En el Sáhara, la batalla es la del relato

Agencia EFE
·4  min de lectura

Rabat, 16 nov (EFE).- La actual contienda en el Sáhara Occidental, que no está claro si merece el nombre de guerra, es un típico conflicto contemporáneo, muy del siglo XXI, donde lo que se dirime no son hechos de armas -hasta ahora escasos- sino la batalla por el relato.

Comenzando por su definición, el Frente Polisario proclamó solemnemente el sábado una "declaración de guerra", una palabra que Marruecos no ha utilizado en ningún momento, minimizando los hechos hasta el punto de calificarlos de meros "hostigamientos" o "provocaciones".

Ni siquiera Marruecos ha reconocido formalmente que está roto el alto el fuego vigente desde 1991, y ayer mismo el ministro marroquí de Exteriores, Naser Burita, expresó "el compromiso de su país con el alto el fuego", en conversación con Josep Borrell, alto representante para la Política Exterior de la UE.

LOS HECHOS

La verdad de lo que sucede en el "frente de combate" está resultando escurridiza, pues las versiones que uno y otro contendiente ofrecen no presentan casi puntos de coincidencia.

En sus tres "partes de guerra" el ministerio de Defensa de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) afirma haber atacado varias bases marroquíes o puestos de observación (seis durante el domingo), pero Marruecos solo ha reconocido dos ataques en los que ha habido intercambio de fuego: en Guerguerat, el viernes, y en Mahbés, en algún momento posterior.

Los partes de guerra saharauis hablan además de "varios muertos, heridos y deserciones" del lado enemigo, a lo que los marroquíes replican que no han sufrido "ni pérdidas materiales ni humanas".

En realidad, Marruecos es fiel a su política de restar importancia a todo lo que tenga que ver con el Frente Polisario, al que siempre ha negado toda legitimidad para hablar en nombre de los saharauis, y la minusvaloración de sus ataques abunda en la misma lógica que la de llamar "milicias" a los combatientes del frente.

Ante el silencio de la misión de la ONU desplegada en el Sáhara (que dispone de helicópteros y todoterrenos con derecho a atravesar las líneas), es difícil poder contrastar lo que unos y otros afirman.

LOS CANALES

Los "partes de guerra" del Polisario son formales, casi solemnes, al recogerse en comunicados oficiales, y tienen una particularidad: los dos primeros vinieron precedidos (en su versión árabe, que no en la española) por aleyas del Corán, algo que rompe con la cultura tradicionalmente laica del Frente.

Marruecos, tras una profusión de comunicados el viernes, se ha refugiado en el silencio, y solo una cuenta de Facebook llamada "FAR-Maroc" ejerce oficiosamente de portavoz militar para rebatir de tanto en tanto las afirmaciones del Polisario, siempre en el mismo sentido: menospreciar los ataques.

Esta cuenta posteó ayer un comentario en el que calificaba los partes de guerra del Polisario de "bengalas mediáticas para tranquilizar a sus campamentos (de refugiados)".

Sea cual sea el alcance de los enfrentamientos, una cosa es innegable: son los más graves registrados en la zona desde que en 1991 se declaró el alto el fuego, vigente durante casi treinta años.

¿HAY MUERTOS?

Es sabido que en las guerras es la visión de los ataúdes envueltos en banderas la que pone en los ojos de los ciudadanos el sufrimiento de los combates, y no es casual que Estados Unidos prohibiera durante años la difusión de imágenes de los féretros con los cadáveres de sus muertos en la guerra de Irak.

Pero en la contienda del Sáhara no se ha visto un solo muerto, ni de un lado ni de otro; es más, ni siquiera se han visto heridos.

Ha sido el Polisario el que con más ahínco ha afirmado a diario que ha causado víctimas al enemigo, algo difícil de creer salvo que muestren el cadáver o aparezca un féretro.

Marruecos, que comenzó anunciando el viernes "una operación pacífica" para desalojar Guerguerat, ha considerado que sus militares no han hecho en los días siguientes otra cosa que responder a las "provocaciones", y hasta el momento no ha mencionado ni una sola víctima.

ARDEN LAS REDES

Y mientras el relato toma direcciones contrapuestas en la parte oficial, las redes sociales arden, con unos niveles de hostilidad y odio mucho mayores que las que utilizan los propios contendientes.

Son numerosas las cuentas que desde el extranjero -y particularmente desde España- están entrando en esta guerra cibernética, con perfiles reales o refugiándose en cuentas anónimas. Muchos de estos contendientes no han puesto nunca un pie en el Sáhara ni en Tinduf.

Desde estas cuentas, es constante la exigencia a los periodistas de "mojarse" y alinearse con este u otro bando, digiriendo mal las expresiones de duda o de escepticismo: lo que se espera del periodista es que denuncie "al otro".

Y es que en una batalla por el relato del siglo XXI, todos se arrogan el derecho a opinar o atacar. Basta con tener un teléfono celular.

Javier Otazu

(c) Agencia EFE