La rica heredera asesinada por un payaso con pata de palo

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La ficción literaria y cinematográfica está llena de historias de crimen y misterio en las que el asesino se esconde tras una máscara o cara pintada de payaso (un gran experto en utilizar este tipo recursos para algunos de sus personajes es el célebre escritor Stephen King).

En 1912 la joven y rica heredera Sophia Singer fue asesinada por un payaso con una pata de palo  (imagen vía newspapers)
En 1912 la joven y rica heredera Sophia Singer fue asesinada por un payaso con una pata de palo (imagen vía newspapers)

Lo curioso surge cuando la realidad supera la ficción y en un caso de asesinato el autor del mismo es una persona que se dedica profesionalmente al mundo del circo y trabaja como payaso.

Esto es lo que sucedió hace poco más de un siglo (concretamente en octubre de 1912) en el que Charles Conway (realmente se apellidaba Cramer) decidió a asesinar a una joven y rica heredera, llamada Sophia Singer, que se acababa de llegar a Chicago, desde Baltimore, junto a su prometido y que habían ido a vivir provisionalmente a una habitación de una casa de huéspedes (mientras encontraban el hogar perfecto para adquirir).

Charles Conway se hospedaba también allí junto a su esposa Louisa y ambos eran artistas circenses (ella era domadora y él payaso), siendo una de las peculiaridades de aquel individuo que tenía una pata de palo en lugar de pierna, ya que se la habían amputado hacía unos años tras sufrir un accidente laboral en el circo donde trabajaba.

Los Conway entablaron rápidamente amistad con Sophia Singer y su prometido Will Worthen, animando a la joven pareja a que invirtieran su dinero en adquirir una casa lo suficiente grande para ir a vivir los cuatro juntos.

Parecía que entre las dos parejas había surgido una profunda amistad y que la idea de compartir vivienda podía ser un buen plan. Pero algo se torció en aquella relación pocas semanas después, cuando Sophia Singer decidió cambiar de opinión y regresar a vivir a su Baltimore natal.

Una tarde, cuando Will Worthen regresó a la casa de huéspedes (tras ir a realizar unas apuestas, ya que era aficionado al juego), vio que no podía acceder a la habitación, estando la puerta atrancada y el ojo de la cerradura con algo dentro que imposibilitaba poder meter la llave y abrir, por lo que decidió echarla abajo y encontrando a su prometida muerta en el suelo, asomando sus pies por debajo de la cama.

Sophia presentaba signos de violencia y una cuerda (de tender la ropa) estaba alrededor de su cuello, debido a que había sido estrangulada con esta. Faltaba el dinero y las joyas de la joven y tras las convenientes investigaciones por parte de la policía, se pudo localizar y detener al matrimonio Conway (Cramer) en una pequeña población del Estado de Ohio.

El juicio empezó en marzo de 1913 y tuvo tal repercusión mediática que los periódicos llevaron la noticia en portada, por delante de la toma de posesión del vigésimo octavo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson.

Aunque en un principio tanto Charles como Louisa Cramer se habían declarado culpables del asesinato, tras haber sido apresados, posteriormente negaron tal declaración, aludiendo que la habían hecho tras haber sido torturados por la policía.

A pesar de ello, el tribunal decidió declararlos culpables del crimen, condenando a Charles a cadena perpetua (en lugar de la pena capital de horca que solicitaba el fiscal) y Louisa a 14 años de prisión (de los que cumpliría tan solo uno).

Según consta, Charles Cramer (Conway) logró huir de prisión en 1925 y nada más se supo de él ni de su esposa.

Tras su fuga algunos periodistas quisieron indagar sobre este personaje y su vida pasada, antes de haber acabado con la vida de Sophia Singer y se encontraron que, en 1908, la prensa de Michigan había informado del extraño asesinato de una joven llamada Frances Thompson, nunca se pudo encontrar al asesino (en un principio se acusó a un tal Luman Mann que acabó siendo absuelto por el tribunal que lo juzgó por falta de pruebas). Lo más extraño de ese caso es que, durante el juicio, el padre del acusado recibió una nota anónima en la que le indicaban que si quería encontrar al verdadero asesino y demostrar la inocencia de su hijo debía encontrar a un payaso que tenía una pata de palo. A pesar de tal coincidencia, nunca se relacionó ambos casos.

Fuentes de consulta e imagen: mysteriouschicago / knowledgenuts / chicagotribune / newspapers

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