Roe contra Wade inspiró a activistas en todo el mundo. Ahora están repensando su estrategia

·9  min de lectura
Manifestantes en el exterior de la Corte Suprema de EE. UU. con pancartas que representan a los magistrados, durante una audiencia del caso que resultó en el borrador del fallo para revertir Roe contra Wade. (Gabriela Bhaskar/The New York Times)
Manifestantes en el exterior de la Corte Suprema de EE. UU. con pancartas que representan a los magistrados, durante una audiencia del caso que resultó en el borrador del fallo para revertir Roe contra Wade. (Gabriela Bhaskar/The New York Times)

Los movimientos feministas alrededor del mundo han elegido dos caminos para proteger el derecho al aborto: la vía de los tribunales y la de la legislación. Los sucesos en EE. UU. provocan una amplia reflexión sobre ambos.

El borrador de la opinión de la Corte Suprema que anula el caso Roe contra Wade y que se filtró el lunes por la noche aún no es definitivo. Pero cuando pase la tormenta, las mujeres estadounidenses pueden llegar a la conclusión de que han perdido el derecho al aborto de la misma manera que un personaje de Ernest Hemingway dijo que se había ido a la quiebra: gradualmente, y después de súbito.

Si algo parecido al proyecto filtrado se llega a convertir en ley, será el resultado no solo de décadas de campaña, litigios y nombramiento de jueces conservadores por parte de los grupos antiabortistas y sus aliados republicanos, sino también de una única decisión que revierte el establecimiento de un derecho constitucional que inspiró a los defensores del derecho al aborto en todo el mundo.

Por tanto, el dictamen también plantea una cuestión relevante para activistas en todo el mundo: ¿buscar la protección del derecho al aborto a través de los tribunales es una estrategia más arriesgada que crear el tipo de movimiento de masas que puede impulsar las victorias legislativas?


La sorprendente política de Roe

Es difícil de imaginar ahora, pero en el momento en que se decidió el caso Roe contra Wade, en 1973, el aborto no era un tema importante para la derecha estadounidense, ni siquiera para los cristianos evangélicos.

De hecho, dos años antes de Roe, la Convención Bautista del Sur votó una resolución que solicitaba la legalización del aborto. Y aunque ambos partidos estaban divididos en el tema, la oposición al aborto estaba más asociada a los católicos, que tendían a votar por los demócratas.

Manifestantes a favor del derecho al aborto celebrando frente a la Corte Constitucional de Colombia tras el fallo a favor de la despenalización del aborto hasta las 24 semanas de gestación, en Bogotá en febrero. (Nathalia Angarita/The New York Times)
Manifestantes a favor del derecho al aborto celebrando frente a la Corte Constitucional de Colombia tras el fallo a favor de la despenalización del aborto hasta las 24 semanas de gestación, en Bogotá en febrero. (Nathalia Angarita/The New York Times)

Pero pocos años después, eso cambió. El cambio no fue impulsado por el aborto en sí, sino por la desegregación. Después de que la Corte Suprema ordenó eliminar la segregación en las escuelas del Sur, muchos padres blancos sacaron a sus hijos de las escuelas públicas y los enviaron a escuelas privadas exclusivamente blancas conocidas como academias de segregación. Tras un nuevo litigio por parte de los padres negros, el Servicio de Impuestos Internos revocó el estatus de exención fiscal de esas escuelas, lo que provocó la ira generalizada de los cristianos evangélicos blancos y catalizó su nuevo papel como una poderosa fuerza conservadora en la política estadounidense.

En realidad, oponerse en público a la desegregación no resultaba aceptable socialmente, ni agradable para una coalición más amplia. Pero oponerse al aborto sí lo era. Y los derechos al aborto habían seguido un camino procesal parecido al del caso de Brown contra el Consejo de Educación y otros casos de derechos civiles, al emplear los litigios de impacto para conseguir protecciones constitucionales en la Corte Suprema que anularan las leyes estatales. Así que criticar a Roe se convirtió en una forma de hablar de “extralimitación del gobierno”, de “derechos de los estados” y de la necesidad de “proteger a la familia” sin tener que oponerse activamente a los derechos civiles o a la desegregación.

Con el paso de los años, la reacción negativa fue ganando fuerza. Pero el derecho al aborto todavía parecía relativamente seguro, sobre todo después de que la Corte Suprema lo reafirmara en el caso Planned Parenthood contra Casey en 1992. El hecho de que el derecho al aborto siguiera estando protegido en Estados Unidos, incluso frente a la creciente oposición política, parecía un argumento a favor de la búsqueda de protección a través de los tribunales.

Las activistas de otros países han buscado un camino similar. En Colombia, en 2006, Mónica Roa, abogada del grupo feminista Women’s Link Worldwide, consiguió excepciones a la prohibición general del aborto en el país con el argumento de que las organizaciones de tratados internacionales de Colombia, y, por tanto, su Constitución, exigían excepciones por violación, incesto o peligro para la vida o la salud de la madre. Este año, en un caso posterior, la corte fue más allá, al despenalizar todos los abortos antes de las 24 semanas de gestación.

Llevar el tema a los tribunales permitió a las activistas eludir en parte la polémica política que rodea el tema, dijo Julie Zulver, antropóloga política que estudió el activismo en torno a los derechos reproductivos en Colombia. “Durante el proceso de paz, todo se polarizó”, dijo.

En 2016, el gobierno celebró un referéndum sobre un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC. Para socavar el apoyo público al acuerdo, los políticos conservadores, incluido el expresidente Álvaro Uribe, trataron de asociar el proyecto de acuerdo con el aborto, la educación de género en las escuelas y otros temas sociales polémicos.

“Tan pronto como el referéndum por la paz empezó a ser aprobado, fue como que, si votas por el sí en este referéndum por la paz, estás votando por convertir a tus hijos en homosexuales, estás votando en contra del país. Estás votando contra la idea de la nación y la familia. Y en este sentido se incluyen cuestiones como los derechos de la mujer o el acceso a los derechos reproductivos”, dijo Zulver.

En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador se ha mostrado feroz en su oposición al movimiento feminista mexicano, al que considera una oposición hostil a su gobierno . Sin embargo, tras años de organización popular del movimiento, la Suprema Corte de Justicia del país despenalizó el aborto en 2021.


Los tribunales son el truco

Pero así como el fallo de Roe y su capacidad para resistir la oposición parecían trazar un camino hacia la protección del aborto, su probable caída ahora pone de manifiesto una posible debilidad de la protección judicial: esta depende intrínsecamente de la composición de los tribunales. Y con el tiempo, eso puede cambiar.

En Estados Unidos, la oposición de los votantes republicanos al aborto ayudó a impulsar un esfuerzo de décadas para nombrar y elegir jueces conservadores en todos los niveles del sistema judicial. En la actualidad, el resultado es una supermayoría conservadora en la Corte Suprema que no solo parece dispuesta a anular Roe, sino que también ha virado bruscamente hacia la derecha en otras cuestiones, como el derecho al voto.

En Polonia, cuando el gobierno nacionalista de extrema derecha no consiguió que el Parlamento aprobara una ley para restringir el aborto, recurrió al Tribunal Constitucional, que estaba repleto de jueces afines a Ley y Justicia, el partido gobernante. En octubre de 2020, el tribunal consagró efectivamente la legislación fallida en ley constitucional.

A veces los litigios simplemente se esfuman. En 2010, muchos pensaron que la impugnación de las restricciones irlandesas al aborto en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos podría convertirse en una suerte de Roe para Europa. Pero, en cambio, el tribunal únicamente emitió una decisión procesal limitada.


Activismo al fin y al cabo

Al final, puede que todo se reduzca al activismo. Y en todo el mundo ha surgido un patrón: las campañas exitosas tratan el aborto como parte de cuestiones más amplias de identidad nacional, y se apoyan en la organización sostenida de activistas experimentados.

En Irlanda, en 2012, la muerte de una joven llamada Savita Halappanavar a la que se le había negado un aborto médicamente necesario se convirtió en un grito de guerra para el movimiento por el derecho al aborto. En 2018, el país celebró un referéndum para cambiar la Constitución y legalizar el aborto, que fue aprobado con más del 66 por ciento de apoyo.

Al igual que en Colombia, las activistas irlandesas buscaron enmarcar la cuestión del aborto como una cuestión de identidad nacional y social. Pero esta vez, la dinámica se invirtió: en Irlanda, el argumento de identidad más exitoso fue el del lado que argumentaba a favor del derecho al aborto, al enmarcar los derechos reproductivos como parte de la identidad europea de Irlanda.

“El marco de la campaña por el derecho al aborto en Irlanda era la compasión, y cómo Irlanda tiene que ser la cara compasiva de Europa”, dijo Marie Berry, una politóloga de la Universidad de Denver que ha estudiado la campaña irlandesa. “Que es más compasiva que el Reino Unido, ya que este se ha vuelto cada vez más conservador, especialmente con el gobierno conservador. Que estamos en la Unión Europea, que representamos una Europa progresista”.

Pero la clave del éxito del movimiento puede haber sido combinar ese atractivo mensaje con la experiencia organizativa de grupos feministas más radicales. “Lo que me sorprendió cuando investigaba con activistas de allí fue que, en realidad, el nodo organizador de toda la campaña ‘Derogación de la 8ª’ por el derecho al aborto procedía de los movimientos anarcofeministas, que estaban más arraigados en los movimientos ecologistas que en el movimiento liberal por los derechos de la mujer”, dijo Berry. “El grueso de la gente que votó a favor, por supuesto, no estaba afiliada a los nodos organizativos más izquierdistas. Pero ese fue realmente el corazón del movimiento que lo hizo posible”.

En Argentina, el movimiento Ni Una Menos también combinó una organización sostenida y a largo plazo con un marco que situaba el derecho al aborto en el contexto más amplio de una sociedad justa, presentando la falta de acceso al aborto legal y seguro como solo una parte del problema más amplio de la violencia contra las mujeres. En 2018 fracasó un proyecto de ley para legalizar el procedimiento, pero en 2020 el país legalizó el aborto, convirtiendo a Argentina en el mayor país de América Latina en hacerlo.

En Estados Unidos, por el contrario, el aborto legal ha sido el statu quo desde la decisión de Roe en 1973, lo que lo convirtió en un objetivo difícil para ese tipo de organización masiva sostenida.

“Creo que la movilización indígena, algunos de los trabajos más progresistas de justicia racial, Occupy, todos los nodos de izquierda dentro de esos movimientos, no han centrado el aborto en su defensa porque ha sido, constitucionalmente, más o menos una cuestión resuelta desde los años 70”, dijo Berry. Y para otras organizaciones centradas en la intersección de los derechos reproductivos con la raza y la clase social, “el aborto siempre ha estado ahí, pero no es la única demanda”, dijo.

Las organizaciones centristas y los políticos demócratas, por el contrario, han enmarcado a menudo el aborto como una cuestión de servicios de salud desafortunados pero necesarios que deberían ser “seguros, legales y poco frecuentes”, y han centrado el activismo en cuestiones de acceso. Esto era a menudo vital para las mujeres de las zonas rurales o de los estados cuyas engorrosas regulaciones habían hecho que el aborto fuera esencialmente inaccesible en la práctica, pero no generaba el tipo de llamamiento masivo e identitario que ha sido eficaz en países como Irlanda.

Por eso, hoy, con Roe aparentemente a punto de caer, las activistas estadounidenses se plantean qué se necesita para construir su propio movimiento de masas al estilo de Ni Una Menos, y qué pueden conseguir antes de que sea demasiado tarde.

© 2022 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.