Rey Mysterio, la leyenda mexicana de la WWE que es imposible de odiar

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Rey Mysterio posee 33 años de carrera en la lucha libre profesional. Ha competido en México, Estados Unidos y Japón. (Chris Pizzello/Invision/AP)
Rey Mysterio posee 33 años de carrera en la lucha libre profesional. Ha competido en México, Estados Unidos y Japón. (Chris Pizzello/Invision/AP)

Rey Mysterio es el luchador latino más popular en el mundo, una leyenda ineludible de México en el deporte-espectáculo. A su vez, el enmascarado más prestigioso de la WWE y uno de los gladiadores más respetados del pancracio. No existe capital de la lucha libre donde no haya resaltado sobre la lona. Desde joven ya daba indicios de romper con los estándares de la disciplina. Hoy, a sus 47 años, sigue siendo tan querido y aclamado como cuando tenía 14.

Refuerza su habilidad dentro del cuadrilátero con una sonrisa inquebrantable. Es el superhéroe por excelencia de los encordados, cuyo carisma lo vuelve imposible de odiar. El modelo de la bondad que nunca se ha decantado por la malicia. El personaje que, aún en condiciones desiguales, superó las peores adversidades. Y es que, ¿Quién tendría argumentos para desafiar a la estrella que deleita mientras vuela? La presencia de su máscara en los coliseos no conoce de edades.

Rey Mysterio convive con niños en una escuela de Mumbai, India durante 2007. (AP Photo/Rajesh Nirgude)
Rey Mysterio convive con niños en una escuela de Mumbai, India durante 2007. (AP Photo/Rajesh Nirgude)

A partir de 1989, encarnó al underdog definitivo. Aún en su adolescencia comenzó a practicar los fundamentos del combate en el gimnasio de su tío Rey Misterio Sr., en Tijuana. Dado que era muy delgado y ágil, su pariente lo introdujo al circuito profesional como El Colibrí. La intención del veterano consistía en que, una vez listo para cumplir con la encomienda, su sobrino recibiera el espaldarazo. Entonces, lucharía bajo el alias que distinguió el legado de su familia.

“Quiero que Colibrí se foguee más. Tiene la experiencia suficiente, debe tener más peso. Mi promesa fue que él debe seguir con la tradición. No quiero que el nombre de Rey Misterio termine aquí. Aunque yo termine mi carrera, quiero que él la siga haciendo”, aseguró en 1990. El tiempo puso todo en su lugar. El prospecto demostró que el talento va más allá del físico. Tres años después de su primera aparición, se convirtió en una realidad de la escena nacional como la versión júnior de su familiar.

Misterio Jr. luchaba a un ritmo distinto a la época. Sus cualidades lo hacían más veloz que el resto. No sobrepasaba los 1.70 metros, tampoco los 80 kilos, pero su creatividad entre los aires no tenía límites. Una vieja conexión del pasado modificó su devenir. Konnan, gladiador cubano al que conoció mientras entrenaba con su tío, lo recomendó en la naciente empresa Lucha Libre Triple A. Era un elemento tan auténtico que no podía pasar desapercibido por los reflectores.

Así inició su escalada. Despegó de la mano de compañeros como Psicosis, Juventud Guerrera, Heavy Metal y Latin Lover. Rey Misterio Sr. lo apoyó como dupla ocasional. No obstante, en 1995, un nuevo respaldo de Konnan lo condujo hacia Estados Unidos. Estaba destinado al éxito. Arribó a las filas de la Extreme Championship Wrestling (ECW), sólo que su hito se gestó en la World Championship Wrestling (WCW).

Pronto sufrió una modificación en su nombre: dejó el término en español "misterio" para adaptarlo al inglés. Cambió la "i" inicial por la "y". Sin embargo, no se olvidó de su carácter de junior. De ahí que pasó a ser anunciado como Rey Mysterio Jr. Este no solía ser emparejado con tipos mucho más altos y pesados que él; aquellos que a menudo ocupaban los sitios estelares. En su lugar, se apropió del suspiro de la grada a base de empeño.

Era alguien especial, el brío debía de llegar. Junto a Psicosis y Juventud Guerrera, con los que ya había trabajado en Triple A, al igual que con atletas del calibre de Dean Malenko y su eventual mejor amigo Eddie Guerrero, forjaron la división de peso crucero como un diferenciador internacional. Los luchadores de menos de 100 kilos también podían enaltecer a la industria.

Su máscara cayó frente a dos gigantes del momento: Kevin Nash y Scott Hall, miembros de la New World Order (NWO), el concepto más valioso de finales de la década. El ídolo se destapó, su expresión facial por fin relucía entre las cámaras. Luego de que la WCW desapareciera en 2001, retornó al territorio nacional para pelear en la Arena México. Respetó lo que perdió en el ring, se mostró sin su tapa.

WWE tocó a su puerta en 2002, mas no contaba con un pedido singular: tendría que volver a enmascararse. El resto es historia. Desde su debut, la promotora estadounidense lo presentó con otra variación en su alias: Rey Mysterio, como se le conoce hasta la fecha. En México el origen interesa. Pero, en su exposición global, debía guardar el recuerdo para resplandecer.

El fallecimiento de su colega Eddie Guerrero, en 2005, le destrozó el alma. La memoria del apodado como Latino Heat lo proyectó en solitario. Era el sucesor indicado. Capturó tres campeonatos mundiales, acabó con rivales de mayor tonelaje, vino de atrás para tumbar las probabilidades. Encumbró su epopeya. Para la World Wrestling Entertainment, julio es el mes del monarca: su estandarte más preciado en el mercado hispano.

El retiro está cerca, aunque él continúa enfocado en establecer a la siguiente generación de los Mysterio. Hasta que eso suceda, se alejará de la lucha libre. Prepara a su hijo Dominik tal como una vez lo impulsó su tío. Anhela que porte el símbolo que se encargó de extender a lo largo del globo terráqueo. En el marco de su celebración, su heredero podría traicionarlo con tal de adherirse al bando rudo. Y el hecho no afectaría su estatus, la empatía ratificaría la premisa que lo identifica: no hay forma humana de aborrecer a Rey Mysterio.

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