La rutina en el oeste de Caracas regresa entre la incertidumbre y la calma

Caracas, 13 jul (EFE).- Los residentes del oeste de Caracas retomaron la rutina en sus calles entre la incertidumbre y la calma, luego de vivir casi 72 horas de constantes tiroteos que empezaron en la barriada de la Cota 905, entre bandas armadas y funcionarios policiales, y que se extendieron, al menos, a cinco zonas cercanas.

Los sectores de El Paraíso y El Cementerio, colindantes con la montañosa Cota 905, han retomado su actividad comercial, mientras los ciudadanos caminan por las vías principales, desiertas entre el miércoles y el viernes de la semana pasada.

Aunque, en El Cementerio había mayor presencia de funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB, policía militarizada) con armas largas y chaleco antibalas.

Josefina Herrera, residente de la avenida Victoria, otro de los sectores afectados, aseguró a Efe desde la plaza Madariaga de El Paraíso que los pasados días fueron "fuertes", por lo que todavía teme salir a la calle.

"Si no capturan a esas personas (los miembros de las bandas) en cualquier momento puede volver a pasar y ojalá que no pase, ojalá que se acabe", expresó.

BALAS PERDIDAS

La ministra de Interior y Justicia, Carmen Meléndez, anunció un operativo policial el jueves de madrugada, aunque los tiroteos comenzaron el día antes.

El sábado ofreció un balance y señaló que al menos cuatro funcionarios policiales murieron y 22 "delincuentes" fueron "neutralizados" sin aclarar si fallecieron o fueron detenidos. Además, dijo que "varias personas inocentes" murieron sin detallar el número.

Luis Sánchez, un jubilado de 85 años y residente de El Paraíso, relató a Efe que su esposa se "salvó" de dos balas perdidas, que cayeron el jueves al mediodía en el dormitorio de su apartamento.

Sin embargo, Carlos López de 70 años y vecino de El Paraíso, es más optimista sobre los resultados del operativo policial y, aunque reconoció a Efe que sintió temor y preocupación, ahora espera que en los próximos días, el Gobierno capture a los presuntos delincuentes que comenzaron el enfrentamiento en la capital del país caribeño.

"Yo llego aquí (a la plaza Madariaga) a las 4 de la mañana a trotar y me siento tranquilo, claro, siempre tenemos la expectativa que quede algo por allí, un cabo suelto", añadió.

"ES NORMAL"

Un comerciante y residente de la barriada Los Alpes, en El Cementerio, que no quiso revelar su nombre, comentó a Efe que vio cómo los delincuentes "secuestraron" una tanqueta militar, aunque lo catalogó de algo "normal".

"Yo estaba tranquilo porque estoy acostumbrado a los tiroteos, yo soy exfuncionario policial, pero eso para mí es como comerse una mandarina", expresó.

Sin embargo, contó que los ciudadanos del sector estaban asustados y que "muchas" casas fueron "tiroteadas" y quedaron con paredes rotas.

"Un carro de un amigo se lo rompieron, ¿quién le repone eso?, nadie", se preguntó

"Estoy en desacuerdo en que algunos funcionarios de la Policía se están metiendo en las casas y las están desvalijando, eso sí hay que criticarlo", sostuvo el comerciante.

LA OTRA CARA

En la Cota 905, la presencia de funcionarios policiales marcó la rutina y la mayoría de las personas prefirió quedarse en sus casas.

En un recorrido por la zona, Efe pudo constatar que solo dos comercios de alimentos han abierto y otros parecen abandonados.

El servicio de transporte público todavía no ha retornado a esa zona que, encaramada sobre los cerros, tiene una vista privilegiada de la capital venezolana.

En los accesos a la barriada, hubo presencia de funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en varios callejones y en otros puntos "estratégicos", como en "la Gallera", un lugar utilizado por los líderes de las bandas armadas para reuniones.

También se vieron marcas de proyectiles en la fachada de dos ambulatorios y un local comercial que la Policía utilizó para resguardarse.

Aunque algunos ciudadanos empezaron a limpiar y reparar la fachada de sus viviendas que sufrieron impactos de balas, otras casas parecían cerradas por completo y abandonadas.

Los habitantes de estas zonas tienen un retorno a la vida progresivo pero marcado por el miedo que todavía les asedia.

Saraí Coscojuela y Rayner Peña

(c) Agencia EFE

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