Sacmex rechaza informar cómo operó el drenaje antes de la inundación de Tula

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Sacmex rechaza informar cómo operó el drenaje antes de la inundación de Tula
Sacmex rechaza informar cómo operó el drenaje antes de la inundación de Tula

El Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) se ha negado a hacer pública la información sobre los niveles de agua que había en el sistema de drenaje profundo y cómo fueron operadas las compuertas el día en que se activó el mecanismo de desagüe que provocó el desbordamiento del río Tula, el pasado 6 de septiembre.

Sacmex es una de las tres autoridades que forman parte de la Comisión Metropolitana de Drenaje, órgano que ese día tomó la decisión de enviar hacia Tula aguas residuales y pluviales para evitar inundaciones en la CDMX. Las otras dos autoridades que integran el órgano tripartito son la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la Comisión de Aguas del Estado de México (CAEM).

Desde el 28 de septiembre, Animal Político solicitó a Sacmex que informara cuáles eran, hora por hora, los niveles de almacenamiento, posiciones de compuertas y niveles de bombeo en túneles emisores, presas, lumbreras, lagunas de regulación y plantas de bombeo del sistema de drenaje metropolitano entre el 30 de agosto y el 18 de septiembre, es decir, una semana antes y dos semanas después de la inundación de Tula.

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De acuerdo con Dean Chahim, ingeniero y antropólogo experto en el sistema de drenaje metropolitano, conocer esa información podría ayudar a entender si la decisión de activar el Protocolo de Operación Conjunta –mediante el cual se enviaron aguas del Valle de México hacia Tula— estuvo justificado.

Mediante cuatro solicitudes de transparencia, se solicitó a Sacmex información sobre 3 vasos reguladores, 9 presas, 6 plantas de bombeo y 17 lumbreras, a fin de conocer cuánto más de agua podía almacenar el sistema de drenaje metropolitano antes de expulsarla hacia el río Tula el 6 de septiembre; también permitiría saber cuál fue la cantidad de agua que se envió hacia dicho municipio hidalguense, cuyo río se desbordó y mató a 14 personas que estaban internadas en el Hospital General de Zona número 5 del IMSS de Tula.

De igual modo se le solicitó la entrega del acta de operación del mecanismo de drenaje del 6 de septiembre en la que se justificara la toma de decisiones y se indicara cuál fue la cadena de mando.

Asimismo, dado que las solicitudes de transparencia abarcaron un periodo de una semana antes al día del desastre, la información permitiría saber si la Comisión Metropolitana de Drenaje vació a niveles suficientes los sistemas reguladores de la ciudad ante la previsión de lluvias importantes, como indica el Protocolo de Operación Conjunta del Sistema Hidrológico del Valle de México, documento que rige la actuación del organismo tripartita.

“Ya sabemos que expulsaron muchísima agua –150 metros cúbicos por segundo, si no más– a Tula la noche del 6 y madrugada del 7 de septiembre”, plantea Chahim. “Pero la pregunta es: ¿que otras alternativas había? Si hubieran retenido el agua más tiempo en el Valle de México –para no mandar el agua de golpe al río Tula, inundando a 30 mil personas y matando a 14— ¿qué habría pasado? ¿Cuáles áreas de la zona metropolitana habrían inundado?

“Mi sospecha es que sí hubiera habido inundaciones, pero dudo que la afectación hubiera sido tan grave como fue en Tula”, explica, “justamente porque en el Valle de México el sistema de drenaje es tan grande que los ingenieros hubieran podido –a través de un cierre parcial de compuertas y reducciones en bombeo– generar encharcamientos en un área grande. En comparación con el desbordamiento violento del río Tula, las afectaciones hubieran sido mucho menores. Es sólo es una teoría. Pudo haber otras alternativas. ¿Pero cómo lo podemos comprobar? Por eso se necesitan las bitácoras. Las bitácoras son el registro de todas estas operaciones más un registro de los niveles de agua en los puntos críticos del sistema. Si imaginas que la ciudad es un cuerpo, el drenaje es parte clave de su sistema circulatorio y las bitácoras miden la presión arterial en varios puntos”.

Opacidad

A tres meses de la recepción de las solicitudes, Sacmex se ha negado consistentemente a entregar la información requerida, incluso pasando por encima de la normativa que rige el Sistema Nacional de Transparencia.

La primera maniobra de Sacmex fue, el último día del plazo para entregar la información –5 de octubre–, argumentar que su archivo era muy “vasto y complejo” y pedir una ampliación del plazo por siete días, lo que fijó el 14 de octubre como nueva fecha de cumplimiento.

Pero el sujeto obligado no respetó la prórroga que él mismo solicitó y, sencillamente, dejó pasar los días sin dar una respuesta.

Este medio promovió cuatro recursos de revisión ante el Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública, Protección de Datos Personales y Rendición de Cuentas de la Ciudad de México (INFOCDMX) por falta de respuesta del sujeto obligado.

El órgano garante inició los recursos de revisión INFOCDMX/RR/IP.1995/2021, 1996/2021, 1997/2021 y 2117/2021, los cuales fueron turnados a las ponencias de los comisionados Julio César Bonilla Gutiérrez, Laura Lizette Enríquez Rodríguez y Arístides Rodrigo Guerrero García.

El primero de los asuntos continúa en elaboración, mientras que el resto ya fue resuelto por el Pleno del Instituto.

Durante el periodo de substanciación de los recursos, Sacmex justificó en todos los casos que no entregó la información a tiempo por “carga de trabajo”. Sin embargo, en el mismo documento deslizó que, de cualquier modo, no entregaría lo solicitado, por dos razones: primero, porque en la operación del drenaje metropolitano participan otras instituciones locales y federales, lo que excedería su propio ámbito de actuación, y segundo, porque el drenaje es un área estratégica cuya operación no se puede revelar al público.

“Derivado de la carga de trabajo y las diversas lluvias presentadas, se complicó otorgar respuesta en tiempo. Informando que las bitácoras operativas de trabajo solicitadas contienen información con datos técnicos y específicos de la infraestructura hidráulica de drenaje, mediante la cual se lleva a cabo el control de aguas negras y pluviales. Por lo que el daño que pueda producirse con la publicidad de la información es mayor que el interés publico de conocerlos, poniendo en riesgo o vulnerando la correcta operación y seguridad de las instalaciones, así como de los operadores”, expuso en su justificación.

“Por lo que la información solicitada se considerada de acceso restringido en su modalidad de reservada, ponderando que la divulgación de información respecto de un área estratégica susceptible de comprometer la seguridad de las instalaciones e infraestructura del SACMEX, lo que redunda en perjuicio del interés colectivo de los habitantes de esta ciudad”.

En la mayoría de los casos, el INFOCDMX consideró que Sacmex incumplió la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Rendición de Cuentas de la Ciudad de México, porque no probó de qué manera publicar la información representaría un daño, y porque la “reservó” sin haberla sometido a su Comité de Transparencia, que es la autoridad facultada para restringir el acceso a información de interés público.

Además, los comisionados advirtieron que en las solicitudes enviadas no se requirió información que se pueda considerar como estratégica susceptible de ser reservada, como ubicación de las instalaciones o sus características técnicas.

Sólo la comisionada Laura Lizette Enríquez Rodríguez, en el expediente INFOCDMX/RR/IP.1996/2021, consintió la maniobra de Sacmex y sobreseyó el asunto con el argumento de que el sujeto obligado sí había emitido una respuesta, a contrapelo de sus colegas que reconocieron que la presunta respuesta no estaba fundada conforme a la ley. El sobreseimiento ya fue impugnado ante el INAI.

Para el ingeniero Dean Chahim, conocer las bitácoras del manejo del drenaje de la CDMX permitiría conocer la “verdad histórica” respecto de las causas que provocaron el desbordamiento del río Tula.

“¿Por qué debe de ser público todo esto? Volviendo a la analogía de un cuerpo: si muere un paciente, las familiares siempre tienen el derecho de ver las notas médicas –como la bitácora– para entender qué pasó y si hubo algo que se pudo haber hecho diferente. Los mismos doctores también lo revisarían para mejorar su técnica y prever tragedias hacia el futuro. No hay nada secreto en estas bitácoras”, afirma el especialista.

“No estamos hablando de las ubicaciones de bases militares secretas. Es el drenaje. Es un sistema público. Las bitácoras y el protocolo ni siquiera revelarían las ubicaciones exactas de las instalaciones. La única razón por lo cual yo pienso que están negando la información es que no quieren que alguien más contradiga su versión de qué pasó esa noche: que fue, como dice Conagua, inevitable, incontrolable e imprevisible. Las bitácoras son esenciales para empezar a acercarnos a la verdad histórica de lo que pasó esa noche y en los días anteriores que precipitó la tragedia en Hidalgo. Estas bitácoras son los únicos registros –las únicas pruebas– que existen sobre el flujo de agua en el sistema y las decisiones que los operadores tomaron. Sin ellos, sólo sabemos el resultado”.

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