Sacha Baron Cohen se pone serio con su comedia cáustica y un Borat en esteroides

Maureen Dowd
·14  min de lectura

Borat usa el lecho de flores que está frente al Hotel Internacional Trump en el Círculo de Colón de la ciudad de Nueva York como baño para caballeros.

Sacha Baron Cohen toca el chelo y planea tomar clases por Zoom impartidas por los maestros.

Sacha Baron Cohen en Los Ángeles el 12 de octubre de 2012. (Buck Ellison/The New York Times)
Sacha Baron Cohen en Los Ángeles el 12 de octubre de 2012. (Buck Ellison/The New York Times)

Borat encierra a su hija adolescente dentro de una jaula. (“¿Es más linda que la jaula de Melania?”, se pregunta ella). Y cuando la lleva a comprar ropa, él le pide a la vendedora que los dirija a la “sección de ‘No significa sí’”.

A Sacha Baron Cohen, que alguna vez soñó con ser chef, le encanta cocinarle a su familia.

Borat compra un pastel de chocolate y le pide a la mujer que está detrás del mostrador que escriba esta frase: “Los judíos no nos reemplazarán” con glaseado y una carita feliz al final.

Sacha Baron Cohen es judío practicante, habla hebreo y trabaja con la Liga Antidifamación en la campaña “Frenemos el odio con fines de lucro”, que tiene como propósito acabar con la saña en las redes sociales.

Borat canta una cancioncilla sobre la gripe de Wuhan y sobre descuartizar periodistas “como lo hacen los sauditas”.

Sacha Baron Cohen se conecta a Zoom para que le hagan una entrevista, con una gorra negra de béisbol, una camiseta negra y el vello de la barba que empieza a vislumbrarse. ¿Para qué rasurarse en tiempos de COVID?

Hablamos durante dos horas sobre todos los temas, desde la descontrolada secuela de “Borat” hasta la manera en que se enamoró de su esposa, la actriz pelirroja Isla Fisher, cómo se preparó para interpretar a Abbie Hoffman en la nueva película de Aaron Sorkin, que se estrenó en Netflix: “The Trial of the Chicago 7”, y por qué decidió dirigirse a Mark Zuckerberg y a los “seis de Silicon Valley”.

Sería erróneo pensar que el comediante jamás podría hacer algo más alocado que lograr que Dick Cheney le firmara un kit de tortura en “Who Is America?”, su serie de 2018 producida para Showtime. Hay una escena con uno de los principales asesores del presidente Donald Trump en “Borat Subsequent Movie Film: Delivery of Prodigious Bribe to American Regime for Make Benefit Once Glorious Nation of Kazakhstan” (con un estreno programado para el viernes en Amazon) que resulta impactante.

Dicen que Trump destruyó la sátira. Pero Baron Cohen demuestra que no es así.

He estado siguiendo de cerca su obra y molestándolo para que acepte ser entrevistado desde que llegó por primera vez a Estados Unidos, disfrazado de Ali G, un aspirante británico a rapero, cuando engañaba a dignatarios que, sin sospecharlo, eran entrevistados por él.

Sacha Baron Cohen en Los Ángeles el 12 de octubre de 2012. (Buck Ellison/The New York Times)
Sacha Baron Cohen en Los Ángeles el 12 de octubre de 2012. (Buck Ellison/The New York Times)

Le preguntó al confundido James A. Baker III por qué usaba un sistema de zanahorias y palos en la diplomacia internacional. ¿Y si a un país no le gustaban las zanahorias? ¿Y si sus ciudadanos preferían un vegetal distinto?

En 2003, Ali G le propuso a Trump invertir en un guante para comer helado que tenía como propósito evitar que la mano quede pegajosa.

Trump, que salió de la entrevista asqueado, me dijo después: “Creí que en serio estaba retrasado. Fue una total estafa. Pero mi hija Ivanka vio la entrevista y le pareció genial”.

Baron Cohen, que cumplió 49 años la semana pasada, dijo: “Obviamente me doy cuenta de que el presidente me ha desagradado desde hace mucho tiempo. Por eso quise entrevistarlo en mi papel de Ali G”.

“Su genialidad fue apropiarse del término con el que lo atacaban, las ‘noticias falsas’, y usarlo en contra de todos los periodistas que tenían integridad periodística”.

Como bromista no tiene problemas para salir corriendo de un hotel de lujo en Nueva York y recorrer la calle usando lencería rosa con encaje. Pero fuera de personaje, es muy privado, incluso un poco tímido.

Durante muchos años se rehusó a dar entrevistas como él mismo. A veces hablaba como sus personajes. Solía dejar que lo criticaran sin revirar, como cuando los periodistas se preguntaban si Ali G pertenecía a la tradición de Al Jolson y cuando Abe Foxman, el exdirector de la Liga Antidifamación (ADL por su sigla en inglés), criticó a Borat, pues temía que el personaje incitara actitudes antisemíticas en las personas que no identificaran la ironía de su humor.

Después del mitin de nacionalistas blancos en Charlottesville, Virginia, un consternado Baron Cohen se comunicó con Jonathan Greenblatt, director de la ADL, quien convenció a la estrella de ofrecer el discurso principal en la conferencia de la ADL del año pasado: Never Is Now.

“Me impresionó mucho su inteligencia”, dijo Greenblatt. “Estos asuntos conforman el núcleo de su estilo artístico único. Más que cualquiera en la vida pública de la actualidad, expone los prejuicios —ya sea el antisemitismo, la homofobia o el racismo de filas— por lo que son, algo vergonzoso, atroz e ignorante”. (De hecho, Baron Cohen usó el hebreo y un poco de polaco como reemplazo para la lengua kazaja de Borat).

El actor comenzó su discurso diciendo que, para ser claro, “cuando digo ‘racismo, odio e intolerancia’, no me refiero a los nombres de los labradoodles de Stephen Miller”. Después señaló que, aunque sus montajes podían ser “juveniles” y “pueriles”, al menos algunos tenían como propósito hacer que la gente revele lo que creían en realidad, como “cuando Borat pudo hacer que todo un bar en Arizona cantara ‘Tiren al judío por el pozo’, un momento que reveló la indiferencia de la gente ante el antisemitismo”.

Como crítica a los líderes de la nube, dijo que Facebook propagaba y microdirigía cualquier anuncio “político” que la gente quisiera publicar, aunque fuera mentira. “Si Facebook hubiera existido en la década de 1930, habría permitido que Hitler publicara anuncios de 30 segundos sobre su ‘solución’ para el ‘problema judío’”.

El discurso impulsó la campaña “Frenemos el odio con fines de lucro”, con una coalición de grupos de derechos civiles y Baron Cohen, que reunió a celebridades. Ofrecer ese discurso fue algo que estuvo “completamente fuera de mi zona de confort”, dijo, porque “siempre me he rehusado a ser celebridad y siempre me ha preocupado usar mi fama para impulsar cualquier postura política, en serio”.

Conviviendo con seguidores de las teorías de conspiración

Baron Cohen en realidad comenzó a estudiar el antisemitismo en la Universidad de Cambridge, cuando escribió su tesis acerca de la “alianza afro-judía” y la política identitaria en el movimiento de derechos civiles. Por eso fue una excelente opción para interpretar al pícaro Abbie Hoffman.

“Básicamente, estaba tratando de ser comediante de ‘stand-up’”, dijo Baron Cohen acerca de Hoffman, quien fundó los Yippies y promovió el “flower power”. “Lenny Bruce fue una gran influencia para él y se dio cuenta de que, si podía hacer reír a la gente, podía hacerlos partícipes de la causa”.

Aunque se describe como “un comediante que ha incursionado un poco en la actuación a lo largo de los años”, como todos los grandes payasos (sí, fue a la escuela de payasos, L’Ecole Philippe Gaulier) Baron Cohen de hecho pudo pasar fácilmente de lo ligero a lo oscuro.

Sorkin, que escribió y dirigió la película sobre los 7 de Chicago, dijo que el día que Baron Cohen filmó su escena en el banquillo de los testigos le recordó el día en que Jack Nicholson filmó la escena del tribunal en “A Few Good Men”, y señaló: “Todos querían verlo; a 120 extras no les importó que la cámara no los filmara. Se quedaron solo para verlo a él”.

Baron Cohen ha sido descrito como un Tocqueville atrevido, y él dijo que sí vio un gran cambio en la sociedad estadounidense desde la época en que filmó “Borat” hace quince años hasta el momento en que grabó la secuela.

“En 2005, se necesitaba a un personaje como Borat que fuera misógino, racista y antisemita para revelar los prejuicios internos de la gente”, comentó. “Ahora esos prejuicios internos son explícitos. Los racistas están orgullosos de serlo”. Cuando el presidente es “un racista y un fascista descarado, eso permite que el resto de la sociedad también cambie su diálogo”, comentó.

“Mi objetivo no era exponer el racismo y el antisemitismo”, dijo sobre la secuela. “La meta es hacer reír a la gente, pero revelamos el lado peligroso del autoritarismo”.

Especuló acerca de si Estados Unidos se “convertiría en una democracia exclusivamente nominal, similar a las democracias turca o rusa”, tras un segundo periodo presidencial de Trump.

Dijo que se mudó con dos seguidores de las teorías de conspiración durante unos cuantos días como parte de la nueva película de “Borat” para mostrar que “son personas ordinarias y buenas a quienes simplemente les han impartido un régimen de mentiras. Son completamente distintos de los políticos que se ven motivados por su propio poder, quienes se dieron cuenta de que pueden generar miedo propagando esas mentiras a través de la máquina propagandística más eficaz de la historia”: las plataformas de redes sociales.

Yo pensaba que el momento más desafiante del comediante fue cuando se quedó dormido en su papel de Ali G, después de beber con dos ancianos sureños en Misisipi, pero, de alguna manera y para sorpresa de su aterrado director, despertó interpretando a su personaje.

No obstante, en la nueva entrega de “Borat”, filmada en parte durante la pandemia, dijo que “lo más difícil fue vivir como ese personaje durante cinco días en esa casa confinada. Despertaba, desayunaba, almorzaba, cenaba y me iba a dormir en mi papel de Borat mientras vivía en una casa con dos seguidores de las teorías de conspiración. No puedes dejar de lado el personaje en ningún momento”.

Dijo que, cuando estaba presentando “Borat” a los servicios de transmisión en continuo, varios se mostraron preocupados por el contenido político y la idea de transmitirla antes de las elecciones.

No obstante, el comediante estaba decidido a estrenarla antes del día de las elecciones porque quería “que fuera un recordatorio para las mujeres acerca de por quién estamos votando, o por quién no están votando. Si eres mujer y no votas para sacar a ese tipo de la presidencia, entonces tienes que estar consciente de lo que estás haciéndole a tu género”.

Celebridades de segunda

Me pregunto si, con todas las escenas de sus escapes casi fallidos de manos de gente loca y armada, de sus escabullidas por escotillas y furgonetas, con un portapapeles en caso de que tuviera que evadir balas, su esposa alguna vez le dice que su trabajo es demasiado peligroso.

“Si tengo que hacer algo peligroso, simplemente no se lo digo sino hasta que termino”, comentó. “Cometí un error con ella. Una vez vino a la filmación solo por diversión. Eso significa ir de paseo en la camioneta en la que me transportaba para filmar ‘Bruno’. Terminamos viviendo una persecución policiaca. Estaba en otro auto y la policía estaba tratando de encontrarme. A ella todo ese episodio le pareció muy perturbador, y jamás volvió a la filmación de nuevo”.

Fisher, una Carole Lombard moderna que se convirtió al judaísmo para estar con Baron Cohen, ha dicho que es difícil avergonzarlo.

“Sí me da vergüenza, pero, cuando entro en personaje, me involucro totalmente a tal nivel que casi quedo atrapado en el personaje”.

Baron Cohen cree, como dijo Abbie Hoffman, que “con las vacas sagradas se cocinan las hamburguesas más sabrosas”.

En “Who Is America?”, satirizó a la izquierda política con un personaje que es profesor de Género y de Estudios de la Mujer en la Universidad Reed. El profesor cree que “el arma química más peligrosa del mundo es la testosterona” y se refiere a Hillary Clinton como “la presidenta”. Anda en bicicleta y usa una camiseta de NPR y un gorro de feminista, y dice cosas como: “En nuestra yurta, tratamos de desafiar los estereotipos de género. A mi hijo, Harvey Milk, no le permitimos orinar parado. Y obligamos a nuestra hija, Malala, a orinar parada”.

Baron Cohen explicó que su objetivo también era “desafiar y burlarse de lo absurdo de la extrema izquierda, con la falta de efectividad de los extremistas de izquierda que no pueden hacer una simple pregunta porque hay muchos requisitos antes de formular cualquier oración para no ofender a nadie”.

Otros comediantes hablan de su trabajo maravillados, sobre todo de las escenas con las que se burla de la izquierda, las cuales seguramente afectan sus posibilidades de recibir premios en Hollywood.

Si se escribiera una lista de lo que conforma la excelencia, dijo Bill Maher, Baron Cohen la ilustraría.

“Es la originalidad, el valor, el nivel de dificultad, la comedia de risa desatada”, dijo Maher. “Se trata de lo que hace que la gente revele de sí misma y, al hacerlo, también revela lo que piensa el país, y eso es sorprendente. Es un genio que está en su propio nivel”.

Le pregunto a Baron Cohen cómo dos celebridades de primera, que tienen tres hijos, hacen que su relación funcione.

“Por suerte no somos celebridades de primera”, comentó. “Recuerdo que una vez, en Hollywood, estaba tratando de evitar que me fotografiaran los paparazzi. Creo que me puse algo frente al rostro cuando salí del restaurante y un fotógrafo gritó: ‘¡Eres una celebridad de segunda!’. Y yo le dije a Isla: ‘Dios mío, ¡somos celebridades de segunda! ¡Lo logramos! Somos celebridades de segunda’”,

Reflexionó acerca de que “parece extraño que aún estemos casados en Hollywood después de tantos años”.

Se conocieron en Sídney, Australia, en el año 2000. ¿Para él fue amor a primera vista?

“Era muy graciosa”, dijo. “Estábamos en una fiesta muy pretenciosa, y nosotros comenzamos a hablarnos burlándonos de los demás asistentes. Lo supe de inmediato. No sé si a ella le pasó lo mismo”. Se rio. “Le ha tomado casi veinte años saberlo”.

¿Entonces qué hará ahora que puede tomarse un descanso mientras se estrenan sus dos películas?

“Bueno”, dijo Baron Cohen. “Podría intentar hacer ejercicio de nuevo porque no lo he hecho en siete meses”.

A menos que tomemos en cuenta los momentos en que escapó de estadounidenses locos.

Hora de confirmar o negar

-¿Hiciste que tu papá fingiera ser un chef famoso en tu boda?

Correcto. Tuvimos una boda secreta en París. Y la treta era que se trataba del cumpleaños número 70 de mi padre y que él era un chef famoso en Inglaterra. Así evitamos que hubiera fotógrafos en la boda. Lo entrené para que adoptara el personaje. Dijo que el platillo favorito entre sus creaciones era L’oeuf Revuelté.

-Hiciste un brindis por Zoom en la boda de Ashley Underwood y Larry David, quien fue productor de “Who Is America?”.

Yo y mi esposa se lo presentamos a Ashley en mi fiesta de cumpleaños. Juntos, hemos organizado tres bodas.

-Tu película favorita de Adam Sandler es “You Don’t Mess With the Zohan”.

De hecho yo traté de quedarme con esa película, de reescribirla, de aparecer en ella.

-En tu personaje de Ali G en 2000, interpretarse al conductor de una limosina en el video “Music” de Madonna.

Así es.

-Si Steve Mnuchin no fuera secretario del Tesoro, ¿crees que habría producido la secuela de “Borat”.

No. Creo que fue uno de los financiadores de la primera entrega de “Borat”.

-Incursionaste en el “trading” intradiario en Robinhood durante el confinamiento.

Ojalá. De hecho, he perdido mucho dinero. Soy muy malo con lo financiero.

-La mayoría de las noches te la pasas leyendo noticias catastróficas en Twitter mientras ves “The Great British Baking Show” en Netflix.

Aunque sí tuiteo de vez en cuando, no tengo acceso a Twitter. Creo que me enfurecería demasiado con las noticias y no podría controlarme. Cuando escribo un tuit, no tengo acceso a mi cuenta, así que debo enviárselo a alguien para que lo publique.

-Te quedaste en la casa de Brad Pitt y Jennifer Aniston mientras filmabas la película de Ali G.

Correcto.

-Aún eres amigo de Pamela Anderson, quien realizó un cameo en la primera entrega de “Borat”.

Jamás fui su amigo. “Borat” fue la razón por la que se divorció. Escribió eso en sus documentos de divorcio: “Razón del divorcio: Borat”. Mostró la película en la casa de Ron Meyer con Kid Rock. No le había dicho que salía en ella. Me envió un mensaje de texto después de la película y le pregunté: “¿Cómo salió todo?”. Después respondió: “Genial, aunque me estoy divorciando”. Pensé que era broma, pero era cierto.

-Tu hermano, Erran, el compositor que escribió la música de Ali G y un nuevo himno nacional para Kazajstán para la primera entrega de “Borat”, y quien también creó la música de la secuela, hizo el mejor disco de Janucá de la historia: “Songs in the Key of Hanukkah”, con muchos invitados como Chrissie Hynde y el rapero Y-Love.

Es cierto.

-Tocas el violonchelo.

Correcto. De hecho, mi primera aparición en televisión fue como músico, tocando el violonchelo en un programa llamado “Fanfare for Young Musicians”.

-No puedes creer que Tom Hayden se haya quedado con Jane Fonda.

No puedo creerlo.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

MÁS HISTORIAS QUE TE PUEDEN INTERESAR:

El regreso de Brozo que odiarán los seguidores de AMLO... y amarán sus detractores

Murió Doreen Montalvo, actriz de The Good Wife y La ley y el Orden

Marjorie de Sousa vs Julian Gil, su pleito les ha dado fama, pero a costa de lo peor

EN VIDEO: YouTube promete prohibir las afirmaciones engañosas sobre las vacunas COVID-19