Sacudido por demandas sociales, Chile rehacería su Constitución

Eduardo Thomson
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(Bloomberg) -- Atrapados entre su estatus de país económicamente destacado de América Latina y la creciente indignación interna por la desigualdad, los chilenos comienzan el domingo un proceso de autodefinición al elegir si redactar una nueva Constitución y cómo hacerlo.

Si, como se espera, los chilenos votan para deshacerse de la Constitución redactada bajo la dictadura de Augusto Pinochet, la estabilidad económica a largo plazo del país podría ponerse a prueba mediante un mayor gasto social y cambios en ciertas reglas favorables al mercado que, según muchos, benefician a un pequeño grupo de élites empresariales.

Todo el proceso, destinado a restaurar la estabilidad política, en realidad crispará los nervios de una nación tensa y dividida. Treinta años después del fin del régimen de Pinochet, en octubre pasado, Chile estalló en protestas para exigir el fin de su legado económico de capitalismo sin restricciones, consagrado en la Constitución. Las manifestaciones llevaron a millones de personas a las calles para exigir cambios, pero también se observaron cientos de tiendas saqueadas, edificios quemados y el ejército tuvo que salir a las calles para restaurar el orden. Los chilenos ahora deben decidir qué nuevo sistema construir a partir de las cenizas.

Y en medio de toda la inestabilidad por la nueva constitución, Chile también celebrará elecciones presidenciales en noviembre de 2021. Con la oposición de centro-izquierda profundamente dividida y la impopularidad del Gobierno actual, el resultado está lejos de ser claro.

“Tras el plebiscito parte un nuevo período de inestabilidad y movilizaciones, esto no se acaba el domingo, porque ese día comienza un nuevo ciclo”, dijo Kenneth Bunker, analista político y fundador del sitio de pronósticos electorales Tresquintos.cl. “Lo más probable es que el día después del plebiscito enfrentemos una drástica fragmentación política donde nacerán muchas nuevas figuras presidenciales y distintos tipos de liderazgos desde la calle, desde organizaciones civiles, que apuntarán a participar de este proceso sin un partido detrás”.

Si los chilenos dicen que sí a una nueva Constitución, entonces deben elegir en abril el organismo que la redactará. Después de eso viene un año de debate, seguido de una votación final sobre la aceptación de la nueva carta magna.

Apruebo, Rechazo

Cuando estallaron las manifestaciones hace un año, fue un golpe para muchos inversionistas y una clase gobernante que pensaba que el modelo chileno de crecimiento económico era ampliamente aceptado.

Los ciudadanos responderán a dos preguntas el domingo: ¿quiere usted una nueva Constitución? y ¿qué tipo de órgano debiera redactar la nueva Constitución? Una encuesta realizada a finales de septiembre por Criteria Research mostró que 72% de los chilenos votará “Apruebo” a la primera pregunta, mientras que una mayoría más pequeña respalda una nueva asamblea constituyente para redactar la carta magna. La alternativa es una combinación de legisladores existentes y funcionarios recién elegidos.

Si “Apruebo” no gana, “podría surgir un descontento social masivo, poniendo en riesgo la estabilidad política del país”, escribió Alonso Cervera, analista de Credit Suisse, esta semana en un informe.

Esas tensiones han sido evidentes. El domingo pasado, decenas de miles de personas marcharon por el centro de Santiago exigiendo mayor igualdad, en una manifestación que duró todo el día para apoyar una nueva Constitución. Pero en las calles al sur de la avenida principal, antisociales prendieron fuego a dos iglesias, rompieron ventanas y encendieron barricadas.

Bajo tensión

Mientras tanto, los mercados están sufriendo. El índice bursátil MSCI Chile ha tenido un desempeño inferior al de todos sus pares regionales, excepto Colombia, desde que estalló la ola de protestas y disturbios hace 12 meses. El volumen de negociación y las nuevas emisiones en el mercado local de renta fija se han desplomado este año.

Si bien la mayoría de los chilenos exige un cambio en una sociedad profundamente desigual donde el Estado brinda el mínimo de servicios, muchos de la derecha consideran la votación del domingo como una amenaza a todo lo que hizo del país un modelo de buena gestión económica de la región.

Les preocupa que la nueva carta magna consagre una serie de derechos a la educación, la salud y la vivienda, y socave la prudencia fiscal que ha convertido a Chile en el soberano mejor calificado de América Latina.

Para evitar que se incluyan puntos de vista más radicales en la Constitución, la derecha ha insistido en una cláusula de que todos los artículos deben ser aprobados por dos tercios de los miembros de la convención. Pero eso conlleva sus propios riesgos.

Con pocas esperanzas de un acuerdo, Chile podría terminar “con una constitución excesivamente abreviada que probablemente no lograría una mayor estabilidad política”, escribió en un informe, Leonardo Suárez, jefe de investigación de la firma de corretaje LarrainVial.

Y los disturbios y la incertidumbre política frenarán el crecimiento incluso cuando el Gobierno planifique medidas de estímulo para contrarrestar los efectos de las cuarentenas por coronavirus, según un informe de Mathieu Racheter, analista de mercados emergentes de Julius Baer.

“El debate constitucional seguirá siendo un exceso sobre los precios de los activos locales durante los próximos meses, si no, años, manteniendo los flujos en silencio”, dijo Racheter.

Nota Original:Jolted by Social Demands, Chile Poised to Rewrite Constitution

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