Ricardo Gareca, el entrenador que hizo historia en Perú y se marchó como héroe

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Ricardo Gareca en el Mundial Rusia 2018. REUTERS/Marcos Brindicci
Ricardo Gareca en el Mundial Rusia 2018. REUTERS/Marcos Brindicci

36 años es mucho tiempo. Perú lo sabía. Ocho mundiales vistos por televisión. No había nadie capaz de romper esa maldición. Hasta que llegó Ricardo Gareca, un entrenador de prestigio incuestionable, pero con reflectores insuficientes para alcanzar el grado de celebridad. El 'Tigre' fraguó su misión en silencio. Paso a paso. Contra la historia y los dogmas. Y nada le falló. Siete años después, Gareca se marcha de la selección inca reverenciado como héroe nacional.

El proyecto comenzó en 2015. Los directivos peruanos se cansaron de tantos fracasos y buscaron a un entrenador que les diera identidad, buen juego y, quizá, resultados. Porque ellos, los resultados, siempre llegan después de los dos primeros. Gareca nunca ha sido proclive al encandilamiento verbal. No vende humo, dicho de otro modo. Es un peón con mentalidad de rey. Su primera encomienda, la Copa América 2015, se saldó con un honroso tercer lugar. Nada mal, pero esas mieles ya las había probado Perú en 2011.

El reto estaba en otro lado contra los mismos rivales. La añoranza por Cubillas y el tormento de millones de peruanos durante casi cuatro décadas enteras: ¿por qué antes se podía y ahora no?, ¿qué se requería para ir a un maldito Mundial? Gareca encendió la lámpara de luz que necesitaban Guerrero, Cueva, Farfán, Advíncula, Tapia y compañía. Nunca han escaseado los buenos jugadores en Perú. Pero algo fallaba ineludiblemente. Quizá, a la luz de los hechos, hacía falta un jerarca capaz de darle sentido al talento, de encauzar egos y pensamientos en favor del bien común.

Dicho así, parece fácil recuperar la ilusión de un país. Pero el 'Tigre' y sus muchachos lo hicieron en tiempo récord. Menos de tres años bastaron para manufacturar la realidad que antes era anhelo. El 15 de noviembre de 2017, cuando Christian Cueva recibió el balón por la izquierda a los 28 minutos en el Nacional de Lima, la obra del insurgente argentino alcanzó la cumbre. 'Cuevita' retardó la jugada, atrajo a dos neozelandeses advenedizos y esperó a Jefferson Farfán. El malquerido ídolo reventó el arco y encerró a los fantasmas. En el complemento, el zaguero Christian Ramos escribió el epílogo de lo perfecto. Perú al Mundial. No era broma.

Ya en Rusia 2018 perdieron contra Francia y Dinamarca. Le ganaron a Australia —que se tomó una tardía venganza el mes pasado—. Nadie quedó contento, empezando por Gareca. Pero aún así: cómo reprocharle algo, cómo criticarlo si consiguió lo que era imposible. Un año más tarde, en la Copa América 2019, Perú redimió su pasado venciendo a su archienemigo, Chile, con goleada incluida (3-0). En la Final, cayeron contra Brasil por 2-1. El oro no era para ellos, pero con el 'Tigre' al mando había una certeza: estaban entre las mejores selecciones del continente.

Y se les miraba con respeto. A Gareca no le gustaba especular, pero trasladaba a su equipo un sentido de la intuición para detectar cuándo convenía tener protagonismo y cuándo era mejor esperar al rival. Su equipo lo mismo podía elaborar juego en mediocampo y aprovechar a sus velocistas que buscar a Paolo Guerrero (más tarde, Lapadula) en largo para que el 'Depredador' ganara balones aéreos. Rumbo a Qatar 2022, cosecharon otro podio en la Copa América 2021 y quedaron quintos en las Eliminatorias con polémica de por medio: la tecnología les negó un gol en la línea contra Uruguay.

El final no estuvo a la altura de la historia. Perú perdió el pasaje qatarí contra Australia y qué. Gareca y su grandeza se explican por los intangibles. En siete años no coleccionó ningún trofeo. Y así se marcha por la puerta grande, entre aplausos y lágrimas. Nada puede valer más que eso. Si el presente es justo con su legado, ojalá el futuro también lo sea. Es lo que merece el hombre que cambió la historia futbolística de un país entero.

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