Rigoberta Menchú recibe llaves como huésped distinguido de Cuernavaca

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CUERNAVACA, Mor., abril 26 (EL UNIVERSAL).- Al recibir las llaves como huésped distinguido de Cuernavaca, la embajadora de buena voluntad de la UNESCO, Rigoberta Menchú, elevó su protesta por el clima de violencia contra las mujeres en el país y las agresiones que se registran a diario en contra de ellas, las cuales, en algunos casos, llegan hasta el feminicidio.

"Estos días estamos muy entristecidos por lo que pasa de las violaciones de las mujeres, no es un caso, son muchos y cuando revisamos cada uno de ellos todavía nos nace la esperanza de que la ley de feminicidios sea utilizada, aplicada y que los tribunales de justicia hagan todo lo posible para la investigación, tipificación y la prueba fehaciente que necesita la ley para ser aplicada", expresó.

Rigoberta Menchú fue distinguida por las autoridades de Cuernavaca al cumplir 30 años de haber obtenido el Premio Nobel de la Paz, que se confiere a las personas que han trabajado a favor de la fraternidad entre naciones.

Desde el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, donde fue reconocida por el alcalde José Luis Urióstegui Salgado y el Cabildo como huésped distinguido, la activista dijo que al celebrar el 30 aniversario del Premio Nobel de la Paz mira al pasado porque los años pasaron rápido, pero son tiempos de mucha lucha, trabajo y esfuerzo.

"El premio se me dio no en lo personal, sino en la memoria colectiva de los pueblos indígenas, se dio a la resistencia, a esa resiliencia que traían los pueblos indígenas; era un tiempo en que todos queríamos romper un silencio y el silencio de una humanidad diversa y plural, esa humanidad que podía encaminar su futuro en el respeto mutuo, en la complementariedad y la diversidad y en generar los caminos de prosperidad".

En estos 30 años, explicó, han pasado muchas cosas y eso rindió homenaje a las lideresas y dirigentes de pueblos que han trabajado arduamente para tratar de participar en la determinación de su destino.

De igual manera rindió homenaje a los defensores de derechos humanos y afirmó que ha trabajado de la mano con las organizaciones para tipificar los crímenes que ofenden la conciencia humana, como la desaparición forzada y la tortura; estos crímenes que denigran al ser humano.

La ganadora del Premio Nobel de la Paz y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional afirmó que han ejercido presión en algunos espacios para que se tipifiquen los delitos, para la creación de más tribunales y al mismo tiempo se juzguen estos delitos.

De igual manera se pronunció para que las nuevas generaciones tengan conciencia de que ninguna guerra trae cosas buenas.

Sostuvo que las guerras no se pueden justificar por ningún motivo porque traen dolor y sufrimiento y quienes más sufren las condiciones de una guerra son los ciudadanos, la población que no tiene recursos para salir adelante y que no tiene decisión.

"Digamos no a la guerra y hagamos un esfuerzo por recuperar nuestra armonía y nuestra paz", dijo.

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