Ron Davis Álvarez, el maestro venezolano que construye sueños a través de la música

Redacción Noticias

Por Mariángela Velásquez-. Las maestras de Ron Davis Álvarez le decían que era hiperactivo y no les faltaba razón. “No puedo estar mucho tiempo en el mismo lugar. En un día de clases me cambiaba varias veces de pupitre”.

Ron Davis Alvarez/Foto de Nicola Rocco
Ron Davis Alvarez/Foto de Nicola Rocco

Esa energía desbordante, lejos de ser un problema, se convirtió en el combustible que ha impulsado la meteórica carrera del profesor de música venezolano de 30 años, nominado recientemente por la Fundación Varkey como uno de los 50 mejores maestros del mundo.

Y es que las palabras aceleradas de Álvarez están impregnadas de un entusiasmo contagioso. Accedió sin ningún reparo a conceder esta entrevista en plena temporada navideña y atendió la video llamada sonriente y despeinado, como si hablara con una vieja amiga, en una muestra de que la notoriedad no ha hecho mella en la llaneza del creador del núcleo del Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela en un orfanato en Groenlandia, en pleno Círculo Polar Ártico, y la Orquesta de los Sueños de Refugiados en Suecia.

La naturalidad para conversar por Skype ha sido forjada por su necesidad de mantenerse conectado con sus alumnos y colegas donde quiera que se encuentre. En la actualidad vive en Gotemburgo, donde dirige una orquesta de jóvenes que han escapado de la guerra o situaciones de extrema violencia en Somalia, Eritrea, Afganistán, Albania y Siria.

Ron Davis Alvarez/Foto de Nicola Rocco
Ron Davis Alvarez/Foto de Nicola Rocco

Comenzó su educación musical a los 11 años en el núcleo Vicente Sojo de Guatire, una ciudad satélite ubicada a 45 kilómetros al este de la capital venezolana de Caracas, y a los 14 ya impartía clases de violín a músicos más jóvenes.

Su objetivo es utilizar la música como una herramienta de inclusión social que permita a sus estudiantes aprender valores, a ser perseverantes y a lograr las metas que se proponga en la vida. Su inspiración es el Sistema Nacional de Orquestas creado en Venezuela en 1975 por el músico y visionario José Antonio Abreu, quien fundamenta su método pedagógico en el empoderamiento de los niños pobres y excluidos a través de la música, para que se conviertan en ciudadanos globales, abanderados de la paz, la esperanza y la integración.

Su labor de impulsar el fortalecimiento de El Sistema en Suecia es el eje de un documental llamado Pasión, que el cineasta Erik Eger comenzó a rodar desde el primer día del trabajo de Álvarez con la orquesta de refugiados.

Cuando me preparaba para la entrevista, una de tus maestras de la escuela, Amparo Cardona, publicó en Facebook: “Ron Davis Álvarez, mi niño, orgullo de todo Guatire. Orgullo de todas las maestras que te vimos correr por el patio del colegio, qué grande eres, qué alto volaste”. ¿Cómo te sientes antes estas manifestaciones de afecto?

Me alegra que lo que estoy haciendo esté inspirando a otras personas. Me emociona cuando me piden tomarse fotos conmigo. A veces me siento como un héroe pero sé y les hago ver que soy exactamente igual a ellos. Tuve la suerte de tener excelentes maestros, tanta gente hermosa, y la mejor manera de retribuirlo es haciendo lo que hago.

Sólo lamento que ahora no tengo tiempo de responder a todos. A veces me escribe tanta gente por redes sociales que sólo alcanzo a ponerles un “me gusta”, pero a mí me gusta escribir personalmente a todos.

Enseñando a jóvenes refugiados/Cortesía de Ron Davis Alvarez
Enseñando a jóvenes refugiados/Cortesía de Ron Davis Alvarez

¿Cómo surgió ese interés en promocionar tu trabajo en las redes sociales?

Comencé con las redes sociales para mantener el contacto con mi familia y los muchachos del núcleo de Tacarigua de Mamporal. Después hicimos Ron TV para documentar lo que hicimos en el programa de verano del Sistema en Suecia Side By Side.

Luego nos hemos organizado y utilizamos las redes para dar apoyo docente, y conversar con otros multiplicadores, porque es muy importante mantenernos cerca. Quiero contagiar mi entusiasmo. Si yo he podido cumplir mis sueños, tú puedes estar en la NASA si realmente lo deseas.

Foto de Nicola Rocco.
Foto de Nicola Rocco.

¿Cómo haces para organizar tu tiempo para cumplir con actividades tan diversas y tantos alumnos en distintos lugares del mundo?

Tengo la fortuna de que mi esposa me ayuda a organizar mi tiempo y me recuerda hacer cosas importantes para mantener mi salud, como comer y dormir, porque hasta eso a veces se me olvida con las cosas que tengo que hacer. Porque lo que me pasa con el trabajo es como cuando uno juega y pierdes la noción del tiempo.

Pero dentro de mi trabajo soy muy organizado, aunque siempre dejo un espacio para lo que mis alumnos necesiten. Ahora tengo que plantearme objetivos de corto plazo, cada clase cumple un objetivo porque los jóvenes están solicitando asilo y en cualquier momento pueden ser trasladados o devueltos a sus países de origen.

Pero para lograrlo todo la energía es muy importante, esa energía me la dan los niños. No tengo límites cuando trabajo.

El Sistema en Groenlandia/Foto cortesía de Ron Davis Alvarez
El Sistema en Groenlandia/Foto cortesía de Ron Davis Alvarez

¿Cómo te preparaste para afrontar los retos que te has conseguido en el extranjero, como impartir clases en un país como Groenlandia donde no conocías el idioma y nunca habías visto la nieve?

Yo crecí dentro del Sistema, allí nos convertimos en una familia. Las herramientas que te da formarte en un Sistema de Orquestas en Venezuela te da la facilidad de ir construyendo soluciones. No basta con la motivación, debemos ser creativos, autosuficientes, crear soluciones dentro de las necesidades.

Cuando trabajé en el orfanato en Groenlandia tuve que enfrentar muchas cosas. Había muchachos con problemas de conducta y traumas que yo no conocía. Tuve que estudiar y aprender de mis alumnos todos los días. Vivir allá fue como ir a una universidad social. En el orfanato debía crear una rutina, hábitos, entregar cariño, enseñarlos a crecer como seres humanos.

Cortesía de Ron Davis Alvarez
Cortesía de Ron Davis Alvarez

¿Cómo surgió crear la Orquesta de los Sueños de Refugiados en Suecia?

Yo tenía entre ceja y ceja trabajar con refugiados. La idea surgió en septiembre del 2015 cuando tuve que viajar a Suecia y en la estación de trenes vi llegar un tren con niños con las caras sucias y expresiones de dolor. Cuando bajaban les entregaban una botella de agua y un cambur (banana). Pregunté de dónde venían y me explicaron que era muchachos que venían escapando de la guerra en Siria.

Esos rostros me impactaron mucho. Luego ese año también estuve en Estambul y comencé a leer sobre la crisis mundial de desplazados. Eso me hizo sensibilizar mi espíritu y preguntarme ¿cómo puedo apoyar a estas personas? Es el mismo escenario con los niños Inuit. ¿Cómo construyes el alma, los sueños, las oportunidades a través de la música?

Eso es lo que quiero lograr con la Orquesta de los Sueños. Comenzamos en junio y tuvimos nuestro concierto formal en octubre. Luego tuvimos 1.250 niños en el programa de verano Side by Side, donde vinieron niños de Groenlandia. Es un trabajo donde desarrollas una relación tan cercana con tus alumnos.

¿Cómo manejas tus emociones cuando tienes situaciones críticas como la deportación de uno de tus pupilos en Suecia?

Lloré mucho el día que se fue el alumno que deportaron a Albania. A veces las leyes no comprenden las circunstancias humanas. Lo están separando de su hermano y enviando a Albania porque allí ya no hay guerra. Le expliqué que a veces las cosas no salen como queremos pero eso no significa que lo estamos haciendo mal.

Le pedí que nunca pierda la constancia y le prometí que seguiríamos las clases por Skype una vez a la semana. Es importante que alguien siga creyendo en ti.

Ron Davis Alvarez/Foto cortesía de Lisa Thanner.
Ron Davis Alvarez/Foto cortesía de Lisa Thanner.

¿Recuerdas a maestros que te impulsaron y que creyeron en ti?

Yo tuve excelentes profesoras, como Franka Verhagen y Tupac Amaru, que siempre creyeron en mí. Ellas supieron antes que yo que sería un docente. Y cuando era niño tuve maestras maravillosas, imagínate que todavía tengo contacto con mis maestras de preescolar. Siempre me comprendieron y aceptaron mi hiperactividad.

¿Cómo logras motivar y mantener la disciplina entre alumnos que vienen de situaciones de guerra donde reina el caos, que tienen tiempo viviendo solos sin los límites que ofrece la estructura familiar?

Es difícil mantener la disciplina entre muchachos que tienen todo tipo de traumas. Pero al igual que los ensayos, el esfuerzo se va viendo con los resultados. La disciplina no se enseña con el regaño, sino a través del respeto por su trabajo. Ellos se van motivando cuando ven las cosas buenas que son capaces de hacer, cuando participan en los conciertos.

Hay pequeñas pautas que establezco antes de comenzar las clases, como que nadie puede comer chicle (goma de mascar). Es como un requisito mínimo. También insisto en que somos un equipo donde todos debemos aprender a escuchar. Es una repetición constante de valores, de manera agradable, donde vemos resultados musicales, pero sobre todo alimentamos la admiración y el respeto mutuo dentro de un ambiente familiar.

El camino es arduo. Al principio les decía que la clase era a las 4 de la tarde y llegaban a las 5. Un día nadie vino. Pero después del primer concierto llega la energía. Comprenden que todo el esfuerzo tiene un valor y da resultados. El trabajo con la música es un trabajo social incansable donde las retribuciones no son materiales.

¿En qué se diferencia y en qué parece un niño de Guatire y un niño groenlandés?

Los niños son iguales en todas partes del mundo. Como docente me toca convertirme en estudiante de la cultura donde voy a enseñar. Tengo que convertirme en un amigo y ellos me enseñan cuál es su mejor manera de aprender.

En Groenlandia tuve que aprender qué significaba para ellos la oscuridad, una aurora boreal, cosas que no tenían ningún significado para mí. Pero solo aprendiendo cómo comprenden su mundo puedo enseñarles las cosas que si conozco.

Foto de Nicola Rocco.
Foto de Nicola Rocco.

¿Qué piensas hacer si te ganas el millón de dólares que otorga una vez al año la Fundación Varkey GEMS al Mejor Maestro del Mundo?

Todo lo que hago forma parte de la visión filosófica del maestro Abreu. Si me gano el premio deseo crear multiplicadores del Sistema de Orquestas donde la música es una herramienta de transformación social.

Necesitamos docentes todo terreno, que puedan adaptarse a cualquier circunstancia y que no sólo puedan enseñar música. Deben ser capaces de crear liderazgos, de crear multiplicadores de núcleos del Sistema y esparcir la semilla de Abreu en todo el mundo.

¿Cómo logramos la sostenibilidad del Sistema y su multiplicación? Tenemos que invertir en la docencia. El maestro Abreu dice que las cosas realmente buenas tienen la posibilidad de multiplicarse por sí solas porque si no, no son lo suficientemente buenas. El Sistema es bueno porque tiene la esencia de Abreu, tiene su alma.

¿Cuáles son tus planes en los próximos 5 años?

Todo ha ocurrido tan rápido que no puedo prever qué estaré haciendo dentro de 5 años. Con o sin el premio seguiré enseñando y multiplicando núcleos del Sistema. Me gusta terminar los proyectos y dejar gente formada, capaz de asumir lo que he creado y de continuarlo. Eso fue lo que hice en Groenlandia. No sé dónde estaré pero seguro que estaré formando nuevos docentes.

Foto de Nicola Rocco.
Foto de Nicola Rocco.

En momentos muy duros para las familias de tus alumnos en Siria, en Afganistán y hasta en la cuna de El Sistema, Venezuela, ¿Qué mensaje les envías para este 2017?

Me gustaría mandar un mensaje de reconciliación para nuestro país y para el mundo. ¿Cuál es el granito de arena que debemos poner para hacer las cosas mejores en Eritrea, en Siria, en Afganistán en Venezuela? Soy una persona que concibo las cosas desde el positivismo. Creo que podemos construir un país con otros valores. Debemos ser parte de la solución.

Como profesional, como ciudadano, debemos trabajar y apostar por el desarrollo de la comunidad, pensar siempre qué podemos hacer por el vecino de al lado. Confío en que cuando uno siembra es posible cosechar cosas buenas. En vez de pensar en matraquear podemos aportar. Todos podemos convertirnos en la punta de la lanza, ser alguien que pueda generar orgullo y admiración para mejorar como comunidad. Cada quien desde su profesión.

Con el reciente tema de la emigración de Venezuela, me han preguntado con frecuencia que quién es más valiente, el que se queda o el que se va. Yo creo que el más valiente es el que siempre sigue luchando y no se olvida de dónde viene. Vendrán tiempos mejores cuando comencemos a cambiar como individuos. Debemos comenzar a exigir pero también debemos dar.