El ruego que Merkel ya les escuchó a Kirchner y Cristina hace 15 años

·5  min de lectura
La canciller Angela Merkel y Cristina Kirchner en la sede del gobierno alemán, en 2010
La canciller Angela Merkel y Cristina Kirchner en la sede del gobierno alemán, en 2010

Angela Merkel va rumbo a su décimo sexto año en el poder, que será el último. El mundo cambió de arriba abajo en ese tiempo, pero la canciller alemana habrá podido comprobar hoy la capacidad argentina de repetir indefinidamente la historia en busca de resultados diferentes.

Desde su despacho en Berlín, Merkel escuchó a Alberto Fernández transmitirle un pedido que ya le habían hecho Néstor y Cristina Kirchner desde 2006 en adelante: una ayuda para negociar la deuda con el Club de París sin que intervenga el Fondo Monetario Internacional (FMI), en contradicción con lo que establecen las normas del grupo.

El ruido que oculta la mala gestión

La canciller se ha curtido en capitanear crisis financieras monumentales en Europa y se ganó fama de severa defensora de las reglas, una líder rígida que exige al deudor asumir sus responsabilidades y que no regala asistencia sin compromisos. Y, sobre todo, que habla claro, sin eufemismos. El valor que da a la palabra la ha convertido, ya en el camino de salida, en una figura respetada incluso entre quienes están en el extremo ideológico opuesto.

Néstor Kirchner fue el primero en buscar un guiño de Alemania para negociar con el Club de París sin el FMI en el medio. En mayo de 2006 se lo planteó al entonces ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, de visita en Buenos Aires. Y pocos días después lo habló con Merkel en persona, la única vez que se reunieron, en una cumbre internacional en Viena. La canciller tomó nota, pero dejó en claro que la Argentina debía “honrar las deudas para integrarse al mundo”. Con formas diplomáticas, recordó que las reglas del club estaban para ser cumplidas.

El contexto era distinto: la Argentina estaba en default con el Club de París y regularizar la situación había pasado a ser una prioridad después de haber cerrado con bastante éxito el canje de la deuda privada. Al FMI, Kirchner le había pagado con reservas todo lo que le debía -US$9800 millones- en diciembre de 2005 con la intención de que no tuviera más injerencia en el país. Por eso consideraba inaceptable la condición de que el organismo hiciera una revisión de la economía argentina como paso previo a renegociar la deuda en mora con los países centrales.

Alemania tenía y tiene la porción más grande de esos títulos repartidos entre 22 países, por eso su postura es absolutamente decisiva.

Néstor Kirchner y Angela Merkel durante una cumbre celebrada en Viena, en 2006, en un encuentro en el que la canciller exhortó a la Argentina a “honrar las deudas para integrarse al mundo”
Archivo


Néstor Kirchner y Angela Merkel durante una cumbre celebrada en Viena, en 2006, en un encuentro en el que la canciller exhortó a la Argentina a “honrar las deudas para integrarse al mundo” (Archivo/)

Cristina Kirchner intentó reflotar el aval de Merkel en 2007. Durante su campaña presidencial, ella se declaraba como la evolución institucionalista del kirchnerismo. Un argumento tejido por quien era el jefe de Gabinete de Néstor y lo sería de ella, Alberto Fernández. Su modelo, afirmaba sin hesitar, era Alemania.

En septiembre de aquel año, un mes antes de las elecciones, partió a una gira por Alemania y Austria que contó con un fuerte apoyo organizativo de empresas de ese origen, como Siemens y Volkswagen. Merkel hizo la concesión de recibirla, pese a ser solo una candidata. Gran foto de campaña para quien era la favorita absoluta en la carrera.

Un día antes del encuentro, la entonces primera dama dijo ante empresarios germanos: “Tenemos una manifiesta vocación de pagar la deuda con el Club de París. Pero se nos exige someternos a una revisión del FMI que es inviable en términos políticos, económicos y de lógica”.

Merkel la recibió en el impactante edificio de la Cancillería, sobre el río Spree y con un pedazo de Muro de Berlín que todavía cruza sus salones. Se sacaron una foto sonriente, le prometió fomentar inversiones y le dijo en persona lo que su ministro de Economía, Michael Gloss, afirmaría unas horas después en una entrevista con LA NACION: “Todavía tenemos la esperanza de que la Argentina acepte las condiciones del grupo”.

El acuerdo para salir del default con el Club de París terminó por cerrarse siete años después de aquella visita proselitista. Axel Kicillof era el ministro de Economía y logró completarlo en mayo de 2014 con el mandamiento que exigía Cristina: sin el FMI.

El antecedente de Kicillof

Saltarse el reglamento tuvo su precio. La deuda constaba de un capital de 4955 millones de dólares, más intereses por 1102 millones. No hubo quita, se aceptaron punitorios correspondientes a los años impagos por 3633 millones más y se pactaron plazos inhabitualmente cortos: cinco años.

Kicillof celebró una baja en la tasa (antes del acuerdo era del 7% y pasó a un rango entre el 3 y el 4,5%), pero volvió con una factura de US$9690 millones, 50% más de la deuda que tenía que renegociar. Y ante la posibilidad de un default los punitorios aceptados son altísimos. Podrían agrandar la cuenta pendiente con el club en otros US$2000 millones.

Barack Obama, Angela Merkel y Cristina Kirchner en 2011
YVES HERMAN


Barack Obama, Angela Merkel y Cristina Kirchner en 2011 (YVES HERMAN/)

El lunes vence la cuota de US$2400 millones que Fernández quiere postergar sin que se ejecuten los cargos extra y sin atarlo a la discusión con el FMI por los US$44.000 millones de dólares que tomó el gobierno de Mauricio Macri.

En el Gobierno mantienen la esperanza de un acuerdo de conveniencia mutua. A nadie le sirve un default de la Argentina, sostienen. Probablemente se abra el lunes el período de gracia de dos meses antes de la ejecución de los punitorios. Y en ese lapso se buscará una forma de postergar los pagos hasta después de las elecciones, insisten.

Contrarreloj, el Presidente busca que Merkel lo ayude a salir del laberinto. Cristina Kirchner –que ya chocó con esa piedra- no se mueve de la exigencia de no involucrar al FMI en estos momentos. Si hacía falta otra señal, ayer el kirchnerismo más duro lo expuso en la proclama en la que directamente milita el default.

¿Cederá Merkel? Un alto funcionario del gobierno de Mauricio Macri, que la trató con asiduidad, recuerda: “Angela la primera vez que te ve te pregunta qué necesitas y trata de ayudarte. La segunda espera resultados. Si no los tenés, no vas a encontrar mucho más que sonrisas de cortesía”.