Riesgo de escalada en el barrio musulmán de Jerusalén

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Frente a su tienda de comestibles en la Ciudad Vieja de Jerusalén, Alaa Zorba le grita a un policía israelí, que le devuelve el grito. Un signo más de las tensiones entre israelíes y palestinos que podrían aumentar en cualquier momento.

"Están echando más leña al fuego", dice este comerciante mientras repone mercancía en su tienda en Al Wad, la principal calle del barrio musulmán de la Ciudad Vieja, cerca de tres policías israelíes.

Poco antes, este palestino de 45 años vio como uno de los policías pedía a un hombre musulmán sus documentos de identidad cuando quería ir a la Explanada de las Mezquitas. Finalmente le rechazaron el paso al hombre sin motivo aparente y el policía le dijo que probara suerte por otra entrada, mucho más alejada.

La Explanada de las Mezquitas está situada en la Ciudad Vieja de Jerusalén, al este de la ciudad, una parte ocupada por Israel desde 1967 y que los palestinos reivindican como capital de un futuro Estado.

Los judíos se refieren a la Explanada como Monte del Templo, por encontrarse en él los vestigios del templo de Jerusalén. Al pie de la Explanada se sitúa el Muro de las Lamentaciones, lugar de culto judío.

Poco después, el mismo policía desea a un judío que pasa por allí una feliz Pascua, lo que hace perder paciencia a Alaa Zorba.

"Les grité que estaban perturbados", explica tras ser calmado por otros palestinos.

Tras el breve enfrentamiento, más violento en palabras que en golpes, cada uno vuelve a sus asuntos.

Cerca, un joven palestino esposado sigue a dos policías israelíes. Nadie sabe por qué ha sido detenido, pero nadie presta atención a la escena, que ahora parece ordinaria.

"Día tras día, la tensión crece", dice Alaa Zorba.

- "Atmósfera de guerra" -

La Ciudad Vieja de Jerusalén está dividida en cuatro barrios (judío, musulmán, cristiano y armenio), frecuentados por los fieles de cada religión, por los habitantes y los turistas, bajo la vigilancia de las fuerzas israelíes en cada esquina.

Pero sigue siendo el foco permanente de tensiones, ya que los palestinos --tanto cristianos como musulmanes-- acusan a las organizaciones nacionalistas israelíes de querer colonizar y "judaizar" este lugar donde se cruzan las grandes religiones monoteístas, situado en la parte palestina de Jerusalén, ocupada y anexionada por Israel desde 1967.

Los enfrentamientos han aumentado en los últimos días con la celebración del Ramadán, el mes del ayuno musulmán, y la Pascua judía, dos fiestas que propician grandes concentraciones en la Ciudad Vieja.

El viernes 15 de abril, la tensión se convirtió en enfrentamientos en la Explanada entre los manifestantes palestinos y las fuerzas israelíes, dejando a más de 170 palestinos heridos.

Y este viernes estallaron nuevos enfrentamientos.

"La situación es muy difícil, hay una atmósfera de guerra", dijo Firas Mohamad, otro comerciante de la calle Al Wad, que sigue recibiendo algunos clientes con normalidad.

A Mohamad le molestan los judíos ultraortodoxos y a veces nacionalistas que desfilan frente a su tienda, a menudo escoltados por guardias de seguridad, de camino al Muro de las Lamentaciones o a la Explanada de las Mezquitas.

Antes no solían pasar por el barrio musulmán pero hoy "vienen en grupos, con banderas, gritando 'muerte a los árabes, muerte a los musulmanes', y vienen a crear problemas", dice Firas Mohamad.

Y la policía israelí "no hace nada", según él.

Al contrario, dice, les dejan entrar en la explanada, un lugar administrado por Jordania pero cuyo acceso está controlado por Israel, donde pueden entrar bajo ciertas condiciones pero donde no se les permite rezar.

- "Muchas gracias" -

Esta semana, más de 3.800 judíos visitaron el lugar, batiendo un "récord" en Pascua, según el organismo israelí de visitas.

Cuando abandonan el lugar, algunos entonan cantos religiosos o incluso se tumban en el suelo para besarlo en el fervor de sus oraciones, a pocos pasos de los habitantes palestinos, para quienes estas visitas son provocaciones.

Un judío ultraortodoxo, con un chal de oración, que se dirige a la salida de la Ciudad Vieja, se cruza con policías israelíes, les desea una feliz Pascua y les dice "muchas gracias".

"Les doy las gracias porque (...) nos protegen", explica, sin declarar su identidad. "Si no estuvieran aquí, no podríamos caminar con tanta facilidad", afirma.

En una calle adyacente donde reina la tranquilidad, Nader Zaro, propietario de un café palestino, siente que la presión aumenta. "Un día va a explotar", advierte.

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