La patata caliente de Rusia en Afganistán tras la marcha de EE.UU.

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La rápida y caótica retirada estadounidense de Afganistán ha despertado los demonios rusos y en Moscú resuenan los ecos de aquella salida traumática que la entonces Unión Soviética tuvo que llevar a cabo bajo el mando de Mijail Gorvachov. 

En los años 80, en el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos armó y financió a los ‘muyahidines’, combatientes afganos –entre los que, por cierto, estaba un jovencísimo Bin Laden– que formaron la resistencia anticomunista y que terminaron por hacerle la situación incontrolable a los rusos. 

La retirada soviética de Afganistán marcó el inicio del colapso de la URSS y una década de enfrentamientos en el norte del Cáucaso contra rebeliones de grupos musulmanes y actos terroristas islamistas. 

Retirada soviética de Afganistán en 1988. (Photo by Patrick ROBERT/Sygma via Getty Images)
Retirada soviética de Afganistán en 1988. (Photo by Patrick ROBERT/Sygma via Getty Images)

Algo más de treinta años después, los rusos se debaten entre el revanchismo y la preocupación, dada la incertidumbre ante el nuevo régimen talibán. “Ahora todo el mundo ha visto la vergüenza y el fracaso americano”, se ha escuchado en la televisión rusa, que ha hablado de “patéticas excusas por parte de Biden y Blinken”. 

Rusia ha necesitado más de tres décadas para poder echarle en cara a los americanos su apoyo a los ‘muyahidines’, mientras que la oportunidad de aumentar su influencia política, económica y militar se ensombrece por las amenazas a la seguridad que supone esta nueva etapa.

La rápida degradación de la situación en Afganistán muestra cómo, en estas condiciones, el riesgo de que se desborde la inestabilidad a países vecinos es real y ahí Rusia tiene mucho que perder, explican los analistas, con la mente puesta en la insurgencia armada que opera en el Cáucaso Norte, y cuyas raíces provienen de la primera guerra ruso-chechena, desatada en 1991 tras la declaración unilateral de independencia de Chechenia.

Como muestra, el auge del Estado Islámico ha tenido un gran impacto en el Cáucaso ruso en la última década, desde donde miles de combatientes se unieron a las filas de la yihad armada en Siria e Irak. 

Según el Centro de Relaciones Internacionales de Barcelona (CIDOB), de los aproximadamente 23.000 extranjeros que combatían en las filas del ISIS y de otros grupos extremistas, unos 2.200 eran ciudadanos de la Federación Rusa, provenientes mayoritariamente del norte del Cáucaso.

Rusia ve con preocupación la situación en Afganistán. (Photo by Host Photo Agency/Ria Novosti via Getty Images)
Rusia ve con preocupación la situación en Afganistán. (Photo by Host Photo Agency/Ria Novosti via Getty Images)

A principios de los noventa, la salida soviética de Afganistán condujo a una guerra civil de cinco años en Tayikistán, república exsoviética y zona de influencia rusa. Hoy, Moscú ya se ha comprometido a apoyar plenamente a sus aliados regionales dentro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, que incluyen a Tayikistán, Kazajistán y Kirguistán.

Movilización militar en las fronteras

Las tres repúblicas postsoviéticas fronterizas con Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán han ordenado la movilización militar en las zonas limítrofes, mientras las fuerzas talibanes se han desplegado para controlar los principales cruces fronterizos por los que ya han pasado miles de soldados del derrocado gobierno afgano apoyado por las tropas de la OTAN.

A Rusia le preocupa que la inestabilidad se extienda al norte de Afganistán y que provoque enfrentamientos que podrían incluso llegar a encender conflictos armados. Entre las amenazas, no solo se contemplan posibles ataques o rebeliones de ciertas facciones armadas sino también la entrada por las porosas fronteras de elementos desestabilizadores. 

Sin embargo, los talibanes afganos parecen haber aprendido mucho en estos últimos 20 años, no solo militarmente, sino especialmente sobre comunicación política y diplomacia, y ya han dejado claro que no tienen ningún objetivo expansionista y que ven en Rusia y China aliados internacionales de los que esperan ayuda para reconstruir Afganistán.

Los talibanes vuelven a controlar Afganistán 20 años después. (Photo by HOSHANG HASHIMI/AFP via Getty Images)
Los talibanes vuelven a controlar Afganistán 20 años después. (Photo by HOSHANG HASHIMI/AFP via Getty Images)

El portavoz de los talibanes se ha referido a China como un "amigo" y ha mostrado su esperanza en que el gigante asiático invierta en la reconstrucción de Afganistán "lo antes posible". A cambio, los talibanes tendrán que ofrecer garantías de que su territorio no se convertirá en un campo de entrenamiento terrorista ni supondrá ninguna amenaza para su seguridad.

Así, el pragmatismo talibán casaría perfectamente con las aspiraciones rusas y chinas. Desde el punto de vista económico y político, lo más probable es que Rusia tenga que alinearse con China, la superpotencia que, posiblemente, mayores beneficios pueda sacar del abandono americano, y que tiene mayor influencia sobre otras potencias regionales clave, como Pakistán. 

La retirada de Estados Unidos de Afganistán permite redibujar el mapa geopolítico de Asia Central, y China y Rusia se perfilan como las dos principales potencias beneficiarias del abandono americano. Su cercanía geográfica y sus intereses económicos, políticos y de seguridad justifican sus esfuerzos por extender su dominio y situarse en primer plano ante el nuevo régimen talibán.

EN VÍDEO I Desesperación total en el aeropuerto de Kabul para escapar de Afganistán ante la llegada de los talibanes

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