Un Rutte acorralado por el Parlamento neerlandés asume su "responsabilidad directa"

La Haya, 19 ene (EFE).- Acorralado por un Parlamento indignado que cuestionó el acierto de que busque su cuarta reelección, el primer ministro saliente de Países Bajos, Mark Rutte, asumió hoy su “responsabilidad directa” por el escándalo de las ayudas a familias y trató de buscar respaldo a nuevas restricciones contra la cepa británica en Países Bajos.

En un día nublado, protagonizado por las lluvias y fuerte viento típico de Países Bajos, Rutte salió de su oficina con el mismo rostro de preocupación que mantuvo el resto del día ante los diputados que le esperaban con un listado de preguntas y reproches sobre el escándalo que le llevó a presentar el viernes la dimisión en bloque del Gobierno, salvándose de afrontar hoy irremediable la moción de censura con victoria garantizada.

Fueron muchos los diputados que estuvieron haciendo estos años preguntas sin respuesta al ensañamiento de las autoridades fiscales con entre 26.000 y 30.000 padres neerlandeses, en su mayoría con orígenes extranjeros, a los que acusaron de fraude sin fundamentos tras recibir ayudas sociales para pagar los cuidados de sus hijos.

Con la cabeza agachada, Rutte escuchó las críticas sin los habituales gestos de desacuerdo con sus opositores. Acudió al debate con la confirmación de las encuestas de que el liberal VVD, su partido, sigue siendo el preferido para las elecciones del 17 de marzo, aunque las formaciones de la oposición han criticado la “inverosimilitud” de que quiera volver a ser primer ministro después de la “injusticia” cometida contra tantos ciudadanos.

Rutte lamentó que la vida de las víctimas se haya “convertido en un infierno” y asumió, sobre su papel personal en lo ocurrido, que es “responsable” y que estuvo “involucrado tanto directa como indirectamente” en el escándalo, aunque negó que este reconocimiento suponga que retira su candidatura a las elecciones.

“Hemos asumido la consecuencia última a nivel político. Este es un gobierno saliente. Hemos renunciado, renunciado. Pero no estoy aquí en un congreso de mi partido, y no estamos aquí como líderes de partido en un debate de campaña. Que yo siga como líder del VVD (liberales) depende del partido y de los votantes”, zanjó la cuestión.

SALVANDO SU CANDIDATURA

Los liberales trataron de salvar la candidatura electoral de Rutte. Su líder en el grupo parlamentario, Klaas Dijkhoff, se disculpó en nombre del partido por el escándalo de las ayudas a los padres y recordó que todo el Gobierno “ha dimitido ya en respuesta”.

El ultraderechista Geert Wilders, que negó que el escándalo fuera una cuestión de discriminación étnica, a pesar de que los principales afectados sean holandeses con origen marroquí o turco, criticó que Rutte “sigue sonriendo” desde su escaño y consideró el hecho de que siga liderando a los liberados como “descarado”.

Aunque no fuera directamente responsable de lo ocurrido, algo que alegó cuando confirmó que no considera renunciar como líder del VVD, muchos diputados le consideran responsable último del escándalo protagonizado por funcionarios de la Agencia Tributaria, sobre todo por no haberse involucrado para resolver el problema hace años.

También le reprocharon no haber informado con transparencia al Congreso y los retrasos en el pago de la indemnización de al menos 30.000 euros a los padres afectados, una promesa hecha antes de Navidad por Rutte, pero que no se espera que se materialice hasta mayo.

“Un gran grupo de padres ha sido castigado durante años. Han sufrido las consecuencias horribles. No han recibido ninguna protección del Estado de derecho", denunció el diputado democristiano Pieter Omtzigt, que llevaba años denunciando el escándalo, y pidió al Gobierno saliente que ponga la solución a este asunto al mismo nivel que la gestión de la pandemia en las próximas semanas.

Omtzigt tildó a Países Bajos como una “monarquía bananera” y advirtió de que “algo va fundamentalmente mal” en el país porque “hay un vínculo demasiado estrecho entre el Gobierno y el Congreso, entre el Gobierno y la prensa”, y fue eso -en su opinión- lo que hizo que no se prestara atención al sufrimiento de las miles de víctimas del escándalo.

La líder de los socialdemócratas, Lilianne Ploumen, señaló la responsabilidad personal de Rutte, porque “sus huellas digitales están en todas las páginas” de este escándalo y subrayó que “la desconfianza se ha infiltrado lentamente en todos los sistemas” del Estado.

“No puede ser que Rutte se aleje de su responsabilidad con una manzana en la mano y una sonrisa en la cara”, añadió Ploumen, en referencia al día en el que Rutte acudió a entregar su dimisión al rey Guillermo Alejandro, haciendo el trayecto desde su oficina en La Haya en bicicleta y comiéndose una fruta.

UN PAÍS CLAUSURADO POR LA PANDEMIA

La estampa delante del Parlamento durante el debate era de un país clausurado por la pandemia: cientos de sillas colocadas unas encima de otras, mesas bañadas por la lluvia y una plaza fantasma llena de restaurantes y bares con carteles de traspaso y alquiler de sus locales, que llevan con sus puertas cerradas desde mediados de octubre.

A la cola de la vacunación en la Unión Europea, el Gobierno neerlandés también se enfrenta a las críticas por haber administrado solamente 75.000 vacunas del covid-19, un 15 % de las 400.000 dosis de Pfizer/BioNTech y 13.000 de Moderna que recibió desde finales de diciembre.

Desde el 6 de enero, cuando Países Bajos lanzó su campaña de vacunación -casi dos semanas después del resto de la Unión Europea- solo han recibido una primera inyección 40.000 empleados de las unidades de cuidados intensivos y 30.000 cuidadores de residencias, además de algunos ancianos y personas con discapacidad mental.

Además, el Ejecutivo de Rutte anunciará mañana nuevas restricciones a la movilidad, que se sumarán al confinamiento y cierre de la actividad no esencial vigente desde mediados de diciembre, medidas que contrastan el “confinamiento inteligente” de marzo, que dejaba en manos de la sociedad el respeto a la distancia social.

Imane Rachidi

(c) Agencia EFE

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