Roman Reigns, el luchador que conquistó al público volviéndose un villano de la WWE

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Roman Reigns, junto a Paul Heyman, como Campeón Universal en Crown Jewel 2021. (Fayez Nureldine/AFP vía Getty Images)
Roman Reigns, junto a Paul Heyman, como Campeón Universal en Crown Jewel 2021. (Fayez Nureldine/AFP vía Getty Images)

Roman Reigns es el rey de la World Wrestling Entertainment. Su talento respaldó las decisiones de mercadotecnia que lo hicieron consagrarse como la nueva cara de la WWE. A raíz de la pandemia por COVID-19, pasó de ser un chico bueno a un rudo despiadado. Y es que, desde su óptica, nunca fue mejor etapa para ser el malo del cuento.

Su recorrido en la lucha libre estadounidense inició luego de su fugaz paso por la National Football League (NFL). No encajó en el esquema de los Vikingos de Minnesota, tampoco en el de los Jaguares de Jacksonville; entonces, apeló a su herencia familiar para desvincularse del ovoide, así fundó una carrera en la industria del entretenimiento deportivo.

El reflejo de la gloria también era parte de su sangre. Fiel a la tradición luchística que heredó de su padre Sika Anoa’i y que continuó su hermano Rosey, ingresó a los encordados en busca del éxito. En suma, The Rock, su primo más distinguido, se consolidó como el rostro de la compañía entre finales de la década de los noventa y principios de los 2000.

Roman Reigns junto a su primo The Rock en la premiere de Hobbs & Shaw, película donde Reigns interpretó a Mateo Hobbs. (Tommaso Boddi/WireImage)
Roman Reigns junto a su primo The Rock en la premiere de Hobbs & Shaw, película donde Reigns interpretó a Mateo Hobbs. (Tommaso Boddi/WireImage)

Todo parecía estar ideado de tal forma que el linaje no defraudara en su cambio generacional. La nueva piel sería la encargada de representar años de historia a través de sus venas. No falló en el intento, sino que cargó con la presión en su espalda y se dedicó a mejorar en el cuadrilátero. El experimentó funcionó, pero recibió tantas críticas que evidenciaron las dudas del proceso.

Dos años le bastaron en la cantera de la WWE para dar el salto a la programación estelar. Al lado de Seth Rollins y Dean Ambrose, dos talentos que triunfaron en su paso por la escena independiente de Estados Unidos, marcaron un impacto al crear la agrupación The Shield en 2012. Pronto llegaron los cinturones, al igual que la asunción del liderazgo del equipo.

La ruptura de la popular facción en 2014 le otorgó el ímpetu para remar a contracorriente; en solitario, como nunca lo estuvo antes. Sin embargo, los directivos optaron por no soltarlo de la mano. Veían en él a una cara fresca, digna de conectar con su audiencia y fraguar una época distinta para su producto televisivo.

John Cena encara a Roman Reigns al cierre de la función Money in the Bank 2021. (Joe Camporeale-USA TODAY Sports)
John Cena encara a Roman Reigns al cierre de la función Money in the Bank 2021. (Joe Camporeale-USA TODAY Sports)

Por ello, fue elegido como el sucesor de John Cena, quien a inicios de la década pasada se posicionó como la imagen andante del emporio. No obstante, después de ganar casi todos los cetros posibles, este se alejó de a poco del combate porque prefirió enfocarse en la actuación. La vacante estaba en bandeja, era el elegido para convertirse en la siguiente megaestrella de la WWE.

Sus primeras preseas y torneos importantes llegaron en 2015, bajo la faceta de un luchador técnico poco querido por la gente. Uno de los puntos ascendentes en su trayecto que acentuó tal condición se gestó cuando venció a The Undertaker, otro de los grandes símbolos del wrestling. Complicado de digerir, mas los fanáticos entendieron que sólo les restaba acostumbrarse.

Su reinado inicial como Campeón Universal terminó en octubre de 2018 debido a un anuncio legítimo: había recaído en los dominios de la leucemia, cáncer que afrontó en su juventud. La empatía se adueñó de las masas y a partir de ese duro instante, el reclamo quedó en el olvido. El gladiador se recuperó por completo en febrero de 2019, de ahí que retornó con inmensa aceptación.

Brock Lesnar enfrenta a Roman Reigns después del pago por evento SummerSlam 2021. (Joe Camporeale-USA TODAY Sports)
Brock Lesnar enfrenta a Roman Reigns después del pago por evento SummerSlam 2021. (Joe Camporeale-USA TODAY Sports)

Una vez empezada la pandemia por coronavirus, tuvo que resguardarse por su condición médica. En medio del confinamiento materializó una identidad poco mostrada. Volvió como rudo en agosto de 2020, con la misión de recuperar el cinturón al que había renunciado por su enfermedad. No tardó en conseguirlo.

Su naturaleza de estaca reconectó sus raíces, dado que formó una alianza con sus primos Jey y Jimmy Uso denominada The Bloodline. El lazo en el micrófono que por un tiempo le confirió el manejador Paul Heyman le permitió adquirir un estatus especial, incomparable al de ningún otro en la WWE. No hay duda alguna de que se apropió del mote del jefe de la tribu.

Tras 18 defensas y 11 oponentes derrotados superó la marca de 504 días como campeón más longevo en la historia moderna de la empresa, que le pertenecía a Brock Lesnar. Tras acabar con nombres destacados del negocio como Daniel Bryan, Edge, Rey Mysterio, así como a los propios Cena y Lesnar, Roman Reigns por fin es una realidad incuestionable.

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