Sala polivalente transformada en hospital de campaña en el sur de Portugal

Levi FERNANDES
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"¡Fue muy complicado!", suspira Carlos Castro Ferreira, impaciente por abandonar el hospital de campaña del sur de Portugal donde fue tratado por covid-19 durante diez días, a casi 300 km de su casa, para aliviar la saturación de los hospitales de la región de Lisboa.

"Me siento mucho mejor ahora", asegura este sexagenario, que sufre problemas cardíacos, en el momento de abandonar en silla de ruedas el hospital de campaña montado en "Portimao Arena", la sala de usos múltiples de esta ciudad de la región de Algarve.

Un poco más tarde, le toca a Rosinha irse. Después de casi tres semanas de hospitalización, algunas enfermeras rodean la silla de ruedas de la anciana para tomar una selfie.

La inmensa sala, que suele acoger conciertos o exposiciones, se transformó en un hospital de campaña con un centenar de camas.

En todo Portugal se han creado varias estructuras de este tipo para aliviar a los nosocomios, desbordados por la explosión de los casos de coronavirus en Portugal, que durante enero tuvo la mayor tasa mundial de contagios.

En total, más de 5.800 pacientes seguían hospitalizados el miércoles, después de un pico de casi 6.900, alcanzado el 1 de febrero.

Cerca de 15.000 personas murieron de covid-19 en Portugal, más de la mitad desde principios de año.

Desde su inauguración, el 8 de enero, el centro de Portimao atendió a 170 pacientes. La mayoría de los 25 enfermos atendidos el martes, con una edad media de 80 años, habían sido trasladados desde hospitales de capital, desbordados por esta tercera ola epidémica.

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El espacio está organizado en torno a un gran pasillo central y habitaciones separadas por tabiques desmontables.

En cada una, una tubería azul proporciona oxígeno para estos enfermos, en caso de ser necesario.

"Cuando ves que los pacientes se van, piensas que el esfuerzo vale la pena!", comenta la responsable de este hospital, la doctora Ana Castro, que no ha visto a sus dos hijos desde hace 3 meses.

"Lamentablemente, no todos tienen esa oportunidad", señala esta oncóloga. Una de sus pacientes acaba de morir y un equipo de enfermeras levanta inmediatamente un biombo frente a la cama para colocar el cadáver de una anciana una funda blanca y sacarlo rápidamente.

"Lo esperábamos desde hace unos días. La familia estaba advertida", confiesa una enfermera, resignada.

A pesar de la dura realidad, el personal sanitario se esfuerza por ayudar a los enfermos a mantener el ánimo durante su hospitalización.

Vestidos con trajes, batas, capuchas de protección y guantes, un equipo va a la cabecera de los pacientes, con una tableta en la mano, para que puedan ver y hablar con sus seres queridos.

"Entonces, papá, ¿cómo estás hoy?", lanzan los dos hijos de un enfermo en una videollamada, feliz de ver a su padre responder con una sonrisa: "Estoy bien. Me siento bien aquí".

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