¿Qué sabemos realmente sobre la eficacia de las vacunas contra la covid-19?

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Por Julie Appleby

Washington, 3 nov (KHN vía EFE).- La politización de las vacunas contra la covid-19 –y casi todo lo que tiene que ver con la pandemia– ha causado confusión, y fatiga total.

Y algunas publicaciones que circulan en las redes sociales, por ejemplo una pieza hábilmente editada en YouTube, parecen aprovecharse de estos sentimientos, intentando sembrar dudas sobre la efectividad de las vacunas.

Se trata de una edición de comentarios del doctor Anthony Fauci, asesor médico de la Casa Blanca.

Comienza resaltando la protección de las vacunas con capturas de pantalla de titulares de noticias, primero citando el 100 % de efectividad, seguido de otra edición mostrando porcentajes más bajos. Termina con un montaje de titulares sobre las ganancias de las compañías farmacéuticas, con el fondo orquestal de “In the Hall of the Mountain King”.

Pero ver el vídeo en cámara lenta revela una mayor complejidad. Algunos titulares informan sobre estudios que solo analizaron las tasas de infección. Otros las hospitalizaciones y muertes.

Algunos incluso se refieren a vacunas que no se están usando en Estados Unidos.

En resumen, el vídeo fomenta las percepciones erróneas al mezclar datos diferentes y omitir detalles clave.

Aun así, uno no puede evitar preguntarse qué está pasando realmente con la efectividad.

Primero: ninguna vacuna es 100 % eficaz contra ninguna enfermedad. Las dosis para la covid no son una excepción. En algunos estudios, la eficacia en la prevención de infecciones, definiendo infección como un resultado positivo de la prueba, parece disminuir drásticamente cuanto más tiempo pasa después de completar el régimen de una o dos dosis.

Pero en las medidas clave (prevención de enfermedades graves, hospitalización y muerte), los estudios del mundo real de Estados Unidos y otros países generalmente muestran que la protección se debilita ligeramente, en particular en las personas mayores o más enfermas, pero se mantiene fuerte, incluso con la propagación de delta, la variante más infecciosa del virus.

¿Lo esencial? Vacunarse con cualquiera de las tres vacunas disponibles en Estados Unidos disminuye la posibilidad de infectarse en primer lugar y reduce de manera significativa el riesgo de hospitalización o muerte si se contrae el coronavirus y se desarrolla la covid-19.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) publicaron hace poco un estudio que muestra que las personas completamente vacunadas tenían 10 veces menos probabilidades de morir o ser hospitalizadas que las no vacunadas.

“Cuando se trata de lo que importa, las vacunas se mantienen muy bien”, dijo el doctor Amesh Adalja, médico especialista en enfermedades infecciosas y académico principal del Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud. “Fueron diseñadas para domesticar el virus”.

Entonces, ¿qué significan “eficacia” y “efectividad”?

Antes de que los reguladores federales aprueben un medicamento o vacuna, se prueba en voluntarios asignados al azar para recibir el producto o un placebo (sustancia que no tiene los ingredientes del producto original).

Luego, los investigadores comparan cómo les va a los dos grupos. En el caso de una vacuna, analizan qué tan bien previene la infección y si protege contra enfermedades graves, hospitalización o muerte. Los resultados de los ensayos clínicos a menudo se denominan medidas de eficacia.

En el mundo real, sin embargo, el desempeño de un medicamento o vacuna se ve afectado por numerosos factores, incluida una cantidad de personas mucho mayor que lo reciben, algunas de ellas con condiciones subyacentes o circunstancias socioeconómicas diferentes a las del ensayo clínico. Esa medida de desempeño del mundo real se llama efectividad.

Cuando fueron autorizadas para uso de emergencia después de analizar los ensayos clínicos, las vacunas de dos dosis de Pfizer-BioNTech y de Moderna reportaron una eficacia contra enfermedades sintomáticas en un rango promedio de 90 %.

La vacuna de una dosis de Johnson & Johnson, que se probó más tarde, cuando hubo más variantes, reportó una eficacia general en el rango alto de 60 %. Esos números excedieron el umbral objetivo de 50 % que los funcionarios de salud buscaban como mínimo. Como comparación, la efectividad en el mundo real de la vacuna anual contra la influenza suele ser de 40 % a 50 %.

Otro punto: la efectividad de 95 % no significa que 95 % de las personas vacunadas nunca se infectarán. Lo que significa es que una persona completamente vacunada expuesta al virus enfrenta solo el 5 % del riesgo de infección en comparación con una no vacunada.

¿Han cambiado las cifras de efectividad?

Sí, en algunos estudios se observa una disminución de la eficacia contra las infecciones. Algunos también han expresado su preocupación de que la protección contra la forma grave de la enfermedad también pueda verse disminuida, particularmente en personas mayores y pacientes con afecciones médicas subyacentes.

Las razones de la baja varían.

Primero, cuando se autorizaron las vacunas, gran parte del país estaba bajo reglas más estrictas de cuarentena relacionadas con la pandemia. Casi un año después, las restricciones, incluidos los mandatos del uso de máscaras, se han aliviado en muchas áreas. Cada vez más personas viajan y se enfrentan a situaciones que habrían evitado hace un año. Entonces, la exposición al virus es mayor.

Algunos estudios en Estados Unidos y otros países muestran que el tiempo transcurrido desde la vacunación también influye.

The Lancet publicó recientemente un estudio de más de 3,4 millones de miembros de Kaiser Permanente, tanto vacunados como no, revisando la efectividad de la vacuna de Pfizer. Mostró una efectividad promedio general de 73 % contra la infección durante los seis meses posteriores a la inmunización, y una efectividad general de 90 % contra la hospitalización.

Pero la protección contra la infección disminuyó del 88 % en el mes posterior a la vacunación completa al 47 % entre los cinco y seis meses. El tiempo transcurrido desde la vacunación jugó un papel más importante que cualquier cambio en el virus mismo, concluyeron los investigadores.

“Esto demuestra que las vacunas son altamente efectivas a lo largo del tiempo contra resultados severos”, dijo la autora principal del informe, Sara Tartof, epidemióloga del Departamento de Investigación y Evaluación de Kaiser Permanente Southern California. “Contra la infección, disminuye con el tiempo, lo que no es inesperado. Tenemos refuerzos para muchas otras vacunas”.

El virus también ha mutado.

“Llegó delta”, dijo el doctor William Schaffner, profesor de medicina preventiva en la Escuela de Medicina de la Universidad de Vanderbilt. “Debido a que este virus era tan contagioso, cambió ligeramente los resultados”.

Y algunas personas vacunadas pueden enfermarse gravemente de covid, o incluso morir, especialmente si tienen un problema médico subyacente, como fue el caso del general Colin Powell. Murió de complicaciones de covid a pesar de estar completamente vacunado, probablemente porque también tenía un cáncer de la sangre llamado mieloma múltiple, que puede reducir la respuesta del cuerpo a un virus invasor y a la vacunación.

¿Qué debemos hacer con estos números cambiantes y la reciente autorización de las vacunas de refuerzo?

La mayoría de los científicos, investigadores y médicos dicen que las vacunas están funcionando muy bien, especialmente para prevenir la enfermedad grave por covid y la muerte.

Y no es raro que se necesite más de una dosis.

Las vacunas contra el herpes zóster y el sarampión requieren dos inyecciones, mientras que las personas deben volver a vacunarse contra el tétanos cada 10 años. Debido a que la influenza varía cada año, las vacunas contra la influenza son anuales.

La respuesta inmunitaria suele ser mejor cuando las dosis se administran con una diferencia de meses. Pero al momento del lanzamiento de las vacunas había tanta gente infectándose y muriendo de covid que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y los CDC decidieron no demorar, sino autorizar la primera y la segunda dosis con aproximadamente un mes de diferencia.

“Aprendemos a medida que avanzamos”, dijo Schaffner. “Siempre se anticipó que podría tener que haber dosis de seguimiento”.

Ahora, las recomendaciones piden una segunda dosis para cualquier persona que haya recibido una inyección de Johnson & Johnson al menos dos meses antes.

Para quienes recibieron las vacunas de dos dosis de Pfizer o Moderna, la recomendación es esperar seis meses después de la segunda dosis para recibir un refuerzo, que actualmente se recomienda para quienes tienen 65 años o más; personas con condiciones preexistentes, que viven en entornos congregados como hogares de adultos mayores; o tienen trabajos que los ponen en mayor riesgo. Las recomendaciones de refuerzo pueden expandirse en los próximos meses.

KHN (Kaiser Health News) es la redacción de KFF (Kaiser Family Foundation), que produce periodismo en profundidad sobre temas de salud. Junto con Análisis de Políticas y Encuestas, KHN es uno de los tres principales programas de KFF. KFF es una organización sin fines de lucro que brinda información sobre temas de salud a la nación.

Versión original en inglés: https://bit.ly/3q0Y3qT

(c) Agencia EFE

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