Los riesgos y bondades del género ensayístico

*Jesús Silva-Herzog Márquez habló sobre su más reciente libro: “Por la tangente”

Por Cristóbal Torres

México, 7 de mayo (Notimex).— Toda persona entregada al pensamiento se arriesga a cierto ridículo, estimó Jesús Silva-Herzog Márquez, durante una charla transmitida a través de redes sociales donde abordó el género del ensayo, a propósito de su nuevo libro intitulado Por la tangente: de ensayos y ensayistas, cuyo único ejemplar impreso mostró en pantalla; explicó que justo cuando estaban por distribuirse las copias inició la contingencia sanitaria.

      Resaltó que el ensayo puede ser un género muy tramposo, por ello los ensayistas deben asumir el riesgo de problematizar cosas que en la vida cotidiana podrían no resultar arriesgadas en absoluto, como el sentido de la vida, de la existencia y el concepto del tiempo, “cosas que uno no examina y que difícilmente representan una aportación práctica”.

      Recordó que el género se llama así porque el ensayo no es una fórmula que agota los temas ni los resuelve; en realidad, lo que hace el ensayista es bordear un tema y pasearse por sus contornos para aportar una idea o luz sobre algo que no estaba siendo atendido previamente; añadió que por eso tituló el libro Por la tangente.

      Reconoció que el ensayo posee un rasgo de celebración porque es una de las partes más gozosas del estilo literario; permite abordar un tema desde la defensa de la subjetividad y sin perder una vocación de estilo. Aseguró que el ensayista no pretende hablar a nombre de nadie, sino que la parte central de la persuasión radica en plantear una perspectiva propia y defenderla desde su propio ángulo de visión.

      Retomó la definición de Alfonso Reyes acerca del ensayo, quien lo consideró como el centauro de los géneros al ser la mezcla de dos cosas muy distintas: la ciencia y el arte. Recordó también la definición del periodista británico, G. K. Chesterton, quien definió al género como una serpiente por su caminar ondulante en la memoria occidental; seduce pero al mismo tiempo hay que tenerle cierta reserva.

      Sobre las mujeres ensayistas, el escritor mencionó que hay varias ensayistas en el libro como Virginia Woolf, “uno de los personajes más altos de la ensayística inglesa”; Hannah Arendt, María Zambrano, y un apunte sobre Anne Carson. Finalmente recomendó La llama doble, de Octavio Paz, para iniciarse en la lectura del género, pues sotuvo que su reconstrucción de todo lo que pensó y escribió sobre el amor y el erotismo “es una de las grandes joyas de la ensayística mexicana de todos los tiempos”.

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