Ridley Scott se equivoca al culpar a los millennials de su fracaso de taquilla, pero tiene razón al enfadarse

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Tal vez, como cultura, no nos merecemos las cosas buenas. Llevamos años lamentando la inercia creativa del blockbuster moderno: la sobreabundancia de espectáculo insípido, superhéroes CGI e “IP conocida” que prácticamente ha expulsado del mercado al cine adulto de alto presupuesto. Por eso, cuando llega una película como The Last Duel, debería ser un oasis en el desierto.

La película, un tríptico medieval dirigido por Ridley Scott, sigue la historia real de Jean de Carrouges (Matt Damon) y Jacques Le Gris (Adam Driver), dos nobles que se enfrentaron a muerte en la Francia del siglo XIV después de que la esposa de Carrouges, Marguerite (Jodie Comer), acusara a Le Gris de violación.

Los mismos hechos se narran tres veces, y cada segmento de la película se presenta como “La verdad según [Carrouges/Le Gris/Marguerite]”. Los tres protagonistas de la película son magníficos, y cada uno de ellos realiza una interpretación cuidadosamente diferenciada. El duelo en sí mismo es brutal y absolutamente apasionante. El guion es hábil a la hora de recontextualizar los acontecimientos, omitiendo cuidadosamente escenas que podrían haber corroborado o contradicho partes de los relatos de otros personajes.

Sin embargo, no hay equívocos en cuanto a la violencia sexual en su centro: en su mensaje moral, The Last Duel es fuerte e inequívoco. Sin embargo, esta película brillante y orientada a los adultos ha recuperado menos de un tercio de su presupuesto de US$100 millones (£75 millones) desde su estreno en octubre. Es uno de los mayores fracasos de la carrera de Scott.

Aquellos que defendieron la película han analizado el fracaso en las redes sociales, y muchos sugieren que la campaña de marketing de Disney fue la culpable. (The Last Duel fue aprobada por Fox antes de que el estudio se fusionara con Disney en 2019; algunos afirmaron que la temática adulta de la película habría estado en desacuerdo con la marca Disney). La gente afirmaba que muy poca gente estaba informada de lo que trataba la película, o que incluso existía. En declaraciones a Marc Maron en el podcast WTF esta semana, Scott respaldó estridentemente al estudio, afirmando que Disney “hizo un fantástico trabajo de promoción”, y que “a los jefes les encantó la película”, a pesar de su preocupación de que “no era para ellos”. En cambio, Scott culpó directamente a los millennials. “Creo que a lo que se reduce”, dijo, “lo que tenemos hoy en día, [es] el público que se ha criado con estos malditos celulares. Los millennials no quieren que se les enseñe nada a menos que se lo digan en un teléfono”.

Hay muchos agujeros en esta noción ligeramente incoherente; entre ellos, el hecho de que “millennial” no es el sinónimo de joven poseído y adicto a la tecnología que solía ser. Los millennials más jóvenes tienen casi veinte años. Los más mayores tienen ya 40 años. Los millennials ya no son tu sobrino hipster; son tu tía cursi. Es más, los millennials también han sido algunos de los defensores más ruidosos de The Last Duel en las redes sociales; en todo caso, son exactamente aquellos con los que esta película influenciada por el #MeToo resonó con más fuerza.

Las verdaderas razones de la muerte en taquilla de The Last Duel son, con toda probabilidad, mucho más banales. Está la pandemia, por un lado, de la que la industria del cine aún no se ha recuperado del todo. Y, aunque es cierto que mucha gente evitó el estreno en cines para esperar su pronta llegada en Disney Plus (la próxima semana), los dramas medievales no son precisamente un género en auge en estos momentos. Además, la temática sexualmente violenta de la película iba a desanimar a algunos.

También, The Last Duel fue calificada como “18” por la BBFC (“R” en EE.UU.), algo que tiende a poner un techo a la viabilidad comercial de cualquier película. Además, se estrenó la misma semana que la última entrega de la franquicia de slasher Halloween Kills y la secuela de Venom. Además, está el hecho ineludible de que No Time to Die llegó a los cines apenas dos semanas antes y seguía acaparando las pantallas de todo el mundo; Dune se estrenó una semana después. La idea de que una epopeya de US$100 millones de Scott y Damon fuera incapaz de obligar a más de un par de proyecciones al día en un multicine parece inconcebible, pero dada la competencia, ese fue, en muchos lugares, el caso.

No obstante, sería erróneo descartar por completo el comentario de Scott sobre los millennials como un simple momento de “un viejo grita a la nube”; quizás haya algo de verdad en el hecho de que las generaciones más jóvenes no están comprando lo que él vende. Algunos críticos y comentaristas de las redes sociales criticaron la representación de la violación en la película, y cuestionaron la prerrogativa de Scott de contar una historia así (cabe señalar que la película fue escrita por Damon, Ben Affleck y Nicole Holofcener). Yo diría que este es un tipo específico de lectura de mala fe de una película que es particularmente frecuente entre los millennials en línea. En este caso, es una lectura que no reconoce adecuadamente la contribución de Holofcener, y que disminuye la sensibilidad progresista de la propia obra de Scott, que incluye Alien y Thelma & Louise.

Ayer se estrenó otra película de Scott: la película biográfica de moda maximalista House of Gucci. Lo sepa él o no, es una película que lleva escrito “millennial” por todas partes, desde el reparto de Lady Gaga hasta la premisa del crimen real, pasando por la forma en que su mero tráiler fue inmediatamente descompuesto y regurgitado en memes de Twitter. Tal vez Scott tenga el pulso de la Generación Y más de lo que parece. Pero cuando haces una película tan buena y sustancial como The Last Duel, y apenas nadie va a verla, tienes derecho a estar molesto. Esa es la verdad según Ridley Scott.

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