Roberto Bautista demuestra ante Medvedev lo que podría haber sido su carrera

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HALLE, GERMANY - JUNE 17: Roberto Bautista Agut of Spain plays a backhand in his match against Daniil Medvedev of Russia during day seven of the 29th Terra Wortmann Open at OWL-Arena on June 17, 2022 in Halle, Germany. (Photo by Thomas F. Starke/Getty Images)
Roberto Bautista se agacha para volear sobre la hierba en su partido contra Daniil Medvedev (Photo by Thomas F. Starke/Getty Images)

Pocas figuras del mundo del tenis más difíciles de calificar que el español Roberto Bautista Agut. A sus ya 34 años, sigue entre los veinte primeros, ranking que ha ocupado durante 307 semanas a lo largo de su carrera, el equivalente a casi seis años. En toda la historia del tenis Open, solo 56 jugadores han pasado más semanas entre los veinte primeros de la clasificación... y a su vez pocos han dejado una menor huella en los grandes torneos, los que realmente le colocan a uno en el mapa: en todos estos años de regularidad y éxitos parciales, Bautista solo ha llegado dos veces a cuartos de final de un torneo de Grand Slam, curiosamente las dos en 2019: Wimbledon (semifinales) y Australia (cuartos).

Estos problemas de confianza en los grandes escenarios son lo que ha dejado a Bautista un poco al margen del fervor popular, más allá de la coincidencia en el tiempo con otros enormes jugadores como Rafa Nadal, David Ferrer o Pablo Carreño. Bautista no ha tenido ese torneo que enganchara al público, pero no por ello ha dejado de ser siempre un jugador competitivo, especialmente en torneos menores, como se ha demostrado esta misma semana con su victoria en la hierba de Mallorca contra el número uno del mundo, el ruso Daniil Medvedev, en dos fáciles mangas.

El mismo Bautista que cae con demasiada frecuencia en segundas o terceras rondas de grand slam sigue siendo un peligro el resto del año. Más que nada porque es imprevisible. Pongamos como ejemplo este mismo año: finalista en la ATP Cup y poco después en Doha, Bautista se hundió entre molestias físicas y no había conseguido volver a pasar una segunda ronda hasta el pasado fin de semana en Halle -donde perdió en cuartos de final precisamente contra Medvedev-. Su carrera siempre ha tenido un poco de este "efecto tobogan". Por un lado, ha sido suficientemente regular como para mantenerse desde mayo de 2014 -ocho largos años- entre los treinta mejores del mundo. Por otro lado, su manera de conseguir esa regularidad ha sido combinando partidazos y decepciones casi a partes iguales.

Bautista ha jugado diecinueve finales de ATP, ganando diez torneos y perdiendo, entre otros, el de Shanghai en 2016, ante el mejor Andy Murray de su carrera. Si lo comparamos con los monstruos tipo Nadal, Djokovic o Federer parecen pocas... pero no lo son. Por ejemplo, Pablo Carreño Busta, ha jugado once. Tal vez, Carreño represente justo lo contrario de Bautista: Carreño solo ha ganado seis torneos menores, pero sí le hemos visto en las grandes citas: fue bronce en los Juegos de Tokio imponiéndose a Djokovic, fue finalista en dobles del US Open y ha jugado dos semifinales en Nueva York más otros dos cuartos de final en París.

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A Carreño, el gran público le ha visto mucho. A Bautista le ha visto bastante menos siendo dos jugadores de una calidad muy semejante y un rendimiento global parecido. Volviendo al castellonense, ha demostrado varias veces que, cuando de verdad se lo cree, cuando no tiene una cruzada de cables set y break arriba o algo similar, es un jugador fantástico. Su récord ante Medvedev lo demuestra: cuatro victorias y la única derrota mencionada en Halle. A Novak Djokovic le ha ganado tres veces y le ha puesto contra las cuerdas otras tantas, por ejemplo en esas semifinales de Wimbledon 2019 en las que le arrebató un set.

Tal vez su gran lunar han sido sus resultados contra Rafa y Roger. Con Nadal ha perdido tres veces, sin apenas oponer resistencia... con Federer han sido nueve las derrotas, aunque siempre dio la sensación de que Bautista incomodaba al suizo con su solidez desde el fondo de pista y sus pelotas liftadas al revés, una táctica que siempre descompone al ganador de veinte grandes. Puede que la ausencia de una enorme victoria ante estos enormes jugadores haya marcado aún su perfil bajo, pero no deja de ser injusto.

Reconozco que me vuelven loco los jugadores de "clase media". Son una debilidad. Con todo el talento del mundo y los resultados a favor, es relativamente sencillo mantenerse años y años en el circuito ATP. Otra cosa son los Bautistas, los Carreños, los López. Gente que se tira centenares de semanas entre los mejores del mundo -imaginen una semana entre los veinte mejores de su profesión, sea la que sea, y ahora imaginen 307- y que no cede en el empeño. Que, recién cumplidos los 34 y tras un año horrible, se plantan ante el número uno del mundo y le pasan por encima.

Alguien podrá decir que Medvedev es un número uno algo circunstancial por la lesión de Nadal del año pasado y los problemas burocráticos de Djokovic, pero es el número uno, punto. Campeón del US Open, finalista en Hertogenbosch y en Halle, los dos últimos torneos disputados sobre hierba. Hay que ganarle, vaya, y eso es lo que ha conseguido Bautista. Ya está en semifinales, lo cual no es decir demasiado porque lo mismo va y pierde de paliza, pero, bueno, todo lo que sirva para coger moral y acercarse a lo conseguido en Wimbledon 2019 será celebrado por todo lo alto.

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