Cómo Rusia se arriesga a repetir errores de la Argentina con un impuesto a la exportación de granos

Polina Devitt
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Moscú busca reducir los precios mediante la limitación de las exportaciones de trigo
Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

MOSCÚ.- El plan de Rusia para controlar el alza de los precios de los alimentos mediante la reducción de las exportaciones de cereales sigue el camino potencialmente perjudicial de su competidor, la Argentina, y amenaza valiosas ventas a clientes importantes como Egipto, según operadores y analistas.

Con los precios mundiales de los alimentos en máximos desde hace más de seis años y en un momento en que las economías luchan contra las secuelas de la pandemia del Covid-19, algunos gobiernos ya han tomado medidas para hacer frente al alza de los precios internos.

Las políticas reducen la oferta para los mercados internacionales, y la consecuencia ya es evidente: los precios de los cereales han alcanzado máximos de varios años.

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Rusia, el mayor exportador de trigo,empezará a gravar las exportaciones a partir del 15 de febrero, aplicando inicialmente un arancel fijo antes de pasar a un sistema basado en fórmulas a partir del 2 de junio, lo que puede dificultar que los operadores vendan a plazo.

"La introducción de un nuevo impuesto permanente a la exportación de granos significará que Rusia ha dado un giro brusco hacia la Argentina, un país que durante muchos años ha restringido las exportaciones agrícolas bajo la consigna de proteger a los consumidores nacionales", dijo Andrey Sizov, de la consultora agrícola Sovecon.

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La Argentina, el tercer exportador mundial de maíz y primer proveedor de harina de soja, impuso repetidamente restricciones a las exportaciones después de que el auge de los envíos de soja y cereales hicieron subir los precios locales. El país está en recesión desde 2018 y tuvo una inflación del 36,1% en 2020.

"El gobierno ruso se toma en serio la reducción de las exportaciones de trigo y otros granos para bajar los precios internos", dijo un operador, señalando que los posibles beneficios de mantener los valores minoristas bajos deben sopesarse contra el daño económico a las exportaciones.

"La Argentina tomó este camino muchas veces, pero luego ha sufrido un daño económico por la pérdida de exportaciones", añadió.

Ruleta rusa

La fórmula utilizada para calcular el impuesto también dificultará a los operadores asegurar ventas en las que el envío puede no realizarse durante varias semanas.

Esto impide que los comerciantes puedan calcular el precio al que pueden realizar una venta rentable, que cubra tanto el precio que pagan al agricultor como la tasa de exportación.

"Esto detendrá las ventas a plazo", dijo otro operador.

Egipto, el segundo mayor comprador de trigo ruso después de Turquía, adquiere a través de licitaciones estatales GASC, pero la oferta se realiza posteriormente.

"A día de hoy, este mecanismo está establecido de tal manera que cuando se firma un contrato a plazo o cuando se gana en una licitación GASC, no se sabe cuánto impuesto habrá que pagar cuando se envíe físicamente el grano", dijo Dimitri Rylko, de la consultora IKAR. "Y un exportador o descuenta a un agricultor o juega a la ruleta rusa", añadió.

Rylko espera que las autoridades y los agentes del mercado encuentren "un consenso razonable" antes de que se ponga en marcha el sistema.

Agencia Reuters