Los nuevos ricos del fútbol hacen que la vieja guardia luzca atribulada

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Soccer Football - Champions League - Quarter Final - Atalanta v Paris St Germain - Estadio da Luz, Lisbon, Portugal - August 12, 2020  Paris St Germain's Neymar and Kylian Mbappe celebrate their second goal, as play resumes behind closed doors following the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19)  David Ramos/Pool via REUTERS     TPX IMAGES OF THE DAY
Soccer Football - Champions League - Quarter Final - Atalanta v Paris St Germain - Estadio da Luz, Lisbon, Portugal - August 12, 2020 Paris St Germain's Neymar and Kylian Mbappe celebrate their second goal, as play resumes behind closed doors following the outbreak of the coronavirus disease (COVID-19) David Ramos/Pool via REUTERS TPX IMAGES OF THE DAY

La final de la Liga de Campeones de la temporada pasada fue una señal. Los tratos del mercado de transferencias veraniegas del fútbol europeo —el cual cerró esta semana— fueron otra. La vieja guardia del continente está en retirada y, en su lugar, se ha establecido una nueva élite llena de dinero en efectivo.

En un mercado maltratado por los efectos persistentes de la pandemia de la covid-19, solo los equipos con el respaldo de los superricos del mundo han tenido la libertad de comerciar este año, llenando sus planteles de por sí rechonchos con la crema y nata del talento deportivo. En contraste, muchos de los pesos pesados tradicionales tuvieron dificultades para realizar ventas que equilibraran sus finanzas sobrecargadas por las pérdidas y las grandes deudas.

El Chelsea, el ganador de la Liga de Campeones que es respaldado por un oligarca ruso, gastó 135 millones de dólares para arrebatar a Romelu Lukaku de las manos del campeón italiano de la temporada pasada, el Inter de Milán, cuyas finanzas no le permitían rechazar una venta récord para el club. El otro finalista de la Liga de Campeones, el Manchester City, es propiedad del hermano de la familia que está en el poder de los Emiratos Árabes Unidos. No le costó nada alcanzar la cifra récord de 100 millones de libras (138 millones de dólares) para reclutar a Jack Grealish, un mediocampista ofensivo muy habilidoso del Aston Villa, no porque lo necesitara especialmente, sino porque podía hacer el fichaje. Unas semanas después, el City habría vuelto a destrozar ese récord si el Tottenham no se hubiera resistido a sus insinuaciones por el capitán de la selección inglesa, Harry Kane.

En Francia, el París Saint-Germain, propiedad de los gobernantes de Catar, realizó las contrataciones más llamativas. Después de que el Real Madrid le dijo a su capitán Sergio Ramos que no podía cumplir sus demandas para un nuevo contrato, el PSG le dijo que por supuesto que sí podía. Otros jugadores de élite a los que sus clubes anteriores no tuvieron el dinero para renovarles los contratos —el arquero ganador de la Eurocopa, el italiano Gianluigi Donnarumma; el capitán neerlandés Georginio Wijnaldum— también se subieron a bordo antes de que el PSG sentara un precedente con el fichaje más grande de todos: la adquisición de Lionel Messi del Barcelona, por mucho el ejemplo más claro de cuánto ha cambiado el juego.

El PSG hizo el fichaje más grande de todos: la adquisición de <a href="https://espanol.yahoo.com/topics/Messi" data-ylk="slk:Lionel Messi" class="link rapid-noclick-resp">Lionel Messi</a> del Barcelona. (Foto: Reuters)
El PSG hizo el fichaje más grande de todos: la adquisición de Lionel Messi del Barcelona. (Foto: Reuters)

Luego, el PSG exaltó su poder en un acuerdo que no ocurrió. El Real Madrid, que es el equipo más exitoso en la historia de Europa y que también es una organización que durante mucho tiempo se ha acostumbrado a salirse con la suya, se enteró a la mala de que el PSG juega con reglas distintas. El Real Madrid realizó dos ofertas oficiales, la segunda por una cantidad que habría equivalido al segundo precio más alto pagado por un jugador en la historia, cuando buscó sacar del PSG a Kylian Mbappé, el delantero francés de 22 años. Ni siquiera obtuvo una respuesta. Esto desafió la ortodoxia del fútbol, según la cual los clubes suelen hacer el intento de aprovechar a jugadores que entran al último año de sus contratos, como Mbappé, en vez de perderlos gratis un año después.

“No es una maniobra inteligente, pero es una demostración de poder”, opinó Rodri Baster, el fundador de Promoesport, una de las agencias de jugadores más importantes de España. “Es claro que el PSG demostró que el dinero no es un problema. Si yo estuviera en la situación del dueño del PSG, habría hecho lo mismo. Si tengo suficiente dinero y no necesito más, habría golpeado la mesa con el puño como él lo hizo y habría dicho que no”.

El resultado es que el PSG tiene una de las líneas ofensivas más temibles que se hayan armado, al sumar a Messi, mantener a Mbappé y juntarlos con Neymar, el jugador que se convirtió en la contratación más cara del mundo cuando el PSG lo reclutó en 2017 por 263 millones de dólares.

En cuanto al Barcelona, pasó meses involucrado en la venta de inventario más grande de su historia. Incapacitado por una crisis financiera, con pérdidas para este año que superarán los 500 millones de dólares, la gerencia del equipo intentó deshacerse de jugadores como si sacara agua de un crucero que se está hundiendo. El ejemplo más claro del caos en el que está el club llegó el día final: el Barcelona permitió que Antoine Griezmann se volviera a sumar a su equipo anterior, el Atlético de Madrid, a préstamo. Tan solo hace dos años, le pagó al Atlético, un rival por el título español, 140 millones de dólares por Griezmann.

La Juventus, el equipo más exitoso de Italia, recurrió a métodos curiosos para reclutar a Manuel Locatelli, un mediocampista que hizo señales de su arribo al escenario mundial con una serie de presentaciones impresionantes en la Euro 2020. Los dos primeros años de su contrato, la Juventus no le pagará nada a su club anterior, el Sassuolo, y tan solo el tercer año comenzará a cubrir partes de la tarifa, la cual podría ascender a 44 millones de dólares.

No obstante, el fichaje más importante que necesitaba la Juventus para apretarse el cinturón llegó los últimos días del mercado de transferencias, cuando Cristiano Ronaldo —el delantero estrella de Portugal que, durante buena parte de la última década, ha intercambiado con Messi el elogio de ser el mejor jugador del mundo— fue transferido a su antiguo equipo, el Manchester United, por 15 millones de euros (18 millones de dólares). Tres años antes, la Juventus había pagado 100 millones de euros por él.

Cristiano Ronaldo, el delantero estrella de Portugal que, durante buena parte de la última década, ha intercambiado con Messi el elogio de ser el mejor jugador del mundo, fue transferido a su antiguo equipo, el Manchester United. (Foto: Reuters)
Cristiano Ronaldo, el delantero estrella de Portugal que, durante buena parte de la última década, ha intercambiado con Messi el elogio de ser el mejor jugador del mundo, fue transferido a su antiguo equipo, el Manchester United. (Foto: Reuters)

En Inglaterra, el gasto fue enorme en comparación con lo que pudieron manejar todos los clubes, menos un puñado. Según la firma de contabilidad Deloitte, el gasto neto de 776 millones de dólares que realizaron este año los equipos de la Liga Premier fue diez veces superior al de Italia y España, donde el objetivo en esencia se centró en vender… al precio que fuera.

Tal vez esto dejé más clara la fortaleza de la Liga Premier: tres equipos que acaban de ascender de la segunda división —el Brentford, el Norwich y el Watford— gastaron más que los tres clubes más grandes de La Liga: el Real Madrid, el Barcelona y el Atlético.

© 2021 The New York Times Company

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