24.000 años congelado en Siberia y aún puede reproducirse

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Rotífera de la clase Bdelloidea vista al microscopio. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).
Rotífera de la clase Bdelloidea vista al microscopio. (Imagen creative commons vista en Wikimedia).

Si hubiera un ranking de animales que destaquen por su falta de interés sexual, seguramente uno de los puestos de honor les correspondería a las rotíferas. Estas criaturas microscópicas similares a los gusanos, sorprendieron hace unos años a los científicos al descubrirse que una especie en concreto (de la clase bdeloide) llevaba la friolera de 80 millones de años sin practicar sexo. ¿Cómo se reproducen entonces? Fácil, las hembras conocen el truco de la partenogénesis, es decir se clonan a sí mismas sin necesidad de macho alguno.

Pero parece ser que las rotíferas bdeloides conocen algún truco más. Como si de Houdini en miniatura se tratara, los científicos acaban de descubrir que algunos ejemplares han logrado resistir 24.000 años congelados en el permafrost siberiano, y una vez descongelados… reproducirse como si apenas hubiera pasado un suspiro.

Efectivamente, cuando estas criaturitas se echaron a dormir en Siberia, los primeros humanos alcanzaban el continente americano desde el noreste asiático, cruzando a pie el congelado estrecho de Bering. Cuando despertaron, esos mismos americanos planeaban visitar Marte. Si los humanos fuéramos capaces de tal hazaña, la exploración espacial sería coser y cantar.

Estos invertebrados acuáticos, de los que como habréis adivinado solo se encuentran hembras, guardan otros trucos interesantes en la chistera que volverían loco a los aspirantes a astronauta. Por ejemplo, son extremadamente resistentes a la radiación y consiguen sobrevivir en ambientes sumamente inhóspitos, bien sea por su sequedad, falta de nutrientes o carencia de oxígeno.

Llevan millones de años en este planeta, y se les puede encontrar en lagos de agua dulce, charcos, arroyos y prácticamente cualquier ambiente terrestre si está lo bastante húmedo: como musgos, líquenes, cortezas arbóreas e incluso en el suelo.

Cuando las cosas se ponen difíciles, estos tractos digestivos vivientes (en realidad son poco más que un conducto que une boca y ano) son capaces de detener toda su actividad “congelando” casi por completo su metabolismo. A este truco biológico se lo conoce como “criptobiosis”, y en realidad podríamos tildarlo de estado intermedio entre la vida y la muerte.

El hallazgo del que os hablo hoy se lo debemos a una institución científica rusa llamada “laboratorio criptobiótico de suelo”, nombre lo suficientemente descriptivo como para explicar su actividad. Este laboratorio depende por cierto del “Instituto de problemas fisicoquímicos y biológicos en ciencias del suelo” con sede en Puschino, localidad situada en las proximidades de Moscú.

Anteriormente, los científicos rusos de esta institución ya habían logrado hazañas similares con otras criaturas, incluyendo el aislamiento de un gusano nematodo de hace más de 40.000 años (de lo cual por cierto os habló mi compañero Javier Peláez).

Pero volvamos con la rotífera. Para determinar la edad de esta criatura, recuperada de muestras extraídas de una remota región del ártico a través de una perforación en el hielo, se empleó datado por radiocarbono. Como os comentaba anteriormente, estas criaturas revividas podrían haber visto a rinocerontes lanudos o mamuts (si hubieran tenido ojos, claro) cuando prosperaron en su tiempo “natural”.

Pero si lo que estáis buscando en el trabajo que el grupo de científicos ruso acaba de publicar en Current Biology es un informe detallado de como consiguen las rotíferas convertirse en seres casi inmortales, lo siento, el paper os dejará con más preguntas que respuestas.

Como en anteriores ocasiones, el hallazgo asombra y asusta a partes iguales. ¿Quién sabe que criaturas microscópicas actualmente congeladas en el permafrost podrán revivir a causa del calentamiento global? No conviene ser alarmista, pero a uno le entran sudores fríos en plena pandemia. Si algo mortífero despertara, me temo que no podríamos sumergirnos en la “criptobiosis” como la rotífera y quedar a la espera de tiempos más apacibles para despertar de nuevo.

Me enteré leyendo The Guardian.

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