‘Saben que soy inocente, saben que mintieron’: entrevista con Lula da Silva previo a su liberación

Redacción Animal Político
Lula en entrevista levantando el dedo

Traducción: Diajanida Hernández

Con la votación en el Supremo Tribunal Federal (STF), la justicia brasileña autorizó la liberación de Luís Inácio Lula da Silva, el Lula, después de 580 días encarcerado. Al salir, el expresidente fue recibido por una aglomeración de personas, que se unieron a la habitual vigilia Lula Livre -militantes y miembros movimientos sociales que se instalaron en los alrededores de la Superintendencia de la Policía Federal, en Curitiba-, para apoyar a Lula y manifestarse hasta que fuese liberado.

Cuando recibió a los reporteros de Agência Pública la semana pasada para una de las últimas entrevistas que concedió en la prisión, había un clima de discreto optimismo entre los asesores y abogados de Luís Inácio Lula da Silva. La votación en el Supremo Tribunal Federal trae, por primera vez, una posibilidad concreta de libertad para el expresidente de Brasil, incluso en noviembre. Otro juicio, sobre acusación de corrupción relacionada con un sitio en Atibaia, había sido suspendido en el Superior Tribunal de Justicia.

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Presidente de Brasil entre los años 2003 y 2010, Lula continúa siendo uno de los más populares políticos brasileños, a pesar de estar preso hace más de un año. Condenado en primera y segunda instancia por corrupción y lavado de dinero en la compra de un apartamento en el litoral de São Paulo, Lula se ve como un preso político.

El proceso fue conducido por el Grupo de Trabajo Lava-Jato y juzgado por el juez Sérgio Moro, hoy ministro de Justicia del gobierno de ultraderecha de Jair Bolsonaro. Su prisión, a las vísperas de la elección presidencial de 2018 ―cuando él era el candidato mejor ubicado en las encuestas― abrió el camino para el atractivo populista del exmilitar Bolsonaro. “Ellos saben que soy inocente, saben que mintieron”, afirma. “Yo, que podría haber salido de Brasil como algunos querían, resolví venir para acá, porque es de aquí que quiero liberarme con la cabeza en alto. Y ojalá el día que haya justicia en este país, mis verdugos vengan a la cárcel”.

En esta entrevista, Lula elogia a los gobiernos de izquierda que gobernaron en América Latina hasta la última década y habla incluso de la relación con la expresidenta Dilma Rousseff, su sucesora, y de las decisiones sobre las próximas elecciones, dejando claro que Lula, preso o suelto, va a comandar la campaña para los gobiernos municipales de 2020.

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A continuación, la entrevista completa, realizada en la sede de la Policía Federal en Curitiba, en el sur de Brasil:

Thiago Domenici – La suspensión del juicio, por el STJ, sobre el proceso del lugar de Atibaia es una victoria para su defensa. ¿Cómo usted ve ese escenario?

Lula – Es una cosa que yo debería tratar con mucha más seriedad, pero usted percibe que yo sonreí, porque es tan hilarante lo que sucedió en mi vida… Hay una avalancha de procesos con una mentira más grave que la otra. Es una avalancha de fantasías creada por esa cuadrilla de promotores del Lava Jato ―que es una cuadrilla dirigida por Dallagnol―, hecha por delegados que no tuvieron siquiera respeto por la institución Policía Federal, que mintieron en sus investigaciones, para un juez mentiroso y para un tribunal partidista.

Ellos saben que soy inocente, saben que mintieron, y todo eso sustentado por la necesidad que la TV Globo tenía de destruir al PT. Y, para destruir al PT, tenía que destruir al gobierno de Dilma y, para destruir el gobierno de Dilma y que la vuelta de Lula no funcionara, entonces tenía que destruir a Lula también. Todo eso es una connivencia sin precedente en la historia del país.

Yo, entonces, que podría haber salido de Brasil como algunos querían, resolví venir para acá, porque es de aquí que quiero liberarme con la cabeza en alto. Y ojalá el día que haya justicia en este país, mis verdugos vengan a la cárcel.

No ando preocupado con mi proceso jurídico, porque tengo mucha conciencia de que mi condena tiene 99.9% de política. Lo jurídico tiene ahí medio por ciento.

Marina Amaral – Quisiera que usted comentara los cambios de coyuntura política de América Latina. Hubo la elección de Alberto Fernández y de Cristina Kirchner en Argentina. Se está dibujando la victoria del Frente Amplio en Uruguay, está Evo Morales en Bolivia, y en los países donde la izquierda está fuera del gobierno, en Ecuador y en Chile, hubo todas aquellas protestas. ¿Usted ve un giro?

Lula – Quien ama y vive la democracia necesita percibir lo siguiente: en 500 años de historia, América Latina nunca había tenido la experiencia de izquierda que tuvo con la llegada del gobierno de Chávez, el mío, de Evo, de Kirchner, de Tabaré y después de Pepe Mujica. Nunca la había tenido. Tuvo a [Álvaro] Colom en Guatemala, a Mauricio Funes en El Salvador. Fue un giro histórico.

Había tenido al general Cárdenas en México, en la década del 30, a Perón en Argentina, a Getúlio Vargas aquí. Pero no eran personas de izquierda, era gente de la élite que tenía pensamiento progresista, pero gente con pensamiento de izquierda fue la primera vez.

Para lo que teníamos que prepararnos es que, de la forma más democráticamente posible, usted gana y usted pierde. Esa rotación en el poder es sana para la democracia, es muy saludable el cambio de gobierno, la alternancia en el poder es importante.

El PT tenía que saber que un día iba a dejar de gobernar ―no por un golpe. Esa es la indecencia de quien dio el golpe. El miedo de ellos era que hubiese continuidad.

Cristina perdió electoralmente, con mucha mentira, pero perdió. Ahora regresó. Nosotros ya gobernamos en Uruguay ―cuando digo nosotros, digo todos mis amigos, tanto Tabaré como Pepe Mujica― ya hace quince años. Entonces, llega una hora en que las personas quieren cambiar. Pero nada impide que se pierda y gane de aquí a cuatro años. Evo Morales va a continuar, pero puede perder. Es así, no tenemos que ver la derrota democrática como un mal. Es siempre malo para el partido, que nunca quiere perder, todo el mundo quiere quedarse todo el tiempo.

Ay de nosotros, a todo el mundo le gustaría tener sesenta años en el poder, tener cincuenta años en el poder. Tenemos que tener noción de que el tiempo es así.

¿Cuál es el problema? Es que el mejor periodo de América Latina fue ese periodo en que la izquierda gobernó. Y si usted lo ve, el mayor adversario en todos los países ―en Bolivia, Venezuela, Argentina― es la prensa conservadora, los dueños de los medios de comunicación.

Thiago Domenici – ¿Usted vislumbra una posibilidad en Brasil de algo como el Frente Amplio de Uruguay?

Lula – Cuando dejé la presidencia, soñé eso. Fui atrás, estuve en Uruguay conversando, viendo como es. Si usted lo analiza bien, el PT ya es casi un frente amplio. El PT tiene diez, doce tendencias. Yo soñaba con crear un frente amplio, ¿sabe? Traer a todo el mundo.

El PT, para desgracia de mis adversarios, es el partido político de izquierda más importante de América Latina. Nosotros no queremos compararnos con el cubano ni con el chino, peo nadie tiene la experiencia democrática.

Marina Amaral – Usted indicó a Dilma para la presidencia, fue la primera presidenta del Brasil, pero las mujeres fuertes y petistas históricas como Luiza Erundina, Marta Suplicy, Heloísa Helena, Luciana Genro, Marina Silva, todas terminaron saliendo del partido en una situación de pelea, de discordia.

Lula – Estoy orgulloso de haber indicado a Dilma para la presidencia de la república. Tal vez yo tenga culpa de no haber contribuido para que ella aprendiese un poco de maleabilidad política.

Porque Dilma fue indicada por mí porque ella fue la persona más extraordinaria que yo conocí desde el punto de vista de seriedad, desde el punto de vista de competencia de gestión.

Dilma me dio la tranquilidad para gobernar este país. Yo tenía que entregar el país a alguien y Dilma fue una extraordinaria presidenta.

Marina Amaral – Usted dijo que ella no disputaba nada con nadie. Pero una vez que ella fue electa…

Lula – Yo cometí otro error, yo podría haber discutido con ella en 2014. Yo sentía a Dilma después de las elecciones un poco triste. La sensación de que no era aquello lo que ella quería. Recuerdo que ella me dijo: “nunca más participo en un debate”.

Dilma era una mujer que conocía Brasil a la perfección. Ella tenía a Brasil en la palma de la mano. Pero parece que ella tenía inseguridad. Ella iba para el debate, sabe, escribía verdaderos libros para ir para el debate, ella no necesitaba nada, ella debía ir de mano y pecho abiertos.

Creo que a ella y al partido le faltó comprensión política del impeachment. De cualquier forma, sucedió y no resuelve nada quedarse llorando por la leche derramada. Se trata de sacar leche nueva y comenzar.

Thiago Domenici – Usted dio una entrevista a la BBC recientemente, en la que afirma estar orgulloso de Belo Monte. ¿Usted está realmente orgulloso, incluso con todas las críticas del movimiento indígena, los ribereños, del MPF?

Lula – Las personas que hoy critican a Belo Monte, lo hacían antes. Hay gente que no acepta la energía hidroeléctrica ni siquiera si el Papa Francisco viene aquí a ofrecerla. Cuando nosotros comenzamos a pensar Belo Monte, la exigencia que yo hacía era que solo podríamos construir Belo Monte, si era de filo de agua . No podía tener lago.

Fueron hechos varios acuerdos con el MAB . Fue hecho un plan de desarrollo regional. En octubre de 2010 yo firmé un decreto que instituyó un registro socioeconómico de los afectados por represas. La condición sine qua non que di para hacer Belo Monte era que fuese conversado con todas las personas involucradas.

Para comenzar la obra, la empresa tuvo que cumplir 60 exigencias ambientales y sociales colocadas por el Ibama y por las poblaciones locales. Y ella cumplió rigurosamente todas, o no la habríamos autorizado.

Thiago Domenici – ¿Qué diferencia la política del PT para la Amazonia de aquella defendida por Bolsonaro y los militares del actual gobierno?

Lula – Te voy a decir que en nuestro gobierno disminuimos 80% la deforestación en la Amazonia. Fuimos a Copenhague y asumimos el compromiso, y fue aprobado en ley, de que Brasil iba a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero en 80%. Y cumplimos. Después de que Dilma dejó el gobierno, creció 280% la deforestación.

Marina Amaral – Usted es un hombre de la política del ganar-ganar. Teníamos una visión de la sociedad brasileña cuando usted estaba en el gobierno, de que había conciliación posible. ¿Usted descubrió que había un Brasil, ese Brasil que votó por Bolsonaro, o antes estaba engañado? ¿Qué sucedió? ¿Dónde estaban esas personas?

Lula – Esa gente fue a la playa con usted, mucha de esa gente ya almorzó con usted, ya cenó con usted, ya trabajó con usted. Esa gente no se manifestaba porque después de que terminó el régimen militar era muy vergonzoso que las personas asumieran que tenían alguna alianza con el régimen militar. Ni los militares se presentaban.

De repente esa gente parece que resurgió, como los dinosaurios. Esa gente estaba ahí y fue promovida por el odio diseminado por la política de Rede Globo de Televisão.

La Rede Globo tiene mucha responsabilidad por el odio diseminado en este país. Porque ella pregonó el odio de la política. Una vez que usted pregona el odio a la política, lo que nace es peor. Una vez que usted levanta el discurso de que el problema del país es la corrupción, lo que viene es peor.

La sociedad brasileña está ideológicamente dividida así: hay un 30% que está más a la izquierda. Hay 30% que está más a la derecha, y hay un poco más de un tercio que es la sociedad que está a la expectativa de ver lo que va a suceder, de ver si el candidato es bueno.

Entonces de ese tercio Bolsonaro ganó una parte a través de la mentira. Que puede llegar al 15% ―y ahí está la fake news.

Ahora, él aprendió a gobernar con fake news. Las fake news son de quien no quiere responder, de quien no quiere hablar. Entonces el presidente de la república… Él y Trump. El otro día vi un reportaje, Trump cuenta no sé cuántas mentiras por día. ¿Ustedes ya contaron cuántas mentiras dice Bolsonaro?

Él no tiene ningún compromiso con la verdad. Y Bolsonaro habla las boberías de él para entretener al pueblo, entretener a la prensa, y Guedes va vendiendo a Brasil, y va vendiendo a Brasil y de aquí a poco nosotros no somos más una nación. Perdemos nuestra soberanía.

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