueños y deseos de los niños y niñas" es el deseo de este Baltasar que aprovecha para reivindicar que "vivamos en un mundo en el que haya paz y donde todos, más allá del país de origen y del color de la piel, seamos hermanos y vivamos en igualdad".

Salvador Ruiz

(c) Agencia EFE