Sánchez no logra apoyos y España va de nuevo a elecciones

Silvia Pisani

MADRID.- España no consigue salir del bucle electoral. Por segunda vez en un mismo año, el socialista Pedro Sánchez no logra apoyo suficiente para ser investido presidente y el país deberá ir a nuevas elecciones generales, para fastidio de su ciudadanía.

Es la cuarta vez que los españoles van a elecciones generales en cuatro años, lo que habla de un creciente escenario de inestabilidad y fragilidad. Una situación por la que la oposición culpó en forma coincidente a Sánchez y su apetencia de tener "mejores resultados" en una nueva cita. "Tenía varias opciones en la mesa y no aceptó ninguna", dijeron.

La convocatoria será en noviembre y, previsiblemente, se presentarán los mismos candidatos de los mismos partidos que ya en dos ocasiones no lograron acuerdo de gobierno.

¿Por qué si son los mismos esperan que el resultado en noviembre sea diferente?, se le preguntó a Sánchez, a quien todos señalan como el gran responsable de este fracaso.

"Porque confío en que, para entonces, todos asumamos nuestro resultado electoral", contestó el socialista. Dicho de otro modo: él espera aumentar su caudal y que "los demás" lo entiendan y lo ratifiquen en el gobierno.

Las encuestas así lo proyectan. Pero lo otro que también señalan es un creciente hartazgo de la sociedad, sometida a reiteradas convocatorias sin que ninguna garantice estabilidad a mediano plazo.

"Con ese panorama de fastidio, nadie puede estar muy seguro de que la jugada salga como lo espera", dijo a LA NACION el analista político Pablo Simón.

Aun así, la apuesta de Sánchez parece haber sido "ir a fondo" y decantarse por nuevas elecciones antes que quedar atado a un gobierno de coalición con sus socios "preferentes". Todos ellos alejados de la idea de "moderación" que el socialista quiere proyectar para su país y para la Unión Europea (UE).

Puede que la maniobra le salga bien. Pero, por lo pronto, el fracaso de este gobierno terminó en un coro de duros reproches que lo tuvieron como blanco directo.

Acusaciones

Los primeros en culparlo fueron sus socios "preferentes" de la izquierda radical de Podemos. "Si no hay gobierno es porque el arrogante de Sánchez no ha querido", disparó Pablo Iglesias, el líder que, hasta el último minuto, le ofreció formar una coalición.

Lo mismo le dijeron desde la derecha. "Pedro Sánchez jamás quiso negociar una salida", dijo el presidente del Partido Popular (PP), Pablo Casado. El conservador se quejó, además, de la "soberbia y la displicencia" que se les deparó en el trato. Una queja bastante generalizada.

A todo eso se sumaron los liberales de Ciudadanos. "Llegamos hasta aquí porque así lo eligió el presidente en funciones", dijo Albert Rivera. Protagonista, a su vez, de una rara maniobra por la que ofreció a última hora un salvavidas que Sánchez ni siquiera consideró.

La opción por nuevas elecciones cuaja con el perfil del socialista, caracterizado por una vocación de apostar fuerte sin que le tiemble el pulso. Una condición que demostró varias veces en su vida política, pero que, al igual que en esas oportunidades, implica también el riesgo de que le salga mal.

Hasta ahora Sánchez no fue votado jamás como presidente del gobierno. Llegó al poder en junio del año pasado por la vía de una "moción de censura", por la que desplazó al entonces presidente Mariano Rajoy, del PP.

En esa maniobra lo acompañaron los independentistas catalanes -confiados en tener mejores posibilidades con él- y la izquierda radical de Podemos. Ninguno de ellos lo acompañó luego.

Desgastado, se vio obligado a disolver el Congreso de los Diputados y llamar a elecciones. En abril pasado su partido, el Socialista Obrero Español (PSOE), fue el más votado, pero muy lejos de contar con mayoría propia.

En España es el Congreso el que ratifica al presidente. Sánchez lo intentó en julio pasado, pero fracasó. Y en esta nueva ocasión eligió obviar directamente el debate parlamentario y comunicar al rey que no tenía apoyo suficiente.

Al constatar la situación, se espera ahora que el rey Felipe VI disuelva el Congreso surgido de las elecciones de abril pasado. Lo que implica el cese de toda actividad legislativa y barajar y dar de nuevo para todos.

Algo que, curiosamente, ocurre cuando ni siquiera había terminado la distribución de despachos entre los nuevos diputados surgidos de aquella elección.

Una situación que, por supuesto, incluye también a los legisladores argentinos que, con doble nacionalidad, cumplían funciones en el cuerpo legislativo.