Quién era Rodrigo Duarte, el cordobés asesinado en Brasil: amiguero y alegre

Gabriela Origlia
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CÓRDOBA.- En barrio Los Olmos, al sur de la ciudad de Córdoba, la familia, los amigos y los vecinos de Rodrigo "el Bocha" Duarte no salen del estupor y no tienen consuelo por el asesinato del joven de 33 añosen la ciudad brasileña de Preá (estado de Ceará, al norte). Después de una discusión en un bar, a la salida, un hombre lo golpeó en la cabeza con "un palo, una especie de bate de béisbol". Murió tres días después.

Hace dos años Duarte decidió irse a Brasil. "No como mochilero, sino con la intención de quedarse. Fue subiendo y en Fortaleza le mencionaron el pueblo de Preá. Llegó, le gustó, consiguió trabajo y se instaló. Había alquilado una casa, tenía un perro. Estaba muy contento", dice a LA NACION Nicolás Cabrera, su amigo desde los diez años.

En Córdoba, después de terminar el secundario en el colegio Deán Funes, hacía diferentes trabajos. Sus padres se habían separado cuando él era chico; vivía con su mamá, Miriam Araya; su hermano Facundo, mayor que él, y su abuelo. El abuelo era su ídolo, su compañero para las más diversas actividades; falleció poco antes de que él se fuera a Brasil.

El abuelo le decía "el busca" porque siempre estaba pensando en qué trabajar, en hacer algo nuevo. Sus amigos lo describen como "muy independiente, dispuesto a probar experiencias; siempre estaba intentando cosas".

Amante del rock -era fanático de Patricio Rey- también, si pintaba, escuchaba a Carlos "la Mona" Jiménez. "Era versátil, se prendía", repasa Cabrera. En el grupo lo recuerdan como "amiguero, alegre". Era el que se encargaba de poner apodos a todos.

Jugaba al fútbol sólo por sus amigos porque era "medio ojota" e iba a la cancha a ver a Belgrano solo si era una salida en grupo. "Fanático no, pero como compartía se sumaba", dicen en la barra. Aunque desde que se fue no había regresado y no los había visto, tenía charlas diarias por Whats App. Su mamá sí lo había ido a ver el año pasado.

"Esta tarde su mamá y sus amigos de allá hicieron una ceremonia íntima para despedirlo -señala Cabrera-. Nos dijo que no podía creer cómo lo querían en el pueblo, por eso y porque él estaba bien allá no lo va a repatriar".

Entre los motivos de la felicidad de Duarte, se contaba que había sido tío hace dos meses. No estaba en pareja e invitaba a sus amigos a que fueran a visitarlo, a conocer el lugar que había elegido. "Había planes de ir a visitarlo; somos un grupo muy unido, desde siempre", insiste Cabrera.

La madre es enfermera jubilada y viajó este sábado con una amiga. En una escala se anotició que su hijo había muerto en el hospital, donde lo habían operado de la lesión en el cráneo. A partir de mañana espera poder interiorizarse de la causa. Hay una denuncia policial pero no detenidos.

La pelea fue adentro de un bar de playa con unos gemelos; les pidieron a los tres que se fueran y, a la salida, Duarte recibió el golpe fatal. La familia espera que el consulado de Recife le pueda dar asistencia legal para que el crimen no quede impune.